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El dedo que pulsa la tecla. 

 diciembre 15, 2020

By  Mariluz Ortega

¿Te acuerdas de la peli «la mano que mece la cuna«? De alguna forma aludía al hecho de que la mano que mece la cuna, controla el mundo. A través de la educación de los niños, claro. ¿Una sola mano? Obviamente, no. Pero la suma de muchas, sí. Resulta lógico pensar que, quien controle las manos que mueven las cunas, tendrá poder también ¿verdad? Mucho, de hecho. Sutil, pero inmenso.

Hoy en día, en un momento histórico en el que podemos hacer prácticamente cualquier cosa por vía informática y a golpe de click (y más a raíz de la pandemia), parafraseando el título de aquel famoso thriller de los 90, podríamos decir que la clave está en «el dedo que pulsa la tecla».

¿Un solo dedo? Obviamente, no. Pero la suma de muchos…

Quien controla los clicks, controla el mundo.

Pero ¿quién controla muchos de esos clicks? Las redes sociales. Aunque, ahora que lo pienso… más que controlarlos, las redes sociales proporcionan simplemente algunos de los escenarios más habituales para representar este «baile de clicks» en el que participamos sus usuarios. Estos escenarios de las redes no son los únicos y van evolucionando, pero hoy en día son de los más utilizados y explotados.

Como ves, esto de las redes sociales, aparentemente gratuito, entretenido, útil e inocente… no lo es tanto. Esta nueva forma de vivir y relacionarnos cibernéticamente, tiene una «cara B»: nuestros clicks no son ni gratuitos ni inocentes. Los algoritmos de las redes sociales los utilizan sin piedad y les sacan mucho más partido del que te puedas imaginar.

Las macroempresas detrás de cada red social nos conocen casi mejor de lo que nosotros nos conocemos a nosotros mismos, más que nada porque viven de los ingresos publicitarios que consiguen gracias a ello. Saben lo que nos gusta, lo que nos disgusta, lo que nos hace gracia, lo que nos enerva… Y, no te quepa duda: exprimen al máximo ese conocimiento que inocentenmente les hemos regalado.

¿Qué es lo que buscan las redes? Como empresas que son, probablemente el máximo beneficio. Como todas. Pero con una peculiaridad importante: son empresas trans-nacionales. Las GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) seguramente tienen ya más poder que los gobiernos de las naciones a muchos más niveles de los que en este momento me puedo llegar a imaginar.

¿Qué venden? En el caso de Amazon, por ejemplo, de todo. En otros casos, tú, yo y el conocimiento y los contenidos que aportamos de manera gratuita a redes como Youtube somos «el producto» y también el cliente. A veces directo, cuando pagamos para que no nos interrumpan con anuncios o cuando pagamos para hacer campañas publicitarias, y otras indirecto, cuando las empresas que quieren vendernos cosas pagan a las redes para utilizar la información que poseen y así poder mostrarnos sus productos para que los compremos.

Las redes comercializan la información que les proporcionamos y le sacan todo el partido que pueden. Pero somos nosotros quienes damos a las redes el poder que tienen. Ese poder viene de toda la información que producimos y de nuestro comportamiento, o sea, de la suma del poder de nuestros clicks (otra vez la masa). Poder para construir y destruir imperios y reputaciones. Son el Anillo Único de nuestros tiempos.

La tentación.

Un acto tan cotidiano, tan inconsciente y poderoso como un click… ¿Cómo no utilizarlo? Si te pones en modo cómic o peli de súper héroes (ya que hemos empezando hablando de cine), debe de resultar una tentación irresistible para los súper villanos: todo ese poder, toda esa información, ahí, fácilmente accesible, tan asequible, tan apetecible, lista para ser utilizada para tus fines.

Ufff. <img role=» /> ¡Qué grima! Se me acaba de ocurrir una analogía de lo más bestia… pero no del todo fuera de lugar. Acabo de ver las redes como si fueran auténticos burdeles tipo «far west», proporcionando un escenario en el que a la vez somos prostituta y cliente. Somos producto con nuestros clicks y con los contenidos que creamos. Y a la vez somos cliente con los contenidos que consumimos y también con nuestros clicks, sin plantearnos si quiera de dónde viene eso que estamos consumiendo.

Cuesta ser conscientes de todo esto porque viene disfrazado de oropel y entretenimiento barato («gratis», de hecho). Pero los dueños del negocio (y, sobre todo, los que se aprovechan del potencial de las redes y mueven desde la sombra lo que se representa en su escenario), no tienen el menor escrúpulo en sacar tajada de nuestros más bajos instintos, promoviendo el odio o lo que haga falta con tal de salirse con la suya y de llevar a cabo sus planes: destruir reputaciones, derrocar gobiernos, manipular elecciones o lo que sea. Solo tienen que encontrar la manera de utilizar la información que ya tienen para llevarnos al click.

Utiliza tu poder sabiamente.

Todo esto no es nada nuevo. Lo de la desinformación y la propaganda se lleva utilizando desde siempre. De vez en cuando pega un salto cuántico, como ocurrió en la Segunda Guerra Mundial. O como ha sucedido ahora, con este nuevo escenario. Pero no está de más recordar que todo esto existe y que está muy a la orden del día. Solo si somos conscientes de ello podremos actuar en consecuencia.

A nivel simbólico, el dedo índice ha representado tradicionalmente el poder porque se suele utilizar para señalar y mandar (y también para acusar). Hoy, más que nunca, ese dedo que pulsa la tecla, representa el poder que tienes. ¿Cómo vas a utilizarlo? ¿A quién se lo estás regalando?

Si quieres ver cómo se manipula la opinión, tanto en las redes como fuera de ellas, puedes echar un vistazo a este vídeo de twitter.  Hay empresas que se dedican a crear todo tipo de falsos perfiles (e incluso asociaciones) para encubrir todo tipo de intereses.

Cuéntame: ¿cómo lo ves tú?

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