R44 30/11/2020

0 Mariluz Ortega

¿Se está quedando obsoleto el paradigma de nuestra medicina?

Ayer escuché algo relacionado con las vacunas del coronabicho que me dejó loca.  Se supone (coge esta información con pinzas, que con la millonada que está en juego es difícil fiarse ahora misma de ninguna farmacéutica) que hubo algunos casos de mielitis como efecto secundario en una de las vacunas.  Creo recordar que los casos no llegaban a la decena, pero lo más llamativo es que todos menos uno se dieron en aquellas personas que habían recibido ¡¡ el placebo !!

WTF?!!!

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El mero hecho de que estos datos del doble ciego salgan a la luz, ya resulta de por sí sospechoso pero, que haya efectos secundarios en personas que no han tomado ningún potingue ¿no te da que pensar?

Yo me pregunto una jartá de cosas.  Por ejemplo:

  • ¿A ver si se van a haber liado y han confundido el placebo con el prinicipio activo y el estudio no sirve para nada en este estudio en concreto?
  • ¿Con cuánta frecuencia se da esto en las pruebas de fármacos (no en las vacunas)?
  •  ¿Por qué nadie se sorprende?
  •  ¿Alguien se ha parado a investigar por qué sucede?
  •  ¿Cómo es posible que se cure gente que ha tomado placebo y que no se cure gente que ha tomado el principio activo?
  •  ¿La gente que toma placebo ambién experimenta efectos secundarios?  ¿Por qué?  ¿Cómo es posible?

Si todo esto es así (y, por lo que tengo entendido, a veces las diferencias entre las personas del estudio que «se curan» por el principio activo y las que «se curan» habiéndoles correspondido tomar el placebo son mínimas), de verdad que no comprendo por qué esto no se investiga.  O estamos pasando algo importante por alto o estamos utilizando un método que está profundamente desviado (o las dos cosas).

Todo ello me ha hecho recordar algo que publiqué en su momento y que recupero aquí.  Supongo que ese factor que hace que agunos tomadores de placebo se curen y algunos tomadores de principio activo no lo hagan, se escapa a la medicina occidental científica e incorporarlo pasaría por revisar los mismísimos postulados de dicha medicina, con la pereza que da eso.  (Afortunadamente, tengo que reconocer que sí hay cinentíficos que están haciendo esta revisión, benditos sean, pero, por lo general, siguen siendo marginados y ridiculizados por sus colegas).

Para mí el factor primordial que se nos escapa en estos experimentos es que cada persona es única y tiene su mundo emocional, su psique, sus creencias y su particular lenguaje simbólico.  Todo esto (que medicinas con diferentes paradigmas al occidental científico sí tienen en cuenta) influye en los resultados de las pruebas de maneras difícilmente identificables ni cuantificables por el método científico.  Como suena todo muy magufo, se deja de lado y, con ello, se deja de lado también información valiosa para nuestra sanación.

– Cari, ¿para qué sirve todo este ADN?  No lo entiendo.
– Yo qué sé.  Eso no vale pa’ná.  Estará para hacer bulto.  Para mí, como si lo llamas «ADN basura».  El que lo diseñó tendría Diógenes o algo.
– ¿Y toda esta gente que se cura con una pirula de azúcar?
– ¿Gente?  ¿Qué gente?  ¿Cuánta gente?  Enfócate en lo que te tienes que enfocar, anda.  ¿Se han curado más tomando principio activo o pirula de azúcar?
– Pues… principio activo, pero hay poquita diferencia.
– Pues dale.  El medicamento funciona.
– Pero…
– Ni peros, ni peras, que hay que bajar el colesterol a la gente.

 

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Seguimos «topando con la Iglesia, amigo Sancho». Aunque ahora la ciencia (la más «rancia», por supuesto) ha tomado el lugar de la Iglesia y está empezando a comportarse como ella, adoptando incluso posturas dignas de la mismísima Inquisición (ojo, que no digo que todos los científicos sean así, pero siempre ha habido una parte de la ciencia muy resistente al cambio, como la Iglesia).  Así, al más puro estilo Inquisidor, al que intenta sugerir otro paradigma, se le tacha de hereje (magufo) y se le conena a las llamas eternas del escarnio y la falta de financiación. 

Por supuesto, hay diferentes corrientes heréticas: medicina homeopática, medicina china, medicina ayurveda, flores de Bach, esencias…  Hay herejías para dar y tomar, pero todas tienen cuestiones en común que se oponen al dogma monolítico de «la Iglesia». 

Veamos algunas diferencias:

Diferentes paradigmas

MEDICINA OCCIDENTAL CIENTÍFICA
  • Tiende a considerar el cuerpo humano como un mecanismo.  
  • Atiende solo a la herencia genética del individuo de una manera bastante determinista.
  • No suele hacer diferencias entre individuos y suele tratar a todos de igual manera.
  • Trata los síntomas y busca el origen en algún punto del mecanismo (cuerpo).
  • Se ocupa del "cómo" y no se ocupa del "de dónde" o del "por qué", o sea, de las causas.
  • La clave está en el medicamento.
MEDICINAS "no científicas"
  • Considera el ser humano como un todo y tiene con emociones, pensamientos, etc.
  • Considera el linaje del individuo y su herencia, tanto genética como epigenética.
  • Considera cada individuo como un caso único y trata a cada uno de diferente manera.
  • Busca las raíces que llevan a la manifestación del síntoma incluso más allá del cuerpo.
  • Se ocupa de buscar los "por qué" e incluso los "para qué".
  • La clave está en el paciente.

Veamos estos puntos más en detalle.

MECANICISMO. 

La medicina occidental científica todavía tiende a considerar el cuerpo humano como un mecanismo que responde siempre igual a los mismos estímulos y sustancias.  En este paradigma, un médico sería algo parecido a un mecánico y el cuerpo humano el vehículo a reparar.  Ante un determinado síntoma, aplicas una serie de procedimientos (siempre los mismos), y solucionas el problema.  Un medicamento para cada cosa.  Un anillo único para atarlos a todos y…  (huy, perdón, se me ha pirado).  Pero esto, salvo en algunos reductos como la cirugía (bendita sea) no se sostiene.  Cualquier prueba de cualquier medicamento que sale al mercado lo demuestra (como comentábamos al principio).

En otros paradigmas de medicinas diferentes a la occidental moderna y científica, el ser humano es un todo y el cuerpo humano es tan solo la parte visible y palpable de ese «todo» que tiene emociones, pensamientos, creencias, miedos, fobias, experiencias etc. que pueden estar influyendo en la manifestación de una determinada sintomatología.

HERENCIA

La medicina occidental científica (y tradicional) contempla la herencia genética de manera bastante determinista.  Igual que tienes un gen que hace que seas morena o tengas los ojos marrones, puedes tener un gen que te lleva a tener una u otra enfermedad y esto es casi una condena.

Otros paradigmas médicos tienen un concepto de la herencia menos determinista y no solo incluyen la genética sino también la epigenética y tienen en cuenta todos los factores que pueden incluir en esta última. Dependiendo del grado de herejía que estés dispuesto a aceptar, hay incluso terapias (que no se pueden llamar paradigmas médicos pero que ahí están) que se dedican a esto en exclusiva, como las corrientes que estudian el árbol genealógico, las constelaciones familiares, etc.  Esto ya es herejía extrema, pero haberlo, haylo.

SINTOMATOLOGÍA

La medicina occidental tiende a tratar el síntoma.  Por eso hay medicamentos para el dolor de cabeza, para el reúma, para la inflamación…  Pero ¿eso es «curar»?  De hecho, a estas alturas de la película todavía no sabemos «curar» algo tan sencillo como un resfriado o una gripe.  Te tomas potingues para paliar sus síntomas (congestión, dolor de cabeza, malestar general…) pero no hay cura y lo único que puedes hacer es descansar.  O sea: «sopitas y buen caldo».  Se te pasará «en 7 días en cama o fuera una semana».

Otros paradigmas diferentes buscan la raíz y, a menudo, lo hacen más allá del cuerpo.  Aquí ambos paradigmas chocan porque la ciencia no tiene jurisdicción en estos ambientes.  O, al menos, no la ha tenido hasta ahora.  Más allá del cuerpo, la jurisdiccion la tenía la religión.  Ciencia y religiión se repartieron la custodia del ser humano para no chocar y tener cada una su parcela.  El problema es que el ser humano no se puede dividir.  No se puede quedar cada una con medio niño, como sugirió Salomón en el famoso juicio en el que dos madres reclamaban al mismo bebé.

CAUSAS y EFECTOS.

Precisamente por esta división (el cuerpo para la ciencia y el resto para la religión), la medicina occidental científica clásica no puede buscar causas más allá del cuerpo; es territorio prohibido.  Como mucho, puede hacerlo «en otros cuerpos» (virus y bacterias, por ejemplo).  Por lo general, y al igual que hacen otras ciencias, nuestra querida medicina explica maravillosamente los mecanismos, los «cómos», pero no los «por qués», ya que estos tieneden a quedar fuera de su jurisdicción.

Sin embargo, otros paradigmas están yendo más allá de la frontera clásica de la ciencia y empiezan a tener en cuenta la influencia de algo tan humano como el pensamiento o las emociones.    Caminar por esta cuerda floja fronteriza te puede acarrear muchos quebraderos de cabeza si lo haces desde dentro de la ciencia, es verdad, pero es una manera estupenda de ampliar esas fronteras.

LA CLAVE.

Para mí aquí está la mayor diferencia: la medicina occidental científica y clásica pone el énfasis en el síntoma y su remedio (un medicamento, por ejemplo).  Ve el síntoma como algo que casi tiene entidad propia (de hecho es el síntoma el que da nombre a la enfermedad) y se ocupa de eliminarlo, mientras que otros paradigmas se fijan más en el paciente y en restaurar su estado de equilibrio y salud.

Desde el paradigma más clásico de nuestra medicina, tiene sentido aplicar un mismo medicamento a una amplia muestra de pacientes que experimentan el mismo síntoma porque para eso se crea el medicamento: para atacar a ese síntoma.  De ahí, deducen si el medicamento funciona o no.  Aparentemente es el único método científico que es posible aplicar en este caso.

Pero los paradigmas alternativos funcionan de otra manera.  No «atacan» al síntoma sino que intentan encontrar la raíz del problema, el conflicto que origina el síntoma.  Con la particularidad de que son conscientes de que no todos los individuos dan lugar a los mismos síntomas como consecuencia del mismo conflicto. Y viceversa.  La relacion causa-efecto en cuanto al síntoma no es lineal ni determinista.  Depende.  Depende del paciente.  Por eso a unos les funciona un medicamento y a otros no.  Por eso unos se curan incluso con placebo y otros no se curan ni con el principio activo más potente.

La clave de otros paradigmas es la persona.  Es el paciente.  De él depende la curación.  No del medicamento ni del médico (aunque estos puedan ayudar).

¿CON CUÁL TE QUEDAS?

Sinceramente, yo no me quedo ni con uno ni con otros.  Me gustaría que esa frontera erigida en piedra que separa hoy lo científico de lo que no lo es, se fuera diluyendo y que, desde la parte de la ciencia, nos atreviéramos cada vez más a explorar esos otros paradigmas para ver qué aprendizajes podemos sacar de ellos. 

Si hay gente que se cura con una medicina, por rara que nos parezca, creo que merece la pena estudiar el fenómeno, averiguar qué es lo que hay detrás, cuál es su «por qué» y aprender de ello en lugar de mandar a sus practicantes directamente a la hoguera.

Como todo en esta vida, en esos paradigmas alternativos habrá mucho estafador, pero ¿acaso no los hay también en la industria farmacéutica?  Seguro que también hay puntos de vista interesantes y remedios valiosos en mucho de estos enfoques alternativos y holísticos.

Eso sí, me queda claro que la aproximación a estos otros paradigmas debe ser diferente.  No puedes estudiar la homeopatía (por ejemplo) igual que un medicamento tradicional porque parte de otras bases y no se receta de la misma manera.  Es otro paradigma y merece otro método (recordemos que la curación, desde estos paradigmas, depende del paciente, no de la medicina). 

Teniendo esto en cuenta, espero y deseo que algún día todas estas cosas se estudien y empiece a entederse de verdad por qué funcionan.   Y, sobre todo, espero que no perdamos la libertad de poder recurrir cada uno al paradigma que más nos resuene en el caso de que algún día lo necesitemos.

 


Mariluz Ortega

La autora:

Hola, soy María Luz Ortega. Alma mater de "El Bosque Mágico de Ávalon". Gracias por pasarte por este Bosque tan especial. :-) Si quieres saber algo más, visita la sección "sobre mí" de esta página.


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