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Polaridades nuevas: lo cuántico vs lo determinista. 

 noviembre 26, 2020

By  Mariluz Ortega

Parece mentira pero, a estas alturas de la película, todavía aparecen polaridades nuevas de vez en cuando.  De hecho, el otro día caí en una que me sorprendió y que tiene que ver con la ciencia.

Hasta hace solo unas décadas, podíamos contar con la polaridad ciencia-religión, por ejemplo.  No es muy clara, pero haberla, hayla.  La religión puede creer en todo tipo de cosas sin necesidad de que sean demostrabales en la práctica, mientras que, en la ciencia, lo de la demostrabilidad es algo fundamental.  Pero dentro de la ciencia también surgen polaridades y una de ellas podría ser lo cuántico frente a lo determinista, polaridad que ha sido extrapolada (valga la redundancia) y se ha extendido más allá de la ciencia permeando toda nuestra cultura.

La ciencia que conocíamos hasta hace apenas un siglo era determinista (sobre todo la mecánica y sobre todo después de Newton.  Esa ciencia transmitía la sensación de que el mundo era una especie de mecano regido por ciertas reglas que permitían conocer la evolución de un sistema y sus componentes en el tiempo.  Si yo conozco bien los componentes de un sistema, su posición y movimiento y las leyes que lo rigen, puedo saber dónde estará cada pieza del sistema dentro de un tiempo.  De este modo, podemos predecir los movimientos planetarios e incluso podemos saber si existe algún planeta que aún no hemos visto por los efectos gravitatorios que tiene el sistema.

A cada efecto le sigue su causa dentro de un orden absolutamente capricorniano y predecible.

¡Qué felicidad!

¡Qué tranquilidad!

¡Qué alegría!

Qué A B U R R I M I E N T O.  Por lo menos para los científicos.

Menos mal que allá por finales del siglo XIX y principios del XX, los científicos empezaron a escudriñar niveles de la materia a los que hasta entonces la ciencia no había tenido acceso y la cosa se empezó a poner interesante.   Fíjate tú que en un nivel subatómico no se puede conocer a la vez dónde está una partícula y a qué velocidad se está moviendo.  Con esta tontería tan tonta se fue a la porra la mecánica clásica (newtoniana y determinista) que consideraba los átomos y sus partículas como micro bolitas de billar y arrancó la mecánica cuántica (más rara que un perro verde, pero ahí estaba, la jodía).  La relatividad también fue revolucionaria, pero su calado posterior en la cultura popular no ha sido tan hondo (aunque llevemos camisetas con el careto de Einstein y no con el de Niels Bohr, y hagamos chistes sobre «es que todo es relativo», yo todavía no he visto ninguna terapia «relativista»).

El caso es que, al principio, ni la relatividad ni la cuántica había quien las entendiese («al principio..» jajaja, qué cuajo tengo).  Los fenómenos cuánticos han tenido desde siempre la mala costumbre de dejar a los científicos a cuadros.  Incluso al mismísimo Einstein, que se resistía como gato panza arriba a aceptar algo como el entrelazamiento cuántico porque eso de que existiera un efecto inmediato a grandes distancias le horripilaba especialmente.

Con el transcurrir de las décadas, la mecánica cuántica ha resultado no ser tan exótica en algún campo, pero no en el de la ciencia sino en el de la consciencia.  Curiosamente, muchos planteamientos de la cuántica y de la física de última frontera coinciden con planteamientos que la tradición meditadora oriental lleva siglos describiendo.  Podrías llamarle «tradición espiritual», pero pisarías más callos.  Total, que no es de extrañar que el adjetivo «cuántico» se haya extendido como la pólvora y se haya terminado aplicando a todo tipo de terapias, pseudoterapias, cursillos, productos, sanaciones, etc.  Vamos, que no hay «nocilla cuántica» porque no vende, que si no…

Sorprende (y mucho) ver un término tan complicadamente científico como el de «cuántico» asociado a terapias alternativas.  Resulta de lo más chocante y no me extraña que muchos científicos se pongan de uñas cuando se lo encuentran.  A mí también me rechina.  Hasta que me di cuenta de que, cuando utilizamos ese término en el mundillo alternativo, estamos haciendo algo tan sencillo como apuntar a ese otro extremo de esta nueva polaridad.  Vamos, que podríamos decir «no determinista» en lugar de «cuántico» y estaríamos diciendo más o menos lo mismo y quizás de manera más clara.  O al menos así es como yo me lo explico para justificar esto de encontrarme lo de «cuántico» hasta en la sopa.

En este sentido, hasta el tarot sería cuántico porque no hay un significado cerrado y determinado para cada carta, sino que… depende.  Depende del observador, por ejemplo (el efecto observador es uno de los fenómenos del mundo cuántico a los que más provecho se ha sacado fuera de la física).  Depende de la persona que consulta y del momento en el que pregunta.  De alguna forma, en una sesion se colapsa la onda de información en forma de un conjunto determinado de cartas y la interpretación que da el tarotista.  No sabes lo que te vas a encontrar hasta que miras (como el famoso gato de Schrödinger, que también ha pasado a formar parte de la cultura popular y ya sale hasta en los memes).

No estoy diciendo que el tarot sea ciencia, ojo.  Para nada.  Solo estoy diciendo que no es un fenómeno determinista.  Que una misma carta puede significar diferentes cosas en función de quién pregunta, de lo que ha preguntado, del momento en el que pregunta y de la persona que hace la lectura.  Y como lo único que en este momento tenemos más a mano para oponer a lo determinista en esta dualidad en la que vivimos es lo cuántico…

 

 

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