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¿Cómo anda de salud «el patriarcado»? 

 diciembre 4, 2020

By  Mariluz Ortega

Estos días me he topado por las redes con un polémico personaje que me ha hecho reflexionar.  El susodicho personaje tiene un canal de Youtube con más de un millón de seguidores y, en algunos de sus vídeos, realiza encuestas callejeras.  He visto poquitos pero justo uno de ellos me hizo pensar.  En él, este youtuber preguntaba a los viandantes si pensaban que España aún era un país patriarcal y machista, retando (sobre todo a «las» viandantes) a aportar pruebas que demostraran que hoy en día España sigue siendo un país patriarcal y machista.

Pobres de las interceptadas… así, a bocajarro, no es fácil pensar.  Desde casita y con tiempo todavía, pero en la calle, con el ruido y con la presión…

Veamos primero la definición de la RAE:

Sin entrar en polarizaciones ni polémicas y considerando como «patriarcado» al sistema que prima lo paterno en cuestiones legales, y viendo el vídeo de la encuesta, se me ocurrían algunas cosas:

  1. ¿Tu primer apellido coincide con el de tu padre? *  Si es así (es raro que no lo sea), has nacido en un sistema patriarcal.  Aunque sea un patriarcado light y/o en declive y este orden de apellidos sea solo por costumbre o tradición.

    Hasta la ley 20/2011 de 21 de julio de reforma de la Ley de Registro civil que entró en vigor el 30 de junio de 2017 y que permite elegir el orden de los apellidos en el registro, este orden siempre era el mismo: primero el del padre.

  2. Estés a favor o no, vives en un país con monarquía parlamentaria y tienes un rey.  ¿Por qué ha heredado él la corona teniendo 2 hermanas mayores?  Otro indicador que huele a patriarcado.
  3. Estas dos (y seguro que algunas más) me llevaron a darme cuenta de que no podemos desligar las leyes de su contexto histórico. Y ese contexto histórico (el español en nuestro caso) tiene un sistema patriarcal bastante radical en su pasado más inmediato.

Las leyes se hacen para algo.  Muchas veces llegan con gran retraso y otras permanecen olvidadas en el sistema legal a pesar de haber quedado completamente desfasadas de la realidad, dando lugar a leyes absurdas con ganas.  Pero si se hacen, es porque están cubriendo una necesidad o compensando alguna injusticia.

(Lo de las leyes absurdas es de traca…  aquí tienes un listado con algunas de ellas, mi favorita es la 15: «en China es ilegal que los monjes tibetanos se reencarnen sin permiso del gobierno.» ???  Los chinos tiene más valor que el Alcoyano).

O sea, que si hay leyes en nuestro país que buscan la igualdad, por incómodas que a veces nos puedan parecer, es porque están intentando solucionar un problema o compensando alguna injusticia.  En este caso, la desigualdad la arrastramos de un pasado con un sistema claramente patriarcal y bastante machista.  Y no estoy hablando de hace 500 años sino de hace 50, 60, 70… En términos históricos, estamos hablando de hace dos días.  Yo lo he vivido y nuestros padres también.  Y nuestros abuelos, ni te cuento.

Estas cosas están muy presentes en nuestro ADN y en nuestro inconsciente colectivo.  No se erradican de una sociedad simplemente a golpe de legislación sino a base de cambios de comportamiento y de costumbres (o sea, con el tiempo).  Afortunadamente, las nuevas generaciones van incorporando otras formas de vivir más igualitarias, pero tenemos las formas machistas tan cerca en el pasado reciente y casi presente, que todavía podemos sentir su aliento en la nuca aunque no sepamos verbalizarlo.

En España las mujeres tienen derecho a voto desde hace menos de un siglo.  De hecho, nuestras abuelas solo pudieron votar a en 1933 (en dos ocasiones).  Después, con la Guerra Civil y la dictadura, ni hombres ni mujeres pudieron ejercer ese derecho hasta 1977.  No hace ni 50 años de eso.  En términos históricos eso no es nada.  Durante ese duro período de dictadura franquista, las mujeres no podían trabajar ni tener cuenta corriente en un banco si no era con el permiso del marido.  La única salida para una mujer era el matrimonio y la maternidad (las alternativas: puta, solterona o monja, no parecen demasiado apetecibles).  Estaba supeditada al marido (o al padre, o al hermano o al hombre de turno) y dependía de él para sobrevivir.  Su único ámbito era el hogar y se la educaba para complacer al hombre en todo.

Los preceptos inculcados desde la «sección femenina» son de lo más ilustrativo para saber cuál es nuestro contexto histórico y de dónde venimos…

No era una situación igualitaria ni muchísimo menos.  Para más inri, esta dictadura nuestra era nacional-católica.  Aunque legalmente seamos ahora un país aconfesional, todavía nos quedan coletazos de ese catolicismo y, sinceramente, si quieres algún ejemplo de patriarcado… ahí tienes a la Iglesia Católica como muestra, con un sistema jerárquico integrado únicamente por varones y con «El Papa» como máximo representante.

Venimos de un sistema patriarcal muy fuerte y, aunque estemos saliendo de él, todavía sentimos claramente sus coletazos.  Lo llevamos escrito aún en el ADN.  Tal vez dentro de unas décadas o de dos o tres generaciones más, ya no tenga sentido hablar de todo esto.  Ojalá.  Pero creo que aún hace falta hacerlo.

Es cierto que corremos el peligro de irnos al otro extremo.  Corremos el peligro de columpiarnos tanto que caigamos en un matriarcado salvaje.  ¿Queremos eso?  Yo, desde luego, no.  Y ciertamente hay que poner cuidado en no desvestir a un santo para vestir a otro anqur no sea fácil.  Entiendo la rabia de los afectados y entiendo perfectamente su incomodidad, entre otras cosas, porque las mujeres la han soportado durante siglos.  Pero hoy en día no puedo decir con tranquilidad que el patriarcado sea un sistema que ha quedado en el pasado.  Lo siento.  Hay avances y muchos, es cierto (no hay más que mirar las pelis y las series de hoy y compararlas con las de décadas anteriores), pero no está superado.

Seguramente aún sufriremos algunos bandazos en el proceso hasta que el sistema se ajuste y encuentre un equilibrio.  Estos bandazos pueden resultar arbitarios y absurdos a veces (sobre todo para los que se ven directamente afectados y los que tienen la sensación de perder privilegios o verse desplazados), pero son habituales en un sistema que busca el equilibrio en un estado nuevo.

Me dejo lo más polémico para el final y es que no podemos generalizar en ningún caso.  La generalización (sobre todo si está muy polarizada y cargada de ira) genera justo el efecto contrario al que se busca.  A estas alturas no tiene sentido demonizar y culpar a los hombres pues eso solo genera que se demonice y culpe a las mujeres y que entramos así en un círculo vicioso que se perpetúa a sí mismo y no sirve para nada.  Hay que estar muy conscientes para no disfrazar la venganza de lucha por la igualdad.

El patriarcado no solo ha oprimido a las mujeres, sino también a los hombres, que han tenido que suprimir sus emociones o ir a la guerra (por poner tan solo algunos ejemplos) sin que nadie les preguntara.  No se pueden quedar atrás.  También tienen sus problemáticas que necesitan visibilidad (como un índice de suicidios alarmante, por ejemplo), pero a veces tengo la sensación de que entramos en competicón por esa visibilidad.  ¿Seremos capaces de conseguir soluciones para todas estas problemáticas, sean predominantemente masculinas o femeninas sin que unas excluyan o anulen a las otras?  ¿O seguiremos jugando a pisarnos los unos a los otros por esa visibilidad?

Al final siempre termino viendo la misma solución: la compasión.  Solo desde la inclusión y la solidaridad podremos remar todos a una y sumar y crecer y encontrar soluciones todos juntos, en lugar de polarizarnos en bandos y pelear para ver quién la tiene más grande.

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