Una civilización huérfana (de madre).

Esto de ser una civilización huerfana (de madre) es una reflexión extraña.  Me ha asaltado esta mañana.  Como tantas otras, venía yo caminando hacia El Bosque con mis Registros abiertos y me ha venido ese flashazo: somos una civilización huérfana (me refiero a la civilización occidental en general).

Me explico.

Llevamos impresos en la piel y el ADN unos cuantos siglos de monoteísmo impuesto a base de Iglesia e Inquisión.  Un monoteísimo de Dios «Padre«.

Un Padre bastante autoritario, por cierto, lleno de reglas y normas: los diez mandamientos, ir a casa de Padre a comer todos los domingos y fiestas de guardar estés donde estés…

¡Y mucho ojito con transgredir algo!  El castigo puede ser eterno, que no es que te quedes sin salir una semana, es que te vas al infierno para siempre.  Por toda la eternidad.  Con un par.  Sin posibilidad de libertad condicional ni nada.

 

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