Masculino sagrado, la esencia.

Os comparto este texto sobre el masculino sagrado que me acabo de encontrar.

“La esencia masculina sagrada

Todos los hombres tienen la esencia del verdadero masculino, una esencia tan profunda y poderosa, tan pura y protectora, que envuelve a toda la tierra en la seguridad de sus brazos. Es la cualidad sobre la que se ha escrito desde tiempos antiguos, en todos los mitos a través de las eras – es la esencia del héroe.

Este héroe es un hombre humano, sin superpoderes, excepto por su corazón puro, su integridad, su sabiduría y valentía, y el código de honor grabado en su propio ser.

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Enfrentamiento de género.

Esta semana me he puesto delante un montón de… ¿Cómo llamarlo? “Odio” es demasiado fuerte. “Enfrentamiento” es la palabra que más se acerca. Enfrentamiento de género. Desde el autobús naranja de marras que todos conocéis, hasta un video en el que una mujer culpaba a los hombres de la violencia de género y les exigía que, ya que ellos la generan, que lo arreglen entonces ellos.

Para mí todo esto es un síntoma. Un síntoma de un rechazo generalizado hacia lo femenino. No se le considera ni se le tiene en cuenta. Y esto se personaliza en la mujer, que es quien lo encarna en este momento.

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¿Cómo se mide el crecimiento o desarrollo personal?

Se supone que “El Bosque Mágico de Ávalon” es un lugar dedicado al crecimiento o desarrollo personal, desde la creatividad y el juego. (Al menos es lo que siempre digo cuando intento describir de qué va este proyecto).

Pero ¿cómo se mide el crecimiento/desarrollo personal?  Llevo semanas dándole vueltas a ese tema.

También llevo meses leyendo blogs de emprendimiento y he visto que, en casos como este, los expertos siempre recomiendan acudir a personas que tengan cierto grado de “autoridad” en la materia.

Por una vez en mi vida, he decido hacer caso a los expertos y he preguntado a la que, para mí, es la mayor la experta en materia de crecimiento.

¡¡ Y me ha contestado !!

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La Sonrisa de la Vida.

La Sonrisa de la Vida es un curso de Realización personal.

Un taller muy especial, fruto de toda la experiencia y sabiduría acumuladas por Benito Pérez a lo largo de los últimos años.

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¿Para qué sirve este curso de “La Sonrisa de la Vida”?

Déjame hacerte un par de preguntas muy sencillas:

  1. ¿Tienes al menos un objetivo posible en tu vida que quieras conseguir?
  2. ¿Estarías dispuesto a dedicar un solo día de este año (24 horas) para alcanzar ese objetivo?

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Reconectando con la vida.

Estamos ya en febrero, hemos pasado la fiesta de Imbolc y la primavera se acerca.  Con ella, la Pascua de resurrección.

Y yo siento que estoy volviendo a la vida después de unos cuantos años de letargo total.  Me he despertado a fuerza de guitarrazo y baquetazo, gracias a esta monumental versión del “smell like teen spirit” de Nirvana.

Han hecho falta mil músicos pirados, entregados y conectados, pero ha surtido efecto.

Receptividad versus exigencia.

Hoy, en “femenino revenío” hablaremos de “receptividad versus exigencia”.  (A veces me siento como Coco en Barrio Sésamo).

Una de las cualidades típicas de lo femenino es la receptividad.  Insisto “güanmortaim”: cuando hablo de “femenino” no estoy hablando sólo de las mujeres.  “Femenino” y receptivo tenemos todos.  Y, cuando esa cualidad se “reviene”, pasamos a su cara B: la exigencia.

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¡Y una leche, libres!

Reconozco que me engorilo mucho a veces.  Y que, cuando me toco las narices a través del prójimo, muchas veces me sale esta vena “Bruce Lee yendo al baño” porque me doy cuenta de que no soy nada libre.  Pero nada de nada.  ¿Libre?  ¡Y una, leche, libre!

(Mira que he visto veces este doblaje de Bruce Lee de “El Informal”, pero lo de “¡una leche corten!” siempre me hace reír).

Esta vez el detonante ha sido la vestimenta de hombres y mujeres, a raíz de las campanadas de Nochevieja y las posteriores críticas al vestido de “la Predroche”.

Si me fijo, en los programas de TV más “informales”, los hombres pueden salir con camiseta o camisa y unos vaqueros, con un look bastante natural: el maquillaje justo para no dar brillo en cámara y calculadamente despeinados, muy monos ellos.  Pero las mujeres tienen que salir con tacones imposibles y pintadas como puertas.  Y, si no pasan por ese aro…  ¿Qué pasa si no pasan por ese aro?  Que no salen.  Tan fácil como eso.

Eso no es igualitario, al menos desde mi punto de vista.

El día en que un hombre pueda salir a presentar las campanadas con un traje de lentejuelas y la mujer con traje chaqueta, a lo mejor seremos libres;  no ya iguales, sino libres.  Libres de ponernos lo que nos dé la santísima gana.  Libres de no tener que pasar dos horas por chapa y pintura porque si no, nos estamos presentables ni “arregladas”.  ¿Acaso estamos rotas que tenemos que “arreglarnos” para salir a escena?  Libres de no tener que sufrir la tortura de unos tacones ni la incomodidad de ciertas indumentarias.

El día que salgan “un Pedroche” y “una Chicote” a dar las campanadas, habremos superado un poco más la diferencia de género que todavía está grabada a fuego en nuestra cultura y en nuestra creencia.

No es lógico que un hombre tenga que ir a una boda en agosto con camisa, chaqueta y corbata, cuando están cayendo cuarenta grados a la sombra.  Ni tampoco que una mujer tenga que ir a una fiesta de cotillón en minifalda y tirantitos mientras cae una helada del quince.

¿Libres?  ¡Y una leche, libres!  Estamos tan condicionados que ni lo vemos.

Las serpientes del logo

Os quiero contar el porqué de las serpientes del logo de El Bosque Mágico.

De paso, os felicito el solsticio.

Y como colofón, voy practicando con la webcam que me acabo de instalar para poder atenderos por skype si es menester…  😉  La calidad es un poco cutre de momento, sorry, pero por algo hay que empezar.

Cuando creas un proyecto, tienes que darle un nombre.  Es como cuando nos dan nombre a nosotros: con ese nombre reconoces que el proyecto “ha nacido”.  En el caso de “empresas” y similares, además del nombre necesitas darle un logotipo; un logo (“letras que representan el nombre de una empresa” en su etimología) para utilizar como imagen de perfil en las redes sociales, en las tarjetas de visita, etc.

No se me ocurría nada.

Pero nada de nada.

Una noche, con los Registros abiertos, me vinieron las serpientes “a visitar”, empecé a buscar imágenes con serpientes en internet y me acabé decantando por el Auryn que ahora mismo aparece como distintivo del Bosque Mágico.

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Fue una elección por pura resonancia, sin lógica aparente.  Pero después ha ido tomando sentido.

Resueno muchísimo con las serpientes como símbolo, son muy avaloneras.  En el libro “Las Nieblas de Ávalon” los iniciados en la isla de cristal se reconocían por las serpientes tatuadas en las muñecas.

Crecimiento personal y relación femenino-masculino.

Representan para mí la energía (se mueven como la típica onda electromagnética, de forma sinusoidal) y el crecimiento (deben dejar su piel atrás para crecer).  Entre otras cosas.

Y, dentro de esos dos significados, en el Auryn tenemos dos serpientes: una dorada, a la derecha y otra plateada, a la izquierda.

Para mí, la serpiente dorada significa la energía masculina, solar, ascendente (y en la parte derecha); y la serpiente plateada significa la energía femenina, lunar, descendente (en la parte izquierda).

Ambas entrelazadas y surgiendo la una de la otra (o engulléndose la una a la otra).  Es algo parecido al famoso símbolo yin/yang pero en versión serpentil.  😉

Rematando la jugada, sus cuerpos esbozan el símbolo del infinito y, a la vez, todo parece contenido en un círculo.

¿Se puede pedir más?  Es perfecto para simbolizar una de las misiones de este Bosque Mágico, orientada a la sanación de la relación entre masculino y femenino.

 

Cárcel autoimpuesta.

Hablar de cárcel autoimpuesta puede parecer absurdo, pero para mí no lo es.  Para mí es algo real. Muy real.  Porque yo llevo mucho tiempo viviendo en ella. De hecho, aún “sufro” condena.

/Modo confesión ON.

Mi propia cárcel autoimpuesta.

Me he dado cuenta de que yo soy las dos cosas: soy presa y carcelera.  De hecho, soy mi propia carcelera: no me dejo ser, no me dejo brillar… No me dejo VIVIR.

Seguramente esta situación pueda tener mil traducciones, pero mi subconsciente es así de friki y así es como me ha representado la situación, incluso en alguna Lectura de Registros Akáshicos.  Yo soy mi propia funcionaria de prisiones y mantengo a una parte de mí misma prisionera.

Y no soy cualquier carcelera, no… Soy especialmente cruel conmigo.  Como si me tuviera a mí misma retenida en un campo de concentración nazi.

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Cuando hay un conato de rebelión o un plan de fuga por parte de la encarcelada, la carcelera aplica un correctivo.  Normalmente este correctivo adopta la forma de autoboicot: un enorme, rotundo y desesperanzador “te lo dije, no lo conseguirás, no te vas a escapar, no vas a cambiar”.  ¿Te suena?

Realmente no sé qué delito cometí para condenarme a mí misma a este arresto domiciliario que dura ya más de la cuenta, pero el caso es que me condené y me encadené a mí misma y así sigo.  Lo he visto un montón de veces cuando he profundizado en mi subconsciente.

Probablemente a la gente “normal”, que disfruta de la vida, la goza y la adora, a esa gente positiva que tira para delante con lo que sea y que puede con todo, le suene a chino lo que estoy contando.  Pero a lo mejor tú eres también de los que tiene a una parte de sí mismo encarcelada.  Encarcelada y “hasta las pelotas” (permitidme la expresión).  A lo mejor sólo en una faceta casi insignificante de vuestra vida.  O a lo mejor, como yo, en unas cuantas y no precisamente insignificantes.

¿Cómo saber si tienes una cárcel autoimpuesta?

Seguramente sólo al leerme ya lo estarás reconociendo.  Si no lo has hecho, te dejo esto que escribí el otro día desde mis Registros Akáshicos:

“A veces sentimos que somos prisioneros de algo que no nos deja avanzar. Encadenados a un muro invisible. Rodeados por paredes fantasmas. Incapaces de movernos, presos de la parálisis, sin poder ni caminar.

Muy probablemente la causa no sea real sino una creencia limitante o algún miedo. A salir de la zona de confort, a cambiar, a lo desconocido que podemos encontrarnos… Y, o bien nos paralizamos, o bien nos estancamos en una rutina suicida, haciendo lo mismo una y otra vez, una y otra vez, uno y otra vez. Dándonos todo el rato de cabezazos contra una misma pared.

Esta situación acaba produciendo desánimo, depresión y desesperación en quien la padece.  Hasta el punto de no ser capaz de ver más allá.  La miopía se acrecienta, la visión se reduce.  Y nos cansamos de luchar.

La Tristeza y la apatía hacen mella en nosotros y nos abandonamos, perdida toda esperanza.

Cualquier intento de salir de esta situación termina resultando infructuoso y sólo genera más desesperación y más dolor.

Esperamos que algo o alguien nos eche una mano, que nos saque del pozo, y no nos damos cuenta de que, en realidad, no nos estamos dejando ayudar.  Que somos nostros los únicos que podemos liberarnos porque fuimos nosotros los que nos metimos en prisión en primer lugar.”

O a lo mejor te viene a la mente alguien a quien le cuadra esto perfectamente.  Si es así, por favor, envíale este artículo.

¿Para qué?

A lo largo de la historia no sólo se ha encerrado a psicópatas, asesinos y malhechores; también muchas buenas almas han acabado en prisión.  Por envidia, porque estorbaban a los intereses de otros, por miedo a lo diferente, o incluso para proteger un secreto, como en “el hombre de la máscara de hierro”.

Los manicomios han hecho también las veces de prisiones; “protegiendo” a la sociedad de personas perturbadas que podían dañar a otros, sí.  Pero en muchas ocasiones, simplemente “retirando de la circulación” a personas incómodas, por sus cualidades o puntos de vista exóticos, incomprendidos, poco usuales, o incluso a genios.

Los muros de las prisiones protegen a los que están fuera de los que están dentro; pero también a los que están dentro de lo que está afuera (esa variable también hay que tenerla en cuenta).  Y da igual que la amenaza sea real o imaginaria; el subconsciente no entiende esas diferencias.

Puede que en algún momento de tus existencias tuvieras una experiencia traumática (o varias).  Puede que esas experiencias te llevaran a deducir y decidir que, sólo por ser como eras, resultabas un peligro para la humanidad o para aquellos a los que amabas. O tal vez que, mostrándote tal y como eras, sólo generabas conflictos, envidias, incomprensión, rechazo e incluso muerte.

La reclusión no sólo aisla elementos peligrosos de la sociedad para que no lastimen a nadie (asesinos, violadores, psicópatas varios).  También sirve para ocultar lo deforme o lo feo (“El Jorobado de Notre Dame”) o para “proteger” aquello que resulta demasiado hermoso o precioso para que nadie lo lastime o porque nos resulta una amenaza.

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En los cuentos infantiles tenemos mil ejemplos. Blancanieves, con su ingenuidad, juventud y belleza, resulta una amenaza para su madrastra, que la manda ejectuar.  La Cenicienta, lo mismo, su belleza se “tapa” y es condenada a trabajos forzados (como sirvienta) para que deje de brillar y así no eclipse a sus hermanastras. Incluso Elsa de “Frozen” es recluída y encerrada porque su “don” se interpreta como un peligro para otros.

La literatura infantil está plagada de ejemplos como estos.

Prisión preventiva

Es posible entonces, que decidieras encarcelarte a ti mismo, estableciendo algo así como una “prisión preventiva” voluntaria, para esas partes de ti (no necesariamente negativas, a veces todo lo contrario) que generaron tanto dolor y conflicto.  Y puede que en algún momento te sirviera: que te protegieras a ti mismo y a los que amabas, gracias a tener a raya a esa parte tuya.

Pero puede que ahora te duela (y mucho) esa prisión.  Porque las circunstancias han cambiado.  Porque son muchas vidas escondiendo esa parte de ti tan tuya.  Sientes la necesidad imperiosa de reconciliarte con ellas, de traerlas a ti de nuevo, de integrarlas en tu vida, de vivirlas.

Puede que sea el momento de salir de prisión.

Pero tienes tan arraigada la condena, que no sabes cómo.

Te asusta.  Prefieres la tortura.  Prefieres seguir en tu mazmorra.

No sabes despedir al carcelero porque el carcelero eres tú mismo y porque estas tán acostumbrado a vivir en prisión, que no sabrías cómo vivir fuera de ella.

Pero sabes que, en el fondo, ha llegado el momento de destruir los muros de esa prisión para siempre.

Que quieres volver a sentir la luz del sol en tu cara, la brisa meciendo tus cabellos.

Que anhelas LA LIBERTAD.

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Cada día que pasas en prisión, en esa prisión autoimpuesta, esa lucha entre preso y carcelero internos te desgarra por dentro hasta que no puedes más.

¿Plan de fuga?

Soy consciente de que esto es un poco raro y que no está nada bien visto.  La tortura es algo que nos repugna y esto, en muchos sentidos, es una forma de auto tortura.  Además de cierto rechazo, genera mucha incomprensión y frustración en el prójimo, que ve cómo te machacas día tras día y además te regodeas en ello.  Y no lo entienden.  No entienden tus “no puedo”.  No entienden esa negatividad funesta que siempre te acompaña.

Tampoco tú lo entiendes, y eso que la lucha sucede en tu interior.

Pero esa incomprensión no evita la realidad de lo que sientes.

A veces utilizas planes de fuga “sintéticos” y te “drogas”.  No necesariamente con psicotrópicos.  Puede ser con comida, con televisión, con relaciones, metiéndote en situaciones peligrosas… Cualquier cosa que te permita “evadirte” y no sentir tus cadenas.

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Sabes que no sirve.  Cuando vuelves a la dura realidad, vuelves a sentir los grilletes, la angustia…

Llega un momento en que dejas de evadirte y lo sientes con toda su crudeza.  Te enfrentas a ello.  Y aún así, nada cambia.

Porque ya no es cuestión de “darse cuenta”; es cuestión de DECIDIR, de darte la LIBERTAD.  De dar la condena por terminada.

Absolución

Sí.  Siento que se trata de eso: de perdonarte, de darte la absolución.

Al fin y al cabo, el origen de todo esto es un juicio: una percepción errónea que tuvimos de la realidad, en la que nos juzgamos de determinada manera.  Ese juicio desembocó en condena, en castigo.  Y eso es lo que estás viviendo.  Pero ¿es necesario que ese castigo y esa condena sean eternos?

¿Te resuena?  ¿Te sientes así ahora mismo en alguna faceta de tu vida?  ¿Sientes que, por mucho que hagas, por muchas terapias a las que asistas, por muchos consejos que te den, no terminas de salir de ahí (en el fondo porque no te da la gana)?  Yo, sí.

Por eso se me ha ocurrido un curso “de los míos” en el que vamos a escenificar esto para sentirlo, para ponerlo fuera, para darle forma.  Y para, así, darnos la oportunidad de dejarlo marchar.  De certificar nuestra libertad.

No sabía qué fecha ponerle y el otro día me apareció la perfecta: el 28 de diciembre.  Sí, el día de los INOCENTES.

Se trata de hacer “entender” y aceptar a nuestro subconsciente que la condena ha terminado.  Para que podamos “liberar” nuestros dones por fin y compatirlos con el mundo.  Ya es hora.  ¿Vienes?

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