La Santa Inquisición y el mecanismo de la Proyección. Mirando a los ojos al Inquisidor Interno.

Que razón tenían los Monty Python con aquello de que “nadie espera a la Inquisición Española”… Ni siquiera los españoles. Ni siquiera yo me esperaba encontrármela estos días, pero héla ahí, campando tan pancha por nuestras ventanas.

Esto me va a servir para poner un ejemplo palpable del mecanismo de la proyección en acción y también nos va a permitir mirarnos parte de nuestra sombra como sociedad y humanidad.

Porque esto de la Inquisición ya forma parte del inconsciente colectivo. A lo mejor si tú no llevas ese programa activo, el tema te resbala. Pero si, como yo, tienes el programa muy a flor de piel, es posible que lo que vas a leer te toque alguna fibra.

Utilizo la Inquisición como ejemplo por poner uno; no es el único, pero es uno que todos conocemos.

¿A qué me refiero con el programa inquisitorial? En este caso, sobre todo, al de la denuncia. Desde todos sus prismas: el denunciante, el denunciado, el marco legal que facilita las cosas sin tener en cuenta factor atenuante alguno y las consecuencias del asunto en sí.

Continuar leyendo «La Santa Inquisición y el mecanismo de la Proyección. Mirando a los ojos al Inquisidor Interno.»

¿A qué nos referimos cuando hablamos de 3D o 5D?

¿De qué va eso de «la 3D»? ¿Tiene que ver con las impresoras de objetos? ¿Con las imágenes punteras de conferencias holográficas? ¿Con el eje de coordenadas XYZ? ¿Con aquellas famosas gafas de cartón con un ojo rojo y otro azul que te daban en el cine para ver “en relieve”?

via GIPHY

Tendemos a dar por sentado muchos de los términos que utilizamos en el día a día y muchas veces no tenemos claro su significado.  Se ponen de moda y, sin que nadie nos los defina, «pillamos al vuelo» lo que creemos que singnifican y los utilizamos, sin más.

Con esto de la 3D pasa un poco lo mismo y por eso he creído conveniente (ya que yo utilizo bastante el término) aclarar un poco su significado.

Continuar leyendo «¿A qué nos referimos cuando hablamos de 3D o 5D?»

Lidiando con un ego arrogante: el «macarra interior».

No es fácil, la verdad.  Ya te lo digo yo, que lo tengo.  Todo el mundo habla de «el niño interior», pero…

¿qué pasa con el «macarra interno«?

Porque, si lo tienes (como yo), te puede salir por peteneras en el momento más inoportuno, que menudo es el ego…

Tiendo a olvidarme de mis tomas de consciencia a este y a otros muchos respectos y, como esto del blog tiene mucho de «diario», he decidido poner algunas por escrito, para que no se me olviden ni se me pierdan y también para que puedas aprovecharte de ellas si es que te resuenan.

A lo mejor este artículo te interesa si, como yo, tienes un «macarra interno» de esos que dan mucho miedo.  (Ríete tú de los «ángeles del infiennnno»).

cómo lidiar con un ego arrogante

Yo a veces visualizo/traduzco mentalmente al mío en plan Robert de Niro en «taxi driver» con su famoso «are you talking to me?» pero en plan «¿te crees que me vas a ayudar?  ¿a mí?»  Es paradójico, pero es.  Vamos, que me sale este chulito interno cuando menos me lo espero y, de verdad que no es fácil lidiar con él.  Ni como consultora ni como consultante.

Supongo que, para otros, esto será como de primero de coach… de hecho, puede que sea redundante hablar de «ego arrogante».  Pero chica, esto es aprendizaje vivido «en mis cannnes», tanto de consultora como de consultante (y también de participante y facilitadores de talleres varios) y, como veo que tiendo a olvidarme…  me lo dejo por escrito (de hecho, me lo imprimo y plastifico).

|| NOTA MENTAL para mi ego arrogante de consultora/consultante. ||
 
Como consultora me recuerdo a mí misma que:
 
Mi visión en consulta de tu proceso como consultante es solo una pequeña ventana a tu vida, un fotografía instantánea, un momento capturado en una frase más o menos inspirada, un hilo del que tirar.
 
Pero sé que tú no eres esa instantánea. Eres mucho más.
 
Y soy consciente de que no estoy viendo todo lo que eres, sino solo una parte de los programas que te tapan, de tus máscaras, de tus circunstancias, de tu contexto y tu subtexto, de tus programas, de tu transgeneracional… y no tu proceso global.
 
En el momento de la consulta veo solo una parte de ti. Con suerte e inspiración, tal vez alguna de las más relevantes en este momento, pero sigue siendo una parte.
 
Antes de juzgarte o imponerte mi visión reducida de ti, reconozco humildemente que eso es todo lo que puedo ver:  la parte que puedo ver,  la que me permito ver,  la que me permites ver, la que se me permite ver, la que me es revelada.
 
Soy consciente también de que esa parte que veo también refleja partes de mí y me enseña (si estoy dispuesta a aprender). Y por ello te doy las GRACIAS ❤️, por acudir a mí y permitirte “verte” y, de esa manera, “verme” también a través de ti.
 
Sabiendo siempre que lo que veo es solo una parte de tu todo. Que no lo sé todo de ti.
Ni de mí.
Ni de nada.
Aunque, desde mi arrogancia, a veces se me olvide y me crea que “sé”.
 
Te ofrezco lo que veo por si te sirve. Te ofrezco lo que siento por si te ayuda. Te ofrezco lo que me llega como un ingrediente más a tu kit de catalizadores de crecimiento y evoluzión.
 
Mi misión es ofrecerte lo mejor que pueda darte en cada momento, pero tú tienes el poder 💪, la responsabilidad y la libertad de hacer con ello lo que consideres oportuno.
 
Lo importante en mi consulta eres tú, no llevar yo la razón.  (Estoy por tatuármelo).
___________________________________________
 
Como consultante me recuerdo a mí misma que…
 
No pierdes nada por escuchar. ESCUCHA . Dale una oportunidad a las cosas que recibes. Pregunta (si lo necesitas) hasta aclarar lo que precises y dale un ratito libre a esa “macarra interior” de la que tan poco se habla, pero que está, y que a veces te impide beneficiarte de la ayuda que está a tu disposición.
 
¿Qué prefieres?  ¿Seguir igual o tener razón?
 
GRACIAS ❤️ consultor/consultora (y compañer@s del metal, o más bien del «heavy metal» 🤟🤟🤟) por tu paciencia conmigo cuando me pongo obtusa y recalcitrante desde este ego arrogante.
 
PERDONA 🙏 si he echado sobre tus hombros más peso del que te correspondía, o por mi resistencia.
 
Me responsabilizo de mi parte. Tus consejos pueden cambiarme la vida, pero solo si los pongo en práctica y los aplico, y eso… depende únicamente de mí 💪, que tú bastante tendrás con lo tuyo.
____________________________________________
 
Como consultora/consultante/compañera del heavy metal 🤟
 
Recuerda que la cara de «me cagontostusmuertos» de la persona que tienes a tu lado o enfrente, puede significar que has dado en hueso, y que cada uno lleva el dolor como puede.  Unos lloran, otros disimulan, otros gritan y otros se lian a dentelladas o puñetazos con lo que (o con quien) tengan más cerca. Y otros, lo niegan (lo negamos) y estamos en nuestro derecho.  Deja tiempo a que traspase, que cada uno se baja de la burra cuando quiere y algunos, nos nos bajamos ni a cañonazos.
 
No todos son como tú y no gestionan el dolor de la misma manera.  Tenlo en cuenta.
Ea.  Eso es todo (por el momento).

El efecto NOMPILOF

Suena a experimento científico realizado en alguna universidad ex-soviética pero no, en realidad, el efecto NOMPILOF es algo muy nuestro.

AVISO:  El siguiente artículo contiene lenguaje explícito y puede herir la sensibilidad del lector. Está escrito en clave de humor pero si comes ajos, mejor no lo leas, por si te picas.

El efecto clásico

Este efecto NOMPILOF se aplica en la física clásica a esas collejas espontáneas que nacen en unas circunstancias muy concretas del espacio-tiempo newtoniano: justo cuando acabas de terminar de fregar el suelo y viene algún listo y te lo pisa antes de que se seque.

Es esa guantá con la mano vuelta que surge de las profundidades de tu transgeneracional, con cuya energía de por lo menos 300 ancestras se podría iluminar una ciudad de 10.000 habitantes durante dos días enteros.  (Ríete tú de los reveses de Nadal).

Continuar leyendo «El efecto NOMPILOF»

El súper poder de elegir.

.Envidio a los que tienen el súper poder de elegir como si nada, fluyendo y sin despeinarse.

¿Te cuesta elegir?

A mí, sí.  Una barbaridad.

Cada vez que tengo que elegir en qué enfocarme de entre varias cosas, me vuelvo loca.  Me cuesta horrores.  Ya me ocurría en mi faceta repostera: si me apuntaba a un reto creativo, siempre elaboraba más de una posibilidad.  Me resultaba casi imposible ceñirme solo a una opción.

Cuando tengo que dar fecha a un taller, me pasa tres cuartos de lo mismo.  No suelo saber dónde ponerlo y acabo poniéndolo en el peor día posible (cuando nadie puede asistir por lo que sea).

Vaya, que esto tiene pinta de ser un patrón en toda regla: tener miedo a elegir y terminar eligiendo «lo peor».

El caso es que, esta mañana, mientras me duchaba, me he dado cuenta de algo que me ha dejado loca y que te comparto por si también te sirve:  ELEGIR EMPODERA.

El miedo a elegir «mal».

Yo tengo requeteinstalado el miedo a equivocarme al elegir.  El miedo a elegir mal y a las consecuencias de esa elección.

Por eso elegir me cuesta tanto.

También, curiosamente, eso es justo lo que me suele llevar a escoger la «peor» opción.

En lugar de escuchar a mi corazón o a mi Ser o como quieras llamarlo para ver qué es lo que de verdad me nace hacer, elijo en función a una supuesta prediccción de los posibles resultados.

Pero, claro, como quiero evitar los resultados «negativos», en realidad me estoy enfocando en ellos y así es más fácil que los atraiga y los acabe manifestando.

Tengo instalada la creencia de que hay opciones acertadas y opciones incorrectas y que, si elijo «mal»…

Puede parecer un poco exagerado, pero díselo a mi inconsciente…

Decisiones «buenas» y «malas».

Creo que esto es algo bastante común:  [taq]tendemos a condicionar nuestras decisiones basándonos en el jucio que hacemos del posible resultado de las mismas.[/taq]

Que luego nos reímos de las pitonisas de la tele, pero estamos jugando a los adivinos igualmente.

En realidad son tantos los factores que pueden afectar al resultado de nuestras decisiones, que la mayoría de las veces es imposible preveerlos.  Por eso es tan difícil «acertar» con las decisiones cuando decides basándote en los posibles resultados.

En realidad, las decisiones las juzgamos siempre a posteriori.

¿Qué el resultado nos ha molado?  Buena decisión.
¿Que el resultado nos ha jodido?  Decisión nefasta («mala» dicisión).

Y ya sabes lo que pasa con el juicio…  que SIEMPRE lleva detrás su correspondiente castigo asociado.

¿Y si el «fallo» está en el sistema de elección?

Decidir basándote exclusivamente en los posibles resultados puede paralizarte.  ¿Entonces?  ¿Cómo decides?

De pequeño haces un poco lo que te da la gana.  Eliges desde lo que te nace.  Pero es probable que te lleves unos cuantos sustos y llegue un momento en que aprendas a «predecir» posibles resultados (por aquello de la supervivencia…)

Te pongo un ejemplo.

Por mucho que te apetezca curiosear en esos agujeritos tan interesantes que hay en la pared… en algún momento aprendes a recordar que la última vez que metiste allí los deditos, tu madre te dio de azotes en el culo diciendo «los enchufes no se tocan». Y así, mil situaciones más.

O sea: acabas asociando causas con efectos y terminas aprendiendo a «reprimir» o modular tus impulsos por temor a las consecuencias de tus actos.  Cada uno en su medida, que no todos somos igual de responsables ni de aventureros.

Algunos olvidamos casi por completo esa elección por impulso y nos quedamos enganchados en la elección en función de los posibles resultados.

¿Desde dónde elegir entonces?

Tampoco es cuestión de desechar este aprendizaje y vivir a lo loco, haciendo lo que nos dé la gana… también hay que tener en cuenta ciertas cosas.  Como casi siempre, el punto medio suele tener la clave.

Por muchas ganas de matar a alguien que tenga, segurament elija no hacerlo.

[taq]No siempre es perfecto dejarse fluir…[/taq]

Pero no solo de «tener cabeza» y sentido común viven nuestras decisiones.  A veces conviene añadir este factor «corazón».  Sobre todo para las personas que siempre intentamos decidir en plan previsión.

El consejo sería el siguiente:  [taq]para, respira y escúchate, para ver qué sientes y qué quieres.[/taq]

Se trata de «escuchar al corazón» (por decirlo de alguna manera).  Escuchar esa vocecita interna de manera sincera, te puede ayudar mucho a elegir.

Elegir desde el amor y no desde el miedo.

Desde dentro y no desde fuera.  Si eliges desde dentro, desde lo que te gusta, desde lo que «te nace», es más probable que, sean cuales sean los resultados, te sientas mejor y más coherente con tu decisión.

Podríamos decir que este tipo de decisión es una decisión hecha desde el amor y no desde el miedo.

En este tipo de decisiones, los posibles resultados están en un segundo plano.  No son tan importantes.  Te hacen estar más enfocado en el motivo interno de tu decisión, en ese impulso que te mueve (más en el camino que en la meta, por así decirlo).

Si te fijas en tu vida diaria, tomas muchas más decisiones de este tipo de lo que crees.

Nos pasamos la vida eligiendo.

De hecho, es esa vocecita la que suele elegir todo el tiempo.  En lo que compras, en lo que escuchas, en lo que haces…

Los estudios de marketing confirman que nuestras decisiones de compra (un ejemplo de decisiones) suelen ser poco o nada racionales:  [taq]compramos por impulso y luego nos justificamos.  [/taq]

En la elección de pareja «por amor» ocurre tres cuartos de lo mismo.

Estamos eligiendo todo el tiempo.  De manera inconsciente casi siempre, pero eligiendo al fin y al cabo.  A veces elige nuestra zona de confort por nosotros, pero sigue siendo una elección nuestra.

Vale. Si es algo que hacemos todos y lo hacemos todo el tiempo e incluso de manera inconsciente… entonces ¿dónde está el súper poder?

La elección y el empoderamiento.

«Esto lo he elegido yo«.  Es la frase que me ha dejado KO esta mañana.  Es un mantra cojonudo (perdón por la expresión, ya me conoces) porque te empodera y te devuelve las riendas de tu vida.

elegir responsablementeAl fin y al cabo, si esto que estás viviendo lo has elegido tú, lo habrás elegido por algo y, sobre todo (y esta es la clave) PUEDES elegir otra cosa.

Un chute de vitamina R en toda regla…  la vitamina del empoderamiento, la que te conecta con la Responsabilidad.

Así que me voy a recordar a mí misma siempre que pueda que «esto lo he elegido yo» (aunque no sepa muy bien en qué nivel ni para qué).  Y, de la misma manera que lo he elegido, puedo dejar de hacerlo.

Te pega un subidón de poderío… Pero no me creas, pruébalo.  Y luego me lo cuentas, a ver qué tal lo sientes.

elegir te da súper poder

Recuérdatelo.

Whenever, wherever, whatever (cuando sea, donde sea y lo que sea)… recuerda que esto lo has elegido tú.  Sácale el jugo y el aprendizaje a la situación (porque, si lo has elegido, ten por seguro que es para algo) y revisa si quieres seguir eligiendo lo mismo.

Hay elecciones inconscientes muy puñeteras, es verdad.  Por ejempo algunas que tomamos por fidelidad familiar.  Pero también son decisiones y, siendo conscientes de ellas, podemos dejar de hacerlas.

Por eso es tan importante elevar nuestros niveles de consciencia.  Para que también nuestras decisiones sean cada vez más nuestras y conscientes en lugar de ser decisiones «ciegas» heredadas del clan, la sociedad o el inconsciente colectivo.

Saber te hace libre.

¿Recuerdas aquello de «el saber te hace libre»?  Pues para mí que tiene que ver con todo esto y que ese «saber» se refiere más a consciencia a que ecuaciones diferenciales de segundo grado.

Herramientas para tomar consciencia de en qué nivel has hecho tu elección si esta te fastidia, no faltan.  Cada vez hay más y en El Bosque te ofrezco unas cuantas en forma de consultas o de talleres.

¿Que no sabes qué talleres se hacen en El Bosque?  Eso tiene fácil remedio:

  • Apúntate a la newsletter haciendo clic aquí  (y te llevas una guía de regalo).
  • O hazte fan de la página de Facebook y sus eventos, haciendo clic aquí.

Te recomiendo lo primero, así no dependes de los algoritmos de Facebook.