El beso de amor verdadero (una lectura diferente).

El beso de amor verdadero…

… es la herramienta fundamental que no debe faltar entre los recursos de todo príncipe de cuento que se precie. ¿Lo recuerdas?  Te lo contaba en mi último vídeo.

Te lo dejo aquí por si no tuviste oportunidad de verlo y te apetece echarle un ratejo.  Te lo puedes escuchar sin verlo si no tienes demasiado tiempo, como si fuera un podcast.

 

Uno de los papeles del masculino en los cuentos.

Como te cuento en el vídeo, uno de los papeles de los príncipes en muchos de los cuentos que han llegado a nuestros días (al menos en su versión más disneylándica y light) es la de desfacer entuertos y ofrecer soluciones para los problemas.  Al más puro estilo MacGiver o súper héroe, el masculino aporta sus soluciones y, una de las más solicitadas y efectivas de entre todas las de su arsenal en los cuentos es, sin duda, el beso de amor verdadero.

Pues vamos a ver el porqué basándonos en la típica historia estilo La Bella Durmiente, en la que el príncipe aparece para besar a la princesa y romper el hechizo con uno de estos besos.

Aquí hay algo que no me encaja…

¿A ti te encaja la situación? A mí, sinceramente, siempre me ha parecido un poco rara…

Visto desde la perspectiva actual, esto de besar princesas inconscientes hoy en día le podría costar al príncipe una buena denuncia y eso es lo primero que me choca (y lo que ha sido fuente de polémica con este cuento, por lo que he podido ver por internet).

Pero no nos alarmemos, que tampoco parece la cosa para tanto. Las historias que Disney nos lega en realidad relatan besos bastante castos, que no parecen para nada el preludio de una peli porno.

Ese beso inocente podría ser un beso de cariño, como el que le das a un bebé, a alguien de tu familia o a un familiar cercano.

Pero claro, la princesa no es un bebé. Ni tampoco un niño. Ni alguien de la familia del príncipe.  Ni siquiera una amiga cercana.  Por eso me sorprende que el príncipe pueda darle un beso de estas características (amor verdadero) a una señorita a la que no conoce de nada y que se acaba de encontrar… tú me dirás de dónde le va a salir ese amor verdadero sin saber ni siquiera cómo se llama la criatura.

¿O tú vas dando besos de amor verdadero así, a tutiplén, a troche y moche, sin ton ni son, como si no hubiera un mañana? Me da a mí que no…

Y aún así, el beso surte efecto y rompe el hechizo.

¿Por qué?

Pues, si te digo la verdad, no tengo ni la más remota idea. Pero sí que me ha recordado algo súper importante que he podido ver en ello.

No me voy a meter en jardines que no me tocan sobre la intención tradicional del cuento sino que lo voy a interpretar según el hilo que venimos siguiendo: el de la relación entre tu femenino y masculino internos.

¿Y si ese amor verdadero es el que ha de surgir entre ellos?
¿Y si ese amor verdadero es lo que típicamente calificamos como «trascendencia de la dualidad«?
¿Y si ese beso de amor verdadero lo pones tú?
¿Y si ese beso de amor verdadero e inocente (como el que darías a un bebé) representase nada más y nada menos que la ausencia de juicio en todo esto?

Entonces el famoso beso de amor verdadero es otra historia totalmente diferente ¿verdad?

Un beso alquímico.

Pues esto es lo que vamos a hacer simbólicamente en el taller del próximo domingo (2 de junio): vamos a realizar esa alquimia, a convocar ese beso de amor verdadero entre tu masculino y el femenino internos.

Cuando tus dos polaridades no se juzgan la una a la otra sino que se aman, puedes utilizar ambas, cada una en su momento, sin conflicto ni sufrimiento.

Cuando no juzgas ni condenas a ninguna de las dos en ti…¿cómo crees que será tu relación con el sexo «opuesto» y con tu las personas de tu mismo sexo?

Las dos polaridades en ti (y en el mundo en general) piden a gritos colaboración, reconocimiento y amor verdadero.

Este es un proceso que comienza en ti primero y que se extiende a tod@s tus compañer@s y que vamos a poner en marcha el domingo desde el humor y el juego.

¿Te apuntas?

Házmelo saber para reservarte plaza.  Si te apuntas antes del jueves, tienes descuento.

Tienes más información aquí, en el evento de Facebook.

La princesa y el príncipe. Una lectura diferente de los cuentos.

La princesa y el príncipe

«Hace mucho tiempo, en un mundo muy lejano, había una joven princesa que quedó huérfana en tiempo de guerra.  Le tocó dirigir los ejércitos de su reino, porque no había nadie más que pudiera hacerlo.

Era la guerrera más fiera, amada por su pueblo e imparable en el campo de batalla.  Luchaba cada día y salvaba a sus súbditos batalla tras batalla.  Pero cada noche, acabada la lucha, estaba sola.

Hasta que un día, un campesino vino a unirse a su ejército, tan solitario, furioso y feroz como ella.

Por primera vez descubrió que, cuando marchaba al campo de batalla par salvar a otros, había alguien a su lado dispuesto a salvarla a ella.  Entonces llegó la batalla más oscura de la guerra.

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Reconociendo al masculino.

Sé que me puede caer la del pulpo por este artículo pero aún así… allá voy.  Sin filtros, sin editar y tal como me salga.

Porque es algo que me sale del alma cada vez que, en una iniciación o en un taller, me pongo delante de un hombre.

Siento que lo masculino necesita ser visto y reconocido.  Seguramente por el mismo masculino pero, sobre todo, por el femenino.  (Supongo que viceversa también: lo femenino necesita ser reconocido por lo masculino, pero debe ser que esa no es mi misión).

No sé cómo explicártelo.  Lo que sí sé es que las consecuencias de no hacerlo están siendo desastrosas.

Un masculino no reconocido es un masculino sin ancla, que anda a la deriva sin saber dónde ni en qué apoyarse.

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Dónde están los hombres.

Dónde están los hombres.

Cualquiera que acuda frecuentemente a cursos de crecimiento personal (o de espiritualidad) sabe que a estos cursos acuden mujeres en un porcentaje muy elevado, mayoritario e incluso exclusivo.

Que nos mola a nosotras esto de la evolución, parece ser…

Ya sabes cómo somos: nos emocionamos, nos liamos a hablar, avanzamos juntitas, nos lo contamos todo… Metemos el turbo, nos liamos a correr y a evolucionar como posesas y no nos damos ni cuenta de que nos hemos quedado más solas que una.

Ese momento impactante.

Llega un momento en ese camino evolutivo tan apañao y tan emocionate en que notas como cierta ausencia de algo… Te paras, miras a tu amiga y le dices “tía ¿y los chicos?

Bueno, no. Más bien dirías: tía ¿y los hombres? Porque a estos temas te sueles arrimar más cuando te acercas a la madurez que con 20 años (ya, ya sé que hay excepciones).

El caso es que tu amiga y tú os paráis allí donde os haya pillado la reflexión y miráis atrás. Y tu amiga (perdón por el «loísmo») te dice: “míralos, por allí vienen”.

dónde están los hombres

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Los chicos también lloran.

El movimiento feminista se queja (y con razón) de la tremenda opresión a la que se han visto sometidas las mujeres a lo largo de la historia, como resultado del patriarcado imperante.  Pero lo que pocas veces nos paramos a pensar es en si los hombres han sufrido también por culpa de este sistema patriarcal.

Y la respuesta es que sí.  Y mucho.  Incluso de maneras más sibilinas, porque se supone que «ellos» han tenido el poder, el dinero, los privilegios…  Pero todo disco tiene su cara B y el patriarcado no puede ser menos, por muy rayado que esté.

En realidad, ese poder y esos privilegios, por lo general, estaban (y siguen estando) en manos de un círculo muy reducido de personas.

La herida masculina.

Desde la perspectiva femenina, esto que os voy a contar puede resultar bastante difícil de entender.  Desde el punto de vista de las mujeres, los hombres han tenido siempre toda la libertad, los privilegios, el poder, han hecho lo que les ha dado la gana.  ¿De qué puñetas se pueden quejar?

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Honrando lo masculino.

Gracias por cuidarme, por tu protección, por tu alerta.

Gracias.

Gracias por hacer guardia en la puerta de la cueva para protegernos de los depredadores.

Gracias por arriesgar tu vida en cada cacería para que todos pudiéramos comer.

Gracias por defender nuestro territorio arriesgando tu propia vida.

Gracias por tu fuerza.  Gracias por tu coraje.  Gracias por tu arrojo.  Gracias por tu foco, por tu agudeza, por tu inteligencia.

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Vivimos en un sistema penecéntrico

Anoche me di cuenta de algo muy curioso:

Nos sentimos muy orgullosos y muy científicos por haber reivindicado a Copérnico y Galileo y por defender «la verdad» del sistema heliocétrico.  Esto nos hace sentir muy superiores a los pobres, catetos y miserables hombres medievales, que se creían que la tierra era el centro del Universo.  Jajajaja.  Mindundis…  Qué lelos.  Pobrecitos ignorantes, bajo el yugo de la Iglesia Católica.

Pues hoy vengo a rebatir la teoría heliocéntrica, lo siento mucho.

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El karma volador

Tengo varios artículos en mente que os iré compartiendo según vaya estructurando.  Uno de ellos tiene que ver con el arquetipo de la diosa madre.  En él estaba pensando anoche cuando me retiré a mis aposentos.  Con consecuencias bastante surrealistas que os relato a continuación.

Justo antes de apagar el ordenador para irme a dormir, estuve trasteando por el FB.  Lo último que vi fue esta viñeta de Miss Borderlike.  (A veces el humor burráncano me arranca la carcajada).

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Mi subconsciente, que va a su bola y hace unas asociaciones muy curiosas, me lió una de las suyas.

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