Cómo sentir más (y tal vez mejor).

Este artículo sobre cómo sentir más está especialmente dedicado a nuestro querido y expansivo Júpiter, que transita en estos meses por el intenso signo de Escorpio (un beso desde aquí para el gigante gaseoso).

Escribo esta reflexión con todo el “cariño” desde mi yonki interior, directamente al tuyo (si lo tienes, que no todos somos iguales ni tenemos los mismos peligros potenciales).  Si eres un sibarita entrenado, esto no va contigo pero puede que te ayude a comprender a los que tendemos a ser un poco yonkis.

Vamos a hablar de “la insoportable insaciabilidad del sentir“.  Me refiero a eso que nos lleva a beber, comer, fumar o follar como cosacos o a tirarnos desde un puente cada vez más alto para conseguir nuestro chute.  De adrenalina, de lucecitas, de emoción…

En la otra polaridad, lo mismo puede llevarnos a ver 4 temporadas seguidas de una serie (mi caso) para anestesiarnos y no sentir.  No nos olvidemos de que vivimos en plena dualidad y las monedas tienen dos caras.

Antes de seguir.  Sé que el título puede llevar a engaño así que, si has llegado a este artículo buscando porno, te has equivocado.  ¿O tal vez no?

Sigo.

Con permiso de la astrología.

Si eres escorpión de sol, luna o ascendente, tienes algún estellium en escorpio o eres bastante “plutoniano”, seguro que sabes de lo que estoy hablando.  Me da a mí que Neptuno también tiene vela en este entierro pero con él estoy menos familiarizada.

Servidora ha descubierto recientemente que tiene a Plutón en conjunción a Marte y a Júpiter.  Con un par.  La situación podría resumirse como “p**a intensidad de los c***nes“.

Vamos, que ligerita no soy precisamente.  Lo que te estoy contando tiene tintes autobiográficos.

Hoy voy a confesar.

Mientras escribía me he dado cuenta de mi tendencia a estar en // modo Pantoja ON.

En principio porque, con esto de tanto planeta junto, me ha venido a la mente la canción “hoy voy a confesar que estoy algo cansadaaaaa.  De llevar este estellium que pesa tantooo“.

Pero luego me he puesto a ver GIFs y me he dado cuenta de que lo que te estoy contando también tiene que ver con…

como sentir más

Porque a veces esto de la intensidad y del “sentir más” se nos va de las manos y nos hacemos mucho daño.  Sobre todo los yonkis del dolor.

Sí, sí, como lo oyes: te puedes hacer yonki del dolor “a lo tonto” y buscar inconscientemente sufrir más y más.  Si eres adict@ al drama, seguro que me has entendido.  Es retorcido, pero doy fe de que ocurre.  Nuestros programas inconscientes son así de “majos” a veces.

Dámelo todo.

Da igual que sea comida, bebida, sexo o incluso dolor.

Esta es la frase que resume esta pulsión de sentir más.  El clásico “lo quiero todo y lo quiero ahora“.  O el más jocoso:

“Ay, Señor, dame paciencia… ¡Pero dámela ya!”

Todas estas frases ejemplifican esta sociedad de consumo rápido en la que vivimos.  Y ¿qué ocurre cuando queremos “sentir más” desde ese consumo rápido?  Pues eso: que nos consumimos.

Nos consumimos consumiendo.

Consumimos el sentir, consumimos nuestros cuerpos, nuestras vidas… consumimos hasta el planeta en el que vivimos, como pequeños agujeros negros con patas que se lo “tragan todo” a su paso.

La pulsión descontrolada del sentir más suele darse desde dos modalidades:

  • buscar tener cada vez más experiencias o
  • buscar cada vez experiencias más fuertes,

sin que te importe nada más.

Hasta el límite.

El problema es que, tarde o temprano, encuentras un límite.

Es muy fácil verlo en el mundo de las drogas (da igual que sea la heroína, las series o las compras).  Existe un límite y, si lo traspasas… GAME OVER.  Puedes morir (de sobredosis, por ejemplo).

(Por cierto, siguiendo con las alusiones astrológicas: esto de “pagar el pato” creo que es muy de Saturno en Capircornio y tenemos de esto para casi tres años).

Además, si te acercas a ese límite, probablemente hace ya tiempo que lo de beber, comprar, ver series o lo que sea, dejó de ser divertido.  Paradójico pero cierto.

¿Te diviertes?

Es la pregunta del millón.  Se supone que queremos “sentir más” porque mola, porque nos hace sentir bien, porque “es divertido” ¿verdad?

Vale.

Párate un momento (me lo digo a mí misma también) y mira a ver.

¿Sigue siendo divertido lo que estás haciendo?

Me viene a la mente la típica frase “no, si yo lo controlo“.  Hummmm.  Eso suele ser síntoma de todo lo contrario: “eso” te controla a ti.

Cuando la pulsión te controla a ti, deja de ser divertida y te conviertes en un esclavo de tu “ansia viva”. Llegado a ese punto, es como si sintieras un vacío que no hay forma de llenar.

Ya lo cantaban los Rolling (muy moderaditos en este vídeo, por cierto): I can get no satisfaction

¿Existe alternativa?

Pues mira, sí.  Eso creo (o espero).

Para sentir más hay dos opciones:

  1. La más clásica y de la que llevo hablando durante todo el artículo: buscar cada vez más experiencias o experiencias más fuertes.
  2. La menos explorada: hacerte más sensible.

Chantatachaaaaaán.

En efecto: hay otra forma de sentir más que no te consume y es hacerte más sensible.  Es una vía prácticamente inexplorada, la verdad.

Vale, y ¿cómo se hace eso?

Apreciación desde el presente.

Me alegra que me hagas esa pregunta (o, mejor dicho, me alegro de haberme hecho esta pregunta a mí misma).

La respuesta principal (hay algunas secundarias) está en la presencia.

Me explico con un ejemplo:

Cuando comes ¿estás comiendo mecánicamente, masticando y deglutiendo sin sentir ni degustar?  Yo suelo comer así y ¿sabes qué pasa?  Que, como no me he enterado de lo que he comido, acabo comiendo de más.

Esto se aplica casi a cualquier cosa en tu vida: si estás presente, es más probable que lo disfrutes, te llene y te satisfaga.  Y si no estás presente en ello al 100%, se te escapa.  (Como “bonus extra”, cuando estás presente, es más fácil que veas si lo que quieres es comida o si lo que buscas es otra cosa: afecto, calor, mamá…)

La presencia es la clave para sentir más, disfrutar y sacar todo el jugo a la experiencia.

Hay otros factores que ayudan, pero pueden despistar.

Novedad, necesidad y escasez.

A nuestro cerebro le encanta aprender y le flipan las cosas nuevas; la novedad es uno de sus alimentos favoritos y por eso nos encanta estar al día de noticias y cotilleos.

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Sacan un refresco nuevo, lo pruebas y…. ¡ Guau, te encanta!  Empiezas a beberlo sin parar y lo pides siempre que sales.  Peeeero… ¿y si ves otro nuevo?  ¿Serás fiel a tu refresco como a tu detergente?  Mira que yo soy fiel… pero aún así, caigo.  Caemos.  Y volvemos a empezar.

Esto es lo que mueve a las compañías de refrescos (o de detergentes, perfumes o lo que sea) a innovar, para volver a tentarte y estimular en ti eso que solamente se detona ante lo nuevo.  Aunque sea modificando un poco el diseño de la botella nada más.

Aparte de todo esto, es más fácil que disfrutes del refresco cuando necesitas refrescarte ¿verdad?  Por eso coca cola y las cerveceras arrecian con su publi en verano.  😉

El factor de la escasez también influye.  Cuando estás en casa y tienes cerveza Mahou en cada bar, no la valoras igual que si te vas a Rusia y no la encuentras.  Allí valorarás otras cosas que no tendrás cuando vuelvas a casa.  Pero ¿cómo te sabe la primera cervecita de vuelta a casa?

Por mucho que te guste la pizza, si la comes todos los días, acabas aborreciéndola y dejas de disfrutarla.  Tampoco la disfrutas tanto si te la comes sin hambre.

En la variedad y la escasez suele estar la clave.  Pero también en la necesidad.

¿Por qué?

Porque todas estas cosas hacen que valoremos más la experiencia.  Son acicates para esa “apreciación” desde el presente.

Pero ojo, que esto puede llevarte a buscar la novedad o la rareza también de forma compulsiva y estarías saliendo de la sartén para caer en el fuego.  Si viajas por todo el mundo para apreciar esa primera Mahou fresquita de tu vuelta a casa (sin que te guste viajar), esto puede ser un problema.

Buscar en lo pequeño.

Esa Mahou fresquita de vuelta a casa es algo muy barato y muy cotidiano.  O sea, que no hace falta comprarse un yate; se puede disfrutar en lo pequeño.

Hay dos movimientos esenciales en la vida que la respiración refleja muy bien: inspirar (hacia dentro) y expirar (hacia fuera).  Los dos han de alternarse para sobrevivir y ambos están a tu disposición a la hora de tener experiencias.

El buscar compulsivamente tener más experiencias o más fuertes es un “ir hacia afuera”.  Si te quedas en esto, te dispersas y tiendes a quedarte vacío, seco, como cuando expulsas todo el aire.  (Míralo en plan escala: de tu casa a tu pueblo, tu país, tu planeta, el Sistema Solar, la Galaxia…  Te dispersas).

El otro movimiento, el de inspiración, te lleva hacia dentro, a apreciar el detalle dentro del detalle, al descubrimiento de algo que no habías apreciado antes dentro de una “misma” experiencia.

Te pongo un ejemplo más claro para que se entienda.  Cuando te aburres de tu pareja puedes hacer dos cosas: buscarte otra (de la que te aburrirás tarde o temprano igualmente) o descubrir cosas nuevas con la que ya tienes.  La primera opción es “hacia fuera” y la segunda “hacia dentro”.

Curiosamente, yendo hacia dentro descubres que en lo pequeño, se encuentra contenido el Universo.  Que entre los átomos hay enormes espacios vacíos, similares a los que hay entre las galaxias.  Puedes descubrir nuevos mundos en ese movimiento hacia dentro.  Sutiles, pequeños, pero nuevos al fin y al cabo.

Hay crecimiento hacia dentro.

En la respiración se ve muy claro: cuando inspiras, te expandes.

Soltar y abrirte a lo nuevo para sentir más.

Pero si inspiras y retienes el aire (la experiencia) durante demasiado tiempo, te mueres.

Hay un límite para el aire que te cabe en los pulmones.  Hay un límite para el tiempo que puedes sostener una experiencia.

Tienes que soltar el aire para renovarlo.  Tienes que soltar la experiencia para que entre otra nueva.

Y es que hay un componente de la compulsión en el que acabo de caer ahora mismo.

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Una característica de los compulsivos de la que no era consciente es que buscamos REPETIR la experiencia.  Y, a veces, eso es misión imposible.

No volverás a tener un “primer beso” en general. Tendrás el primer beso con una persona diferente o un beso alucinante con tu pareja de siempre, pero NUNCA volverás a tener la experiencia “el primer beso” y, si la buscas, el plato de la frustración estará servido en tu mesa.

A los que somos repetidores insaciables nos cuesta, pero aprender a disfrutar de lo nuevo en lugar de temerlo, es fundamental para dejar de buscar de forma compulsiva el “sentir” afuera.

Acojona.

Lo nuevo, digo.

Es desconocido y eso a muchos nos asusta porque nos lleva a sentir cosas que no podemos controlar.   O sea, que soltar el control sobre eso que se busca sentir es otra clave: soltando ese control eres más libre.

Oye, GRACIAS.  Si no me pongo a escribir todo esto para compartirlo contigo, no me habría dado cuenta. A lo mejor tú lo tienes totalmente integrado pero a mí todo esto de soltar el control, abrirme a lo nuevo y demás, como que me cuesta.

Si te surge alguna reflexión al respecto, por favor, compártela conmigo en los comentarios, para ir ampliando consciencia.

Algunas de estas cosas sí que las había visto ya y las comparto contigo en esta guía para superar limitaciones, que te puedes descargar GRATIS haciendo clic aquí si te interesa.  Como lo del “Kontrol”, por ejemplo.  pero de otras me acabo de dar cuenta.

Si tienes algo que decir, aprovecha y cuéntanos.