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¿Cómo funciona la famosa Ley del Espejo? 

 noviembre 2, 2020

By  Mariluz Ortega

Si me pidieran que nombrara 3 cosas realmente inmisericordes de este mundo nombraría estas tres: la gravedad, la entropía y el espejo. Y no necesariamente en ese orden.

La gravedad no perdona y al final todo termina cayendo. La entropía tampoco, y al final todo se termina estropeando, desordenando, ensuciando y desmoronando. Y el espejo… no miente (que se lo digan a la madrastra de Blancanieves, que mira que lo intentó).

Es por ello que la Ley del Espejo, de la que hablábamos en el artículo de ayer, es una de las que nos puede resultar más útil a la hora de conocernos y de calibrar cómo andan nuestras esferas de luz personales. O sea, a la hora de saber cuáles son nuestros patrones, creencias, estados emocionales,etc.

El problema es que no solemos entenderla demasiado bien de primeras y eso genera confusión.

No sé a ti, pero a mí me encantan las reglas simples que se pueden aplicar siempre. Supongo que por eso me gustan las matemáticas. Tú pasas dos números por una operación de suma y oye, siempre se suma uno más el otro. Es una gloria. Pero la Ley del Espejo no se aplica así y por eso tendemos a confundirnos.

Normalmente esta Ley suele definirse de una manera muy simple: lo que ves en el otro que te molesta, es tuyo. Y claro, con la tendencia que tenemos a reducir y simplificarlo todo (yo la primera), lo llevamos al extremo y nos perdemos. De primeras, hay cosas que no encajan. “¿Cómo que todo lo que veo en el otro es mío? ¿Si me molesta que mi compi de piso no mueva un dedo y sea un vago yo también lo soy? Pero si soy yo quien lo hace todo…” O también “pues mi vecina es rubia y la veo todos los días y no por eso lo soy yo”.

Y es que la Ley del Espejo no es matemática. Es una forma retórica de referirnos a un fenómeno muy natural que puede costar un poco entender. A ver cómo te lo explico…

Aunque todos vivimos en el mismo mundo, no todos lo vemos igual ¿verdad? Aunque el mundo es el mismo… ¿Por qué?

Imagina este experimento: metes a 10 personas en un cine a ver una película que tú no has visto. Cuando la peli acaba, les pides que te la cuenten. Estoy segura de que terminarás poniendo en duda que los 10 hayan visto la misma película. Uno se habrá dormido, otro se habrá salido del cine porque no lo soportaba, otro habrá llorado, otro se habrá emocionado, otro se habrá aburrido como una seta y se habrá pasado la proyección mirando el móvil… La peli es la misma pero la experiencia de cada espectador con ella, no. ¿Por qué? Por la Ley del Espejo. Cada uno ha proyectado su propia peli en la peli.

Tendemos a interpretar esta Ley como que lo que veo me muestra exactamente lo que soy yo y lo intentamos reducir a grados matemáticos. Así surgen confusiones de este tipo: “Si veo en fulanito a un asesino y me molesta, entonces ¿yo también lo soy? Pero si yo nunca he matado a nadie…” “Si fulanito me maltrata y me molesta ¿entonces soy también un maltratador? Pero si yo soy la víctima…

A veces le ponemos un parche a todo esto y lo apañamos en plan “es que puede que el espejo te esté reflejando un extremo o el otro y es lo mismo”. O también “es que en realidad esto te molesta porque te está reflejando algo que te gustaría y no te permites”. Y ambas cosas son ciertas, pero muchas veces nos confunden más.

La primera porque, además de tener que hacer el esfuerzo de entender lo del espejo, tienes que hacer el requete esfuerzo de avergiguar qué extremo es el tuyo (receta segura para un esguince cerebral). Y la segunda ya suele ser para tirar de pitonisa televisiva directamente… ¿Cómo rayos sé yo si me refleja lo que soy, el otro extremo o lo que me gustaría ser? Demasiado complicado ¿verdad? Tan sencillita que parecía la Ley del Espejo…

Tal y como yo lo veo, todas esas fórmulas a las que intentamos reducir esta ley, solo son orientativas. Lo que la Ley del Espejo nos recuerda es sencillamente que la realidad que ves te está hablando todo el tiempo de ti mism@. Vista así, efectivamente, la realidad es como un espejo.

Gracias a esta Ley puede utilizar TODO lo que te pasa para mirarte, verte, reconocerte y chequear cómo va tu esfera de luz. De igual forma que no te puedes ver la cara si no utilizas un espejo, tampoco puedes “verte la esfera” si no es en el reflejo de la realidad.

Y aquí llega lo más complicado: que para entender lo que ves, tienes que interpretarlo.

Este es el trabajo que realiza tu cerebro. En realidad, tus ojos no “ven” nada. Son solo receptores de luz que mandan señales al cerebro. Es tu cerebro el que interpreta lo que ves y te lo traduce en algo que puedas entender. Necesitas un entrenamiento para reconocer colores y objetos e ir formando una buena base de datos que tu cerebro pueda utilizar para reconocer el mundo y moverse por él de manera eficiente. Es lo que hacemos de pequeños y es lo que imagino que hacen las inteligencias artificiales también.

A esta capa de interpretación primaria, se añaden luego muchas otras que lo complican todo. Porque los humanos tenemos una peculiaridad muy curiosa: somos seres con pensamiento abstracto. Eso puede darnos una ventaja competitiva (por cierto, las matemáticas son un resultado de ese pensamiento abstracto) pero también puede ser un obstáculo porque a veces resulta confuso.

Gracias a esta capacidad de abstracción somos “animales simbólicos” y podemos utilizar la astrología, el tarot, etc. (hablaré de ello próximamente). Y podemos decir “te noto frío” y sabemos que nos estamos refiriendo a algo metafórico y emocional, no a que la temperatura de nuestro interlocutor haya bajado hasta los 35ºC o esté al borde de la hipotermia.

Si utilizamos esta capacidad que tenemos, podemos utilizar toda la realidad que nos rodea como un espejo. Pero no es un espejo literal sino metafórico. Y holográfico (por si fuera poco complicado ya). O sea, que la misma información está reflejada en todas partes y de muchas maneras diferentes. La ventaja es que está muy disponible y el inconveniente, que no es nada fácil de descifrar. Por eso nos perdemos con la Ley del Espejo.

Como siempre, tenemos que tirar del detector más potente que tenemos: nuestras emociones.

Que tú veas un asesino en las noticias no tiene por qué significar que tú también lo seas. Pero si ves un asesino en las noticias y te echas a temblar o a llorar o se te mueve algo por dentro fuera de lo “normal”… ahí hay información valiosa para ti y puedes indagar.

Si te molesta que tu compañero de piso sea un vago y no limpie tanto como tú y eso te tiene cabreado como una mona día sí y día también, pero sois tres y al tercero le da igual… Tu compañero “el vago” te está haciendo de espejo para algo que tú no tienes del todo colocado. Y no quiere decir que te esté reflejando exactamente lo que tú eres. O sí. Es lo que tiene la Ley del Espejo, que es simbólica y no matemáticamente literal.

Que tu compañero sea un vago es tu interpretación y, si te molesta, es que algo tienes tú o con la vagancia o con la limpieza que te saca de la neutralidad. Puede que te esté reflejando que tú haces el vago en otras áreas de tu vida y no te das cuenta, pero también puede estar reflejándote que te gustaría también estar tirado en el sofá pero no te lo permites. O puede que te esté reflejando lo que tu abuela tuyo que soportar con el vago de su marido o de su hermano. Vaya usted a saber.

El espejo no te dice exactamente el qué, pero sí que te da un pista temática y esta la sueles encontrar en la forma en la que te expresas. Esa forma en la que te expresas y hablas, suele reflejar directamente la interpretación que estás haciendo de los hechos y qué filtros estás utilizando para ello. Ahí es donde está todo el jugo del espejo.

Utilizar la Ley del Espejo es más un arte que una ciencia. Requiere tiempo y, a veces, requiere recopilar más pruebas. Yo soy una fisonomista pésima y suelo necesitar 3 o 4 encuentros para recordar una cara (a veces, ni con esas la recuerdo). Con la realidad nos pasa lo mismo: podemos ver reflejado en el espejo un tema 10 veces y, aún asi, no verlo. Es como si desarrolláramos “ceguera selectiva” o como si fuéramos daltónicos y no consiguiéramos ver determinados colores o los confundiéramos.

Al final, como en todo lo relacionado con el crecimiento personal, necesitas voluntad. Para utilizar la Ley del Espejo tienes que quererlo y tienes que ponerte a ello. Al final, a base de práctica, lo vas entendiendo y le vas cogiendo el truco. Pero recuerda: es algo metafórico. Y también es una de las herramientas más potentes de crecimiento personal a nuestro alcance porque deja la pelota del cambio en tu tejado y eso siempre empodera.

Sin espejo, terminas pensando que, para que tu situación cambie, el mundo debe cambiar. Ufff. Anda que no es complicado eso…

Con el espejo, te das cuenta de que el mundo te refleja a ti y que, siquieres que la situación que te refleja cambie, eres tú quien ha de cambiar. Y eso es muy diferente porque en tí sí que tienes jurisdicción. De hecho, no tienes jurisdicción sobre nadie más.

Insisto. La Ley del Espejo solo te recuerda que todo lo que ves en la realidad, es un reflejo de ti. Si quieres cambiar lo que ves, cambia tú. Esto es lo que te empodera. No intentes reducir esto a una ecuación de “si veo A es que soy A” porque no es tan sencillo ni literal (es un arte, no un ciencia), pero no deja de ser una herramienta muy potente si la cual, te sería imposible verte.

Cuéntame: ¿cómo lo ves tú?

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