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Infovirus e infoinfecciones 

 diciembre 28, 2020

By  Mariluz Ortega

El otro día, a mi mente le dio por asociar los virus y su factor R (tasa reproductiva) con los chismes (cotilleos) y su expansión. Cuanto más profundizo en él, más asombroso me parece el paralelismo entre ambos.

Los chismes (o cotilleos) son informaciones muy virales: cuanto más jugosos nos parecen, más contagiosos resultan y mayor es su factor R. Ese tipo de informaciones infecciosas «te queman en las manos» (o en la lengua, en este caso) y parece que la única manera de paliar ese ardor es contarlas cuanto antes y al mayor número de personas posible. A su vez, ellas harán lo mismo y llega un momento en que la infopandemia estalla incontenible.

Si estos meses me han dejado algo claro, es que esto no solo se aplica a los chismes sino que hay todo tipo informaciones infecciosas (bulos, noticias falsas, etc.) que, una vez en el ambiente de las redes, se propagan I M P A R A B L E S.

Vías de propagación

Por vía oral

En tiempos pasados,estas informaciones infecciosas (se me ha ocurrido llamarlas infoinfecciones) se transmitían casi exclusivamente por via oral y tenían un alcance más o menos limitado, pues dependían directamente del número de personas con las que podías tener un contacto físico real (en casa, en la calle, en la fuente, en el lavadero, en la taberna, en el mentidero…)

También había «supercotagiadores«. Podrían considerarse como tales a los personajes muy influyentes o con acceso a muchos oídos o a los oídos clave para la propagación del chisme.

La infoinfección podía decaer con realtiva facilidad por diferentes causas. Por ejemplo, si el número de personas a las que el huésped tuviera acceso físico fuera suficientemente reducido o poco influyente. También por falta de interés del infovirus (la carga infoinfectiva depende mucho de ese interés).

Vía papel

En tiempos algo más modernos, los más letrados podían ser portadores de infoinfecciones contraídas vía papel (previa lectura de algún tipo de prensa escrita o de algún folleto, por ejemplo). Estas infoinfecciones podía transmitirse después también por vía oral.

En nuestros días, el papel sigue siendo también un posible medio de infoinfección, y buena prueba de ello son las llamadas «revistas del corazón» o los famosos tabloides, aunque esta vía de infoinfección ha ido perdiendo fuelle en los últimos años.

Por vía digital

Actualmente, la vía de propagación estrella de las infoinfecciones es, sin duda, la vía digital (a través de internet y, sobre todo, de las redes sociales).

Esta es la vía más frecuente no solo de propagación y contagio, sino también de infección informativa. Con una agravante: nuestro sistema infoinmunitario no está preparado para hacer frente a tanto agente infoinfeccioso.

Efectos secundarios

Por cualquiera de las tres vías (y por alguna otra que seguro se me escapa, como la televisión o la radio, que considero derivados de la vía papel), el ser humano ha estado siempre expuesto a sufrir todo tipo de efectos secundarios gravísimos (mortales, incluso) desencadenados por este tipo de infecciones.

Desde el escarnio o la exclusión social más o menos duradera hasta otros más graves, como la lapidación por adulterio (por un falsa acusación por envidia), linchamientos, torturas por parte de la Inquisición, las SS, la Stasi, la CIA, el KGB, o cualquier organización por el estilo, etcétera, etcétera, etcétera.

Por no hablar de efectos secundarios a nivel global, que han sido perseguidos por los laboratorios de ingeniería infecciosa informativa (servicios de propaganda) a lo largo de toda nuestra nuestra historia (y seguramente también antes, aunque no haya quedado constancia escrita).

Hoy en día, los efectos secundarios podrían parecer menos graves porque no es tan evidente que el riesgo sea de muerte y porque están tan extendidos que casi pasan desapercibidos, pero conviene no dejarse engañar por las apariencias.

Entre estos efectos secundarios habituales podemos encontrar la desinformación, la confusión y, sobre todo la manipulación (sin duda, el efecto estrella buscado por todos los laboratorios de investigación de informaciones infecciosas de todo el mundo a lo largo de la historia, como veremos).

Pero también hay efectos secundarios mucho más extremos como la destrucción de reputaciones tanto personales como empresariales, ruina, exclusión social, pérdida de status y empleo y, en los casos más graves, incluso el suicidio. Este último, más frecuente en personas con un sistema infoinmunitario aún en desarrollo, como es el caso de los adolescentes, aunque también puede darse en caso de sistemas totalmente formados cuando la avalancha infoinfecciosa es abrumadora e incontenible.

Un sistema infoinmunitario poco preparado

El problema, hoy en día, es que el número de agentes infoinfecciosos a los que nos vemos expuestos cada día ha crecido de manera exponencial, adquiriendo tal volumen que no hay sistema infoinmunitario que pueda con semejante avalancha. Nuestro sistema infoinmunitario se ve superado cada día en mayor medida, no solo por el número de nuevos agentes infoinfecciosos que van surgiendo, sino también por su calidad y diseño.

La tendencia a sentirse ofendido por cualquier cosa me parece sintomática de un sistema infoinmunitario bastate deprimido.

La educación ha sido tradicionalmente una de las línea de defensa que se han considerado más eficaces frente a las infoinfecciones. De hecho, hubo un ingenuo momento de nuestra historia más o menos reciente en la que se pensó que gracias a ella (a la educación) sería posible erradicar muchas de las infoinfecciones más arraigadas en los seres humanos, sobre todo las de la familia de las «supersticiones». Es posible que aún sea así y por eso la educación es uno de los pilares del sistema infoinmunológico que sufre los ataques más despiadados a la par que soterrados.

En los tiempos de la propagación por papel, aún se mantenía en pie una barrera inmunoinformativa básica: la cuarentena informativa, consistente sobre todo en la contrastación de la noticia y sus fuentes. Hoy por hoy, y por desgracia, con la vía digital como principal medio de infocontagio y siendo el click el elemento más buscado en lugar de la verdad, esta barrera ha sido derribada casi por completo y nos vemos más expuestos que nunca a todo tipo de elementos infoinfecciosos específicamente diseñados para el contagio masivo.

Laboratorios de infoingeniería genética

Estos laboratorios han existido toda la vida, desde los más rudimentarios, caseros y con escasa equipación hasta las máquinas de propaganda más extremas y aparatosas, verdaderas fábricas de agentes infoinfecciosos especialmente diseñados para la manipulación.

Allí donde hubiera un grupo de personas, allí podía aparecer un bulo o un falso rumor. Cualquier persona con una mínima habilidad y contactos sociales (o con acceso a algún personaje influyente) y con mucha mala leche (o muy aburrida, que también podría ser el caso) podía extender todo tipo de rumores con diferentes tasas de infoinfección. Estas tasas (el famoso factor R) dependerán de lo jugoso del rumor y de la predisposición genética del grupo de población en el que este se extendiera.

Esta predisposición infogenética es muy variada. De base, los seres humanos tenemos un gen egoico muy curioso que nos hace pensar que somos «mejores» por saber algo y, claro, la única forma de que los demás se den cuenta de lo que sabemos, es contarlo. Por eso los chismes «nos queman en las manos» (o en la lengua), y estamos deseando soltarlos. Pero esto no pasa solo con los chismes, también pasa con infoinfecciones relacionadas con política, economía, deporte y temas de todo tipo.

Un infovirus bien diseñado encajaría perfectamente con nuestras células cuñado, por ejemplo. Estas células siempre están deseando recibir cualquier bit de infoinformación (aunque sea infecciosa) que permita quedar por encima de alguien o resetregarle algo. Sobre todo en los ambientes más infecciosos: facebook, twitter, cenas de Navidad…

Este ADN cuñado infoinfectado se replica incansablemente de manera automática y sin contrastar informaciones ni fuentes cuando el infovirus está bien diseñado. Al más puro estilo parásito, el infovirus nos lleva así a clicar y compartir todo tipo de bulos y noticias falsas que coincidan con nuestra infoinfección inicial sin pensarlo un milisegundo, porque su famosa «espiga» encaja con un preconcepto, prejuicio o creencia que nuestras células cuñado tenían de por sí.

En tiempos de infoinfección vía oral o papel, la investigación era muy lenta. Ahora, con la infoinfección vía digital, estos tiempos son tan cortos que permiten unas optimizaciones asombrosas de los infovirus en los infolaboratorios. De hecho, estos laboratorios tienen tal potencia que incluso crean individuos virtuales (perfiles falsos en las redes sociales) para potenciar la capacidad infoinfecciosa de sus infovirus.

Las inteligencias artificiales de las redes y sus algoritmos y todos los datos con que las alimentamos, dan lugar a la creación de todo tipo de nuevas infocepas, cada vez más efectivas. Saben dónde nos pica y diseñan el infovirus perfecto para que nos apetezca utilizar esa maldita espiga para rascarnos.

Potenciadores del sistema infoinmune

¿Qué podemos hacer ante todo esto? ¿Hay vacuna?

La educación, como hemos visto, potencia enormemente tu sistema, pero puedes aplicar también otras medidas.

Desinfoxicación

Es una de las prácticas que más te puede ayudar a fortalecer tu sistema inmunoinformativo.

  • Disminuye los contactos de riesgo. Si ya has localizado perfiles y/o medios que son fuentes de infoinfección (porque comparten bulos y noticias falsas, por ejemplo) deja de seguirlos.
  • Desintoxica tu sistema informativo y regálate momentos de bajo o ningún estímulo (sin redes sociales, sin televisión…)
  • Elige tú los momentos y los medios por los cuales quieres informarte.

Cuarentena informativa

  • Cuenta hasta 10 antes de clicar «me gusta» y/o compartir en una información que te parece sospechosa (y, si no te parece sospechosa, también).
  • Recuerda que los infolaboratorios crean inforvirus que buscan tu click. No se lo regales tan fácilmente.
  • Contrasta la información, busca sus fuentes. Si no lo puedes contrastar, déjalo en cuarentena. Ante la duda, no lo compartas.

Espíritu crítico

Esta es una de las mejores «vacunas» que puedes utilizar. Antes de difundir, pregúntate qué hay detrás de esa información que vas a difundir. No te pido que te pongas en plan conspiranoico. La tendencia conspiranoica debilita tu sistema infoinmunológico y te predispone a ciertas infoinfecciones. Solo te pido consciencia y presencia.

Como mínimo, puedes aplicar a la información susceptible de infecciosa los famosos 3 filtros de Sócrates:

  1. Verdad. ¿Estás seguro de que lo que vas a compartir es verdad?
    ¿Puedes probarlo?
  2. Bondad. ¿Va a tener algún tipo de efecto positivo en los que reciban esa información?
  3. Utilidad. ¿Va a servir para algo?

Test sesgocognitivo

Este es un test que estoy preparando, así que me lo dejo para otro artículo porque da para mucho, pero puedes ir investigando los diferentes sesgos cognitivos a los que la pieza de información con la que te encuentras puede estar atacando. Caemos en estos sesgos con una facilidad pasmosa. Los laboratorios de infoingenería lo saben y lo utilizan, no te quepa duda.

El burdo rumor.

Hablando de rumores… no me he querido resistir a incluir este temazo de Javier Krahe. Porque va de rumores y porque me encanta. Así nos reímos un poquito.

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