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El lío de la matrix. 

 noviembre 6, 2020

By  Mariluz Ortega

Una de los conceptos más desconcertantes con los que te puedes topar en el mundillo del crecimiento personal es esto de “la matrix”, “maia” o “la ilusión”. Te lo puedes encontrar de diferentes maneras según la corriente a la que te arrimes pero, en esencia, viene a indicar más o menos que el mundo que ves, no existe.

La reacción normal de cualquier hijo de vecino es, cuando menos, escéptica. Vamos que es de lo más lógico que te salga un “pero ¿cómo que no existe, si lo estoy viendo?” como una casa nada más empezar.

Por si a estas alturas todavía no te habías dado cuenta (este es ya el décimo artículo de la serie de 30 diarios que publico) soy MUY mental. Yo no doy vueltas a las cosas, yo las centrifugo hasta dejarlas secas. Y esto de “la ilusión” creo que es lo más difícil de centrifugar con lo que me he topado hasta la fecha. Te lo voy a presentar tal y como yo entiendo este barullo ahora mismo (después de darle muchas vueltas), pero a lo mejor dentro de un año te lo explico de otra manera porque lo he comprendido de otra forma. O a lo mejor este es uno de esos conceptos que no puedes entender sino que simplemente tienes a aceptar.

Bueno, a lo que vamos. Madre mía, el jardín en el que me voy a meter… Estoy escribiendo esto para ver si yo misma soy capaz de aclararme y ponerlo por escrito pero, si no se ha hecho ya, me imagino que no es nada fácil hacerlo.

El primer obstáculo con el que nos enfrentamos es la definición de “realidad”.

¿Qué estamos entendiendo por “realidad”?  Siendo radicales, solo es real algo que no puede ser cambiado.  El mundo es siempre cambiante ¿verdad?  Desde esta definición, por lo tanto, el mundo, tal y como lo vemos, “no es real”. Si consideramos que solo lo real existe, entoces el mundo, como tal, no existe. Y eso incluye todo lo que hay en el mundo. Esto te incluye a ti y a  a mí. Al menos la parte de nosotros que cambia: el cuerpo. Si consideras que tienes alma o esencia y que esta es inmutable, entonces esa parte de ti es la única real y la única que existe.

Esto es una fumada muy gorda, lo sé.

Todo lo que no es real, no es esencia y cambia, es justo lo que percibimos con los sentidos. Para nosotros, por lo general, es justo eso que percibimos lo que existe y estamos diciendo que es exactamente al revés. ¿Qué locura es esta?

Creo que la clave aquí no está en enredarse en discusiones eternas sobre si un objeto existe o no, sino en darse cuenta de que, en realidad, nuestra experiencia aquí es efímera, que solo podemos percibir parte de la realidad y que esa parte que percibimos la estamos interpretando todo el rato y por defecto. Lo que percibimos, por lo tanto, no es real sino una interpretación que hacemos de la información parcial que recibimos a través de nuestros sentidos. Esto es “la matrix”, “maia”, “la ilusión” o como lo quieras llamar. O “el sueño” (que la vida es sueño y los sueños, sueños son).

Platón lo explicaba muy bien en su mito de la caverna. Si todo lo que ves en tu vida son las sombras que proyectan unas figuras en el fondo de la caverna, tú creerás que esas sombras son la realidad porque en tu vida has visto otra cosa. Es lo único que percibes y para tí es real.

No es nada descabellado.  Mira cómo reacciona un bebé a una sombra.  Convendrás en que la sombra en la pared no es un mostruo real, pero díselo al bebé…

Esto de “la matrix” solo nos recuerda que lo que consideramos realidad no es más que una ilusión compartida y consensuada y cuando más compartida y consensuada es, más real nos parece y más entidad le damos.  Más «nos lo creemos».

Salir de la matrix sería equivalente a despertar del sueño y darte cuenta de que esto que percibías como real es todo efímero e ilusiorio. Es poder salir de la caverna y entender que lo que estabas viendo no eran más que sombras proyectadas en una pared (¿te imaginas el shock?) No es que las sombras no existan sino que no tienen entidad propia.

Es muy chocante porque va en contra de nuestro sentido común, el que utilizamos en el día a día y nos ayuda a movernos por el mundo sin chocarnos con las cosas. Porque claro, por mucho que alguien te diga “esta piedra no existe”, si te la tira con fuerza y puntería a la cabeza, te la abre. Y duele… ¿o no?

Uf. Lo voy a dejar aquí, que casi me estoy mareando. Me conozco y sé que le seguiré dando vueltas, así que, si tengo alguna comprensión más, me asomo por aquí y te la cuento.

Cuéntame: ¿cómo lo ves tú?

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