¡Y una leche, libres!

Reconozco que me engorilo mucho a veces.  Y que, cuando me toco las narices a través del prójimo, muchas veces me sale esta vena “Bruce Lee yendo al baño” porque me doy cuenta de que no soy nada libre.  Pero nada de nada.  ¿Libre?  ¡Y una, leche, libre!

(Mira que he visto veces este doblaje de Bruce Lee de “El Informal”, pero lo de “¡una leche corten!” siempre me hace reír).

Esta vez el detonante ha sido la vestimenta de hombres y mujeres, a raíz de las campanadas de Nochevieja y las posteriores críticas al vestido de “la Predroche”.

Si me fijo, en los programas de TV más “informales”, los hombres pueden salir con camiseta o camisa y unos vaqueros, con un look bastante natural: el maquillaje justo para no dar brillo en cámara y calculadamente despeinados, muy monos ellos.  Pero las mujeres tienen que salir con tacones imposibles y pintadas como puertas.  Y, si no pasan por ese aro…  ¿Qué pasa si no pasan por ese aro?  Que no salen.  Tan fácil como eso.

Eso no es igualitario, al menos desde mi punto de vista.

El día en que un hombre pueda salir a presentar las campanadas con un traje de lentejuelas y la mujer con traje chaqueta, a lo mejor seremos libres;  no ya iguales, sino libres.  Libres de ponernos lo que nos dé la santísima gana.  Libres de no tener que pasar dos horas por chapa y pintura porque si no, nos estamos presentables ni “arregladas”.  ¿Acaso estamos rotas que tenemos que “arreglarnos” para salir a escena?  Libres de no tener que sufrir la tortura de unos tacones ni la incomodidad de ciertas indumentarias.

El día que salgan “un Pedroche” y “una Chicote” a dar las campanadas, habremos superado un poco más la diferencia de género que todavía está grabada a fuego en nuestra cultura y en nuestra creencia.

No es lógico que un hombre tenga que ir a una boda en agosto con camisa, chaqueta y corbata, cuando están cayendo cuarenta grados a la sombra.  Ni tampoco que una mujer tenga que ir a una fiesta de cotillón en minifalda y tirantitos mientras cae una helada del quince.

¿Libres?  ¡Y una leche, libres!  Estamos tan condicionados que ni lo vemos.

Si tienes algo que decir, aprovecha y cuéntanos.