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Las fases de la desescalada: la difícil transición hacia la normalidad. 

 mayo 30, 2020

By  Mariluz Ortega

Esta mañana tenía que salir a comprar.

Hace unos meses, habría salido a la hora que me hubiera dado la gana y, de haber madrugado, seguramente lo habría hecho simplemente porque a primera hora hay menos gente y no me llevo demasiado bien con los gentíos.

Pero hoy, no.

Hoy, 30 de mayo de 2020, en Madrid estamos aún en la Fase 1 de la desescalada después del confinamiento por la pandemia del coronavirus.  Esto significa que las franjas horarias de 10:00h a 11:00h y de 19:00h a 20:00h (creo) son aún preferenciales para nuestros mayores.  Para que puedan salir con mayor tranquilidad y seguridad.

Mientras pensaba en si salir o no, me he dado cuenta de que, aún tenido la fase 0 a tan solo una semana en el pasado, muchos madrileños se pasan ya las franjas horarias por el arco del triunfo  y, en estas, he hecho una asociación «de las mías».

Me resulta muy curioso que seamos perfectamente capaces de soportar el confinamiento más estricto y nos hagamos la picha un lío cuando nos dejan salir pero respetando ciertas normas.

Es curioso que nos resulte más fácil respetar una restricción total que una parcial, pero parece que es así.  Y yo, que he hecho dieta gran parte de mi vida, lo puedo entender perfectamente.  Para muchas personas es más fácil privarse completamente de algo que comer de ello un poquito nada más.

transición hacia la normalidad

Te lo dramatizo un poco para que se entienda mejor.  Esto es algo que los alcohólicos lo tienen muy claro: eligen no probar una sola gota de alcohol porque saben que ese «solo un poquito« puede desencadenar muchas cosas.  Alguien que no es adicto es normal que no lo entienda y te suelte el «venga, mujer, si por un día no pasa nada…»  Porque no lo ha vivido/sufrido en sus carnes y no sabe de lo que está hablando.

Entonces he pensado que, como humanidad, nos está pasando algo así.  Como si fuéramos «adictos a la normalidad».  Al fin y al cabo, llevamos toda la vida comportándonos de una manera determinada y eso tiene una inercia enorme.  Hemos hecho un parón de dos meses y medio y lo hemos llevado más o menos bien pero, a la que nos han dejado salir un poquito, hemos vuelto a las andadas como si no hubiera pasado nada.  Incluso a riesgo de tener que volver al confinamiento total.

Es que es taaaan fácil volver a lo que conocemos…  A la mínima, bajas la guardia.  Tienes ganas de recuperar aquello que crees perdido y te relajas.  Y te quitas la mascarilla para hablar con el vecino y vuelves a hacer lo mismo que hacías.

Decidir en la transición a la normalidad

Total, que parece que resulta mucho más fácil el «Juanín o Juanón» que la transición comedida entre ambos.  Parece que entendemos mucho mejor el «sí» o el «no» que el «depende» o el «a veces».  Y es tan fáci sucumbir…  Sobre todo si no tienes claro el «para qué» de la restricción (un virus es algo que no ves y tampoco nos han mostrado claramente sus consecuencias) y, para colmo, esta no es voluntaria sino impuesta.

Bueno, espera.  Lo simplifico más.  Es más fácil que «te obliguen» a Juanín cuando es necesario si tu tendencia natural es a Juanón.  Y, en cuanto te dejan salir un milímetro del Juanín, te vas a ir al Juanón por incercia de manera natural.

Por no hablar de la tentación de saltarse la norma, sea esta la que sea… Que se o digan a Adán o a Eva, así de arquetípico es esto.

Y hasta aquí llega este «ahá moment» de pandemia.  Yo, como siempre, seguiré reflexionando.

Mira lo bien que se saben esto los publicistas de las patatas fritas Lay’s, que lo tienen hasta en su lema «¿a que no puedes comer solo una?»  Pues eso.

 

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