Una tarde de cuento.

Es lo que propongo: una tarde de cuento. Para que puedas ser consciente del cuento que te estás contando de la forma más sencilla y divertida: jugando.

No se trata de venir a un cuenta cuentos sino de crear un espacio en el que ser consciente de ese cuento que te cuentas todo el rato y, si es posible y la cosa se da, incluso cambiarlo.

¿Cómo?  Utilizando esa herramienta mágica con la que nos programaron de pequeños: los cuentos y el juego.  La época no puede ser más apropiada: se acercan las navidades y, en algún rincón de nuestro inconsciente, se nos activa la magia.

Una tarde para disfrutar y jugar, como cuando éramos niños.

¿Te imaginas la típica cabaña de película en invierno?  La chimenea encendida, el chocolate calentito en las manos, esos calcetines gorditos y gustosos mateniendo tus pies en la gloria, la nive cayendo fuera… Y tú en pijama, tan agustito, a salvo bajo tu manta más cariñosa y disfrutando del bendito calor del hogar, dejando volar la imaginación con tus historias favoritas.

una tarde de cuento
O tal vez escenificando esas mismas historias, como en el teatro, jugando a princesas, caballeros, dragones, brujas y hechiceros.  Con esa ilusión y fantasía que solo los niños poseen…

Espera.

¿Cómo que solo los niños?  ¡Y yo!  Y tú también, seguro.

No me digas que no molaría volver a sentirse así y vivir esas historias y escenificarlas, jugando.  Jugar a que eras un hada o un guerrero… un dragón que se los come a todos..  ¿O tal vez un pirata? ¡O un jedi!

¿Sabes qué?  Que, de alguna forma, ya lo hacemos.

Cada uno tenemos nuestro cuento:

Esa historia que nos contamos una y otra vez y que acabamos viviendo y repitiendo día tras día sin ser conscientes de ello.  Eso sí, no siempre es un cuento de hadas, a veces estos cuentos que nos contamos son auténticas pesadillas.  Te pongo unos cuantos ejemplos:

Imagínate que llevas… no sé ¿30 años? siendo la Bella Durmiente.  Y que resulta que, al más puro estilo isla desierta en mitad del océano, no estás en ruta de ningún barco/príncipe encantador que venga a despertarte con un beso.  Tic tac tic tac tic tac… el tiempo pasa, princesa, y no hay ni rastro de príncipe encantador en millas a la redonda… ¿vas a seguir durmiendo?

una tarde de cuento

O tal vez estás jugando a Blancanieves sin saberlo y te pasas la vida muerta de miedo y dejando de brillar para el mundo, no sea que despiertes la envidia de alguna madrastra malvada y le dé por arrancarte el corazón.

O puede que seas un príncipe encantador buscando rescatar a una princesa en un reino feminista donde eso de ir salvando princesas no está precisamente bien visto porque vienen todas “salvadas” ya de casa.

¿No te gustaría descubrir cuál es tu cuento?

Porque, lo creas o no, así de “puñeteros” pueden llegar a ser nuestros cuentos.  Lo peor es que… si no sabes qué cuento te cuentas ¿cómo lo vas a neutralizar?  Para eso abro este espacio mágico en nuestro Bosque: para que puedas ser consciente de qué cuento te estás contando de forma sencilla y divertida: JUGANDO.

Como broche de oro, jugaremos también para actualizarlo o neutralizarlo, para cambiar la historia o tal vez para reescribir el final, quién sabe…

En resumen:

¿Te vienes a jugar conmigo?

Te convoco a las cuatro.
Haremos un descanso sagrado: la MERIENDA (que corre de mi cuenta).


Y seguiremos jugando hasta que nos cansemos (calculo que a eso de las ocho, aunque dependerá de cómo lo sintamos).

Como es una actividad “Beta” (es mi primera vez), el precio inaugural lo he dejado en 10 euretes.  Con merienda y todo.

Cuando acabemos, como siempre, iremos a tomar algo a nuestra taberna mágica favorita: el mesón del Águila, a dos pasos del Bosque.  Tienen una cerveza estupenda y unos vermuses de grifo… épicos.  Por no hablar de su cocina.  😉

Espero jugar contigo pronto.  Ojalá en el próximo encuentro.

(Por cierto, creo que no te lo he dicho… ¿sabías que jugar es mágico?  No te lo creas, ven a comprobarlo).

 

Si tienes algo que decir, aprovecha y cuéntanos.