Consejas para la semana del 20 a 16 de agosto.

Hace ya un par de meses que emito en directo todos los lunes a última hora de la tarde en mi Facebook estas “consejas”.

¿De qué van?  Son consejos de crecimiento personal basados en una tirada de cartas con el Tarto Zen de Osho que puedes poner en práctica si te resuenan.  O sea: son “consejas” (si quieres las tomas y si no, las dejas).  😉

No sé por qué, pero no se me había ocurrido compartírtelas por aquí y voy a empezar a ponerle remedio así que… aquí las tienes tal y como surgieron en el más puro directo.

Después elaboro un poco más la tirada y realizo un vídeo con imagen y descripción de cada carta y lo envío por correo electrónico pero solo a los que están suscritos a esta página así que…

Si quieres recibir las consejas ampliadas puntualmente en tu bandeja de entrada los martes por la mañana, suscríbete.  Es muy fácil, solo tienes que dejarme tus datos en el formulario que encontrarás debajo del vídeo (te llevarás un regalo).

 

 

Puedes suscribirte aquí:

Dónde están los hombres.

Dónde están los hombres.

Cualquiera que acuda frecuentemente a cursos de crecimiento personal (o de espiritualidad) sabe que a estos cursos acuden mujeres en un porcentaje muy elevado, mayoritario e incluso exclusivo.

Que nos mola a nosotras esto de la evolución, parece ser…

Ya sabes cómo somos: nos emocionamos, nos liamos a hablar, avanzamos juntitas, nos lo contamos todo… Metemos el turbo, nos liamos a correr y a evolucionar como posesas y no nos damos ni cuenta de que nos hemos quedado más solas que una.

Ese momento impactante.

Llega un momento en ese camino evolutivo tan apañao y tan emocionate en que notas como cierta ausencia de algo… Te paras, miras a tu amiga y le dices “tía ¿y los chicos?

Bueno, no. Más bien dirías: tía ¿y los hombres? Porque a estos temas te sueles arrimar más cuando te acercas a la madurez que con 20 años (ya, ya sé que hay excepciones).

El caso es que tu amiga y tú os paráis allí donde os haya pillado la reflexión y miráis atrás. Y tu amiga (perdón por el “loísmo”) te dice: “míralos, por allí vienen”.

dónde están los hombres

Continuar leyendo “Dónde están los hombres.”

El futuro “es una trampa”.

Si ya me conoces desde hace un tiempecito…  Seguro que no te soprenderá nada lo que te voy a confesar.

Ahí va:

Cada vez que alguien, en consulta de Registros o de Tarot, me hace una pregunta sobre futuro… me viene a la mente la cabeza de un calamar galáctico gigante.  Vestido de blanco.

Espera.

Antes de que te apresures a llamar a loquero de guardia, te diré que no se trata de la cabeza de cualquier cefalópodo marino sino la del mismísimo Almirante Ackbar de Star Wars, gritando “¡es una trampa!”

Continuar leyendo “El futuro “es una trampa”.”

El efecto NOMPILOF

Suena a experimento científico realizado en alguna universidad ex-soviética pero no, en realidad, el efecto NOMPILOF es algo muy nuestro.

AVISO:  El siguiente artículo contiene lenguaje explícito y puede herir la sensibilidad del lector. Está escrito en clave de humor pero si comes ajos, mejor no lo leas, por si te picas.

El efecto clásico

Este efecto NOMPILOF se aplica en la física clásica a esas collejas espontáneas que nacen en unas circunstancias muy concretas del espacio-tiempo newtoniano: justo cuando acabas de terminar de fregar el suelo y viene algún listo y te lo pisa antes de que se seque.

Es esa guantá con la mano vuelta que surge de las profundidades de tu transgeneracional, con cuya energía de por lo menos 300 ancestras se podría iluminar una ciudad de 10.000 habitantes durante dos días enteros.  (Ríete tú de los reveses de Nadal).

Continuar leyendo “El efecto NOMPILOF”

El súper poder de elegir.

.Envidio a los que tienen el súper poder de elegir como si nada, fluyendo y sin despeinarse.

¿Te cuesta elegir?

A mí, sí.  Una barbaridad.

Cada vez que tengo que elegir en qué enfocarme de entre varias cosas, me vuelvo loca.  Me cuesta horrores.  Ya me ocurría en mi faceta repostera: si me apuntaba a un reto creativo, siempre elaboraba más de una posibilidad.  Me resultaba casi imposible ceñirme solo a una opción.

Cuando tengo que dar fecha a un taller, me pasa tres cuartos de lo mismo.  No suelo saber dónde ponerlo y acabo poniéndolo en el peor día posible (cuando nadie puede asistir por lo que sea).

Vaya, que esto tiene pinta de ser un patrón en toda regla: tener miedo a elegir y terminar eligiendo “lo peor”.

El caso es que, esta mañana, mientras me duchaba, me he dado cuenta de algo que me ha dejado loca y que te comparto por si también te sirve:  ELEGIR EMPODERA.

El miedo a elegir “mal”.

Yo tengo requeteinstalado el miedo a equivocarme al elegir.  El miedo a elegir mal y a las consecuencias de esa elección.

Por eso elegir me cuesta tanto.

También, curiosamente, eso es justo lo que me suele llevar a escoger la “peor” opción.

En lugar de escuchar a mi corazón o a mi Ser o como quieras llamarlo para ver qué es lo que de verdad me nace hacer, elijo en función a una supuesta prediccción de los posibles resultados.

Pero, claro, como quiero evitar los resultados “negativos”, en realidad me estoy enfocando en ellos y así es más fácil que los atraiga y los acabe manifestando.

Tengo instalada la creencia de que hay opciones acertadas y opciones incorrectas y que, si elijo “mal”…

Puede parecer un poco exagerado, pero díselo a mi inconsciente…

Decisiones “buenas” y “malas”.

Creo que esto es algo bastante común:  [taq]tendemos a condicionar nuestras decisiones basándonos en el jucio que hacemos del posible resultado de las mismas.[/taq]

Que luego nos reímos de las pitonisas de la tele, pero estamos jugando a los adivinos igualmente.

En realidad son tantos los factores que pueden afectar al resultado de nuestras decisiones, que la mayoría de las veces es imposible preveerlos.  Por eso es tan difícil “acertar” con las decisiones cuando decides basándote en los posibles resultados.

En realidad, las decisiones las juzgamos siempre a posteriori.

¿Qué el resultado nos ha molado?  Buena decisión.
¿Que el resultado nos ha jodido?  Decisión nefasta (“mala” dicisión).

Y ya sabes lo que pasa con el juicio…  que SIEMPRE lleva detrás su correspondiente castigo asociado.

¿Y si el “fallo” está en el sistema de elección?

Decidir basándote exclusivamente en los posibles resultados puede paralizarte.  ¿Entonces?  ¿Cómo decides?

De pequeño haces un poco lo que te da la gana.  Eliges desde lo que te nace.  Pero es probable que te lleves unos cuantos sustos y llegue un momento en que aprendas a “predecir” posibles resultados (por aquello de la supervivencia…)

Te pongo un ejemplo.

Por mucho que te apetezca curiosear en esos agujeritos tan interesantes que hay en la pared… en algún momento aprendes a recordar que la última vez que metiste allí los deditos, tu madre te dio de azotes en el culo diciendo “los enchufes no se tocan”. Y así, mil situaciones más.

O sea: acabas asociando causas con efectos y terminas aprendiendo a “reprimir” o modular tus impulsos por temor a las consecuencias de tus actos.  Cada uno en su medida, que no todos somos igual de responsables ni de aventureros.

Algunos olvidamos casi por completo esa elección por impulso y nos quedamos enganchados en la elección en función de los posibles resultados.

¿Desde dónde elegir entonces?

Tampoco es cuestión de desechar este aprendizaje y vivir a lo loco, haciendo lo que nos dé la gana… también hay que tener en cuenta ciertas cosas.  Como casi siempre, el punto medio suele tener la clave.

Por muchas ganas de matar a alguien que tenga, segurament elija no hacerlo.

[taq]No siempre es perfecto dejarse fluir…[/taq]

Pero no solo de “tener cabeza” y sentido común viven nuestras decisiones.  A veces conviene añadir este factor “corazón”.  Sobre todo para las personas que siempre intentamos decidir en plan previsión.

El consejo sería el siguiente:  [taq]para, respira y escúchate, para ver qué sientes y qué quieres.[/taq]

Se trata de “escuchar al corazón” (por decirlo de alguna manera).  Escuchar esa vocecita interna de manera sincera, te puede ayudar mucho a elegir.

Elegir desde el amor y no desde el miedo.

Desde dentro y no desde fuera.  Si eliges desde dentro, desde lo que te gusta, desde lo que “te nace”, es más probable que, sean cuales sean los resultados, te sientas mejor y más coherente con tu decisión.

Podríamos decir que este tipo de decisión es una decisión hecha desde el amor y no desde el miedo.

En este tipo de decisiones, los posibles resultados están en un segundo plano.  No son tan importantes.  Te hacen estar más enfocado en el motivo interno de tu decisión, en ese impulso que te mueve (más en el camino que en la meta, por así decirlo).

Si te fijas en tu vida diaria, tomas muchas más decisiones de este tipo de lo que crees.

Nos pasamos la vida eligiendo.

De hecho, es esa vocecita la que suele elegir todo el tiempo.  En lo que compras, en lo que escuchas, en lo que haces…

Los estudios de marketing confirman que nuestras decisiones de compra (un ejemplo de decisiones) suelen ser poco o nada racionales:  [taq]compramos por impulso y luego nos justificamos.  [/taq]

En la elección de pareja “por amor” ocurre tres cuartos de lo mismo.

Estamos eligiendo todo el tiempo.  De manera inconsciente casi siempre, pero eligiendo al fin y al cabo.  A veces elige nuestra zona de confort por nosotros, pero sigue siendo una elección nuestra.

Vale. Si es algo que hacemos todos y lo hacemos todo el tiempo e incluso de manera inconsciente… entonces ¿dónde está el súper poder?

La elección y el empoderamiento.

Esto lo he elegido yo“.  Es la frase que me ha dejado KO esta mañana.  Es un mantra cojonudo (perdón por la expresión, ya me conoces) porque te empodera y te devuelve las riendas de tu vida.

elegir responsablementeAl fin y al cabo, si esto que estás viviendo lo has elegido tú, lo habrás elegido por algo y, sobre todo (y esta es la clave) PUEDES elegir otra cosa.

Un chute de vitamina R en toda regla…  la vitamina del empoderamiento, la que te conecta con la Responsabilidad.

Así que me voy a recordar a mí misma siempre que pueda que “esto lo he elegido yo” (aunque no sepa muy bien en qué nivel ni para qué).  Y, de la misma manera que lo he elegido, puedo dejar de hacerlo.

Te pega un subidón de poderío… Pero no me creas, pruébalo.  Y luego me lo cuentas, a ver qué tal lo sientes.

elegir te da súper poder

Recuérdatelo.

Whenever, wherever, whatever (cuando sea, donde sea y lo que sea)… recuerda que esto lo has elegido tú.  Sácale el jugo y el aprendizaje a la situación (porque, si lo has elegido, ten por seguro que es para algo) y revisa si quieres seguir eligiendo lo mismo.

Hay elecciones inconscientes muy puñeteras, es verdad.  Por ejempo algunas que tomamos por fidelidad familiar.  Pero también son decisiones y, siendo conscientes de ellas, podemos dejar de hacerlas.

Por eso es tan importante elevar nuestros niveles de consciencia.  Para que también nuestras decisiones sean cada vez más nuestras y conscientes en lugar de ser decisiones “ciegas” heredadas del clan, la sociedad o el inconsciente colectivo.

Saber te hace libre.

¿Recuerdas aquello de “el saber te hace libre”?  Pues para mí que tiene que ver con todo esto y que ese “saber” se refiere más a consciencia a que ecuaciones diferenciales de segundo grado.

Herramientas para tomar consciencia de en qué nivel has hecho tu elección si esta te fastidia, no faltan.  Cada vez hay más y en El Bosque te ofrezco unas cuantas en forma de consultas o de talleres.

¿Que no sabes qué talleres se hacen en El Bosque?  Eso tiene fácil remedio:

  • Apúntate a la newsletter haciendo clic aquí  (y te llevas una guía de regalo).
  • O hazte fan de la página de Facebook y sus eventos, haciendo clic aquí.

Te recomiendo lo primero, así no dependes de los algoritmos de Facebook.

 

 

 

 

Cómo sentir más (y tal vez mejor).

Este artículo sobre cómo sentir más está especialmente dedicado a nuestro querido y expansivo Júpiter, que transita en estos meses por el intenso signo de Escorpio (un beso desde aquí para el gigante gaseoso).

Escribo esta reflexión con todo el “cariño” desde mi yonki interior, directamente al tuyo (si lo tienes, que no todos somos iguales ni tenemos los mismos peligros potenciales).  Si eres un sibarita entrenado, esto no va contigo pero puede que te ayude a comprender a los que tendemos a ser un poco yonkis.

Vamos a hablar de “la insoportable insaciabilidad del sentir“.  Me refiero a eso que nos lleva a beber, comer, fumar o follar como cosacos o a tirarnos desde un puente cada vez más alto para conseguir nuestro chute.  De adrenalina, de lucecitas, de emoción…

En la otra polaridad, lo mismo puede llevarnos a ver 4 temporadas seguidas de una serie (mi caso) para anestesiarnos y no sentir.  No nos olvidemos de que vivimos en plena dualidad y las monedas tienen dos caras.

Antes de seguir.  Sé que el título puede llevar a engaño así que, si has llegado a este artículo buscando porno, te has equivocado.  ¿O tal vez no?

Sigo.

Continuar leyendo “Cómo sentir más (y tal vez mejor).”

Una tarde de cuento.

Es lo que propongo: una tarde de cuento. Para que puedas ser consciente del cuento que te estás contando de la forma más sencilla y divertida: jugando.

No se trata de venir a un cuenta cuentos sino de crear un espacio en el que ser consciente de ese cuento que te cuentas todo el rato y, si es posible y la cosa se da, incluso cambiarlo.

¿Cómo?  Utilizando esa herramienta mágica con la que nos programaron de pequeños: los cuentos y el juego.  La época no puede ser más apropiada: se acercan las navidades y, en algún rincón de nuestro inconsciente, se nos activa la magia.

Una tarde para disfrutar y jugar, como cuando éramos niños.

¿Te imaginas la típica cabaña de película en invierno?  La chimenea encendida, el chocolate calentito en las manos, esos calcetines gorditos y gustosos mateniendo tus pies en la gloria, la nive cayendo fuera… Y tú en pijama, tan agustito, a salvo bajo tu manta más cariñosa y disfrutando del bendito calor del hogar, dejando volar la imaginación con tus historias favoritas.

una tarde de cuento
O tal vez escenificando esas mismas historias, como en el teatro, jugando a princesas, caballeros, dragones, brujas y hechiceros.  Con esa ilusión y fantasía que solo los niños poseen…

Espera.

¿Cómo que solo los niños?  ¡Y yo!  Y tú también, seguro.

No me digas que no molaría volver a sentirse así y vivir esas historias y escenificarlas, jugando.  Jugar a que eras un hada o un guerrero… un dragón que se los come a todos..  ¿O tal vez un pirata? ¡O un jedi!

¿Sabes qué?  Que, de alguna forma, ya lo hacemos.

Cada uno tenemos nuestro cuento:

Esa historia que nos contamos una y otra vez y que acabamos viviendo y repitiendo día tras día sin ser conscientes de ello.  Eso sí, no siempre es un cuento de hadas, a veces estos cuentos que nos contamos son auténticas pesadillas.  Te pongo unos cuantos ejemplos:

Imagínate que llevas… no sé ¿30 años? siendo la Bella Durmiente.  Y que resulta que, al más puro estilo isla desierta en mitad del océano, no estás en ruta de ningún barco/príncipe encantador que venga a despertarte con un beso.  Tic tac tic tac tic tac… el tiempo pasa, princesa, y no hay ni rastro de príncipe encantador en millas a la redonda… ¿vas a seguir durmiendo?

una tarde de cuento

O tal vez estás jugando a Blancanieves sin saberlo y te pasas la vida muerta de miedo y dejando de brillar para el mundo, no sea que despiertes la envidia de alguna madrastra malvada y le dé por arrancarte el corazón.

O puede que seas un príncipe encantador buscando rescatar a una princesa en un reino feminista donde eso de ir salvando princesas no está precisamente bien visto porque vienen todas “salvadas” ya de casa.

¿No te gustaría descubrir cuál es tu cuento?

Porque, lo creas o no, así de “puñeteros” pueden llegar a ser nuestros cuentos.  Lo peor es que… si no sabes qué cuento te cuentas ¿cómo lo vas a neutralizar?  Para eso abro este espacio mágico en nuestro Bosque: para que puedas ser consciente de qué cuento te estás contando de forma sencilla y divertida: JUGANDO.

Como broche de oro, jugaremos también para actualizarlo o neutralizarlo, para cambiar la historia o tal vez para reescribir el final, quién sabe…

En resumen:

¿Te vienes a jugar conmigo?

Te convoco a las cuatro.
Haremos un descanso sagrado: la MERIENDA (que corre de mi cuenta).


Y seguiremos jugando hasta que nos cansemos (calculo que a eso de las ocho, aunque dependerá de cómo lo sintamos).

Como es una actividad “Beta” (es mi primera vez), el precio inaugural lo he dejado en 10 euretes.  Con merienda y todo.

Cuando acabemos, como siempre, iremos a tomar algo a nuestra taberna mágica favorita: el mesón del Águila, a dos pasos del Bosque.  Tienen una cerveza estupenda y unos vermuses de grifo… épicos.  Por no hablar de su cocina.  😉

Espero jugar contigo pronto.  Ojalá en el próximo encuentro.

(Por cierto, creo que no te lo he dicho… ¿sabías que jugar es mágico?  No te lo creas, ven a comprobarlo).

 

Me duele la realidad. Me duele la 3D.

Y no me refiero a ninguna vértebra dorsal.  Me refiero a la pura y cruda realidad.

Cuando estoy reventada tiendo a utilizar expresiones del tipo “me duelen hasta las pestañas” o “me duele hasta el carnet de identidad”.  Estos días…

Me duele la realidad.

“Me duele” la matrix, la 3D.

Los incendios, la codicia, el odio, el separatismo, la insesatez, la ceguera, la intransigencia…  Me entra una extraña desesperación al pensar que no tenemos arreglo.  ¿De verdad somos tan cenutrios como Humanidad?

Esto se intensifica cuando, además, eres una personas de las que se interesa en cosas raras como la multidimensionalidad.  Tanto amor incondicional de 5D, tanto salir de la Matrix y tanta puñeta están muy bien pero  ¿cómo rayos se implementa eso en la 3D?  En la realidad material parece que estamos todos “a por uvas”… (yo, la primera).

Ayer me pasé todo el día con música de lluvia de fondo, para ver si mis ánimos inflamados se aplacaban un poco.  (Y para convocar la lluvia, que buena falta que hace).  Hoy sigo en lo mismo.

Lo de los incendios forestales provocados es algo que no puedo entender y que, desde mi punto de vista, merece la más feroz de las condenas.  Es algo que me subleva, es como si hicieran daño a mi madre, a mi familia, a algo que para mi es SAGRADO.  Me parece puro y duro TERRORISMO.  Con todas las letras.

Hoy estoy pensando que a lo mejor lo que me enciende tanto es la frustración.  La impotencia.  El no poder hacer nada mientras nuestro patrimonio natural queda reducido a cenizas.

Mirándome un poco, me he dado cuenta de que ese “no poder hacer” nada esconde en realidad un “tenéis que hacer las cosas como yo lo diga”.  Tiene que llover cuando yo diga y cuando a mí me parezca.  Se va a construir donde yo diga y vais a castigar a los pirómanos como a mí me parezca.

Avitaminosis de aceptación.

Detrás de todo esto se esconde una verdad muy incómoda: una falta total de amor y de aceptación hacia “lo que es”.  Sea como sea.  Se manifieste como se manifieste.  Al fin y al cabo, lo hemos creado entre todos.

¿Y si todo esto nos sirve para ver la incompetencia de nuestro gobierno o lo necesario de llevar a cabo estrategias de protección medioambiental?  Los seres humanos nos distinguimos por aprender a base de catástrofes (y a veces, ni por esas…)

Mira que sé que la de la aceptación es una de las 7 vitaminas más valiosas para el empoderamiento

Me duele la realidad

Pero a veces se me olvida tomarme mi propia medicina.

Para solucionarlo , me he recetado tres vitaminas de las siete, que me parecen las más adecuadas:

  • Vitamina V (aceptación) para ayudarme a aceptar lo que hay, por difícil de tragar que sea.
  • Mucha Vitamina N (neutralidad) para no posicionarme ni echar más leña a ninguno de los fuegos, que ya bastante bien arden solitos.
  • Vitamina H (en su versión de “Hacer”).  Porque la neutralidad no implica quedarse parado.  La vitamina H, además, es la que lidia con la sombra y ahora, más que nunca, toca lidiar con ella.  Si no ves dónde está la “mierda”, resulta bastante complicado limpiarla.

Quicir: lo que hay es lo que hay.  De nada me sirve agarrar una pataleta en plan niña chica.  Eso no va a cambiar nada.  Y más vale ver “lo que hay” porque es mucho más peligroso no verlo.

Si ves que algo está mal, tienes la oportunidad de esquivarlo o corregirlo.  Si no lo ves… Te lo tragas.

Aún así,  todavía me pillo con la vena hinchada a reventar y echando espumarajos por la boca de cuando en cuando.  Después de sacar la rabia como en ese momento pueda, miro en mi sombra, a ver qué me molesta y “qué es lo que me estoy creyendo”.   Y, normalmente, lo que suele ocurrir es que…

Me creo que tengo razón.

Pero razón de verdad, absoluta.

¿Acaso soy tan lista que tengo la solución para el mundo?  Va a ser que no.  Casi siempre acabo descubriendo que, en realidad, no tengo ni la más remota idea de “qué es lo mejor”.  Ni para mí, ni muchos menos para el mundo.

Ojo.  Aquí entra una de las facetas más importantes de la vitamina H:

Una vez visto y sacado a la luz lo que haya que sacar, el no juzgar o ser neutral no quita que no haga lo que tenga que hacer.  Insisto.

Protestar, manifestarme, firmar peticiones para que lleguen a quien tengan que llegar…  Aportar ideas, soluciones, lo que sea que considere alineado y coherente con mi sentir.  Sin violentar a nadie.  Sin imponer.  Simplemente “siendo”.

En cuanto se me va la pinza al imponer…  Me estoy volviendo dictadora.  Me está saliendo el fascista que llevo dentro, el tirano, el “por mis cojones”.  Y ese personaje y esa actitud ya han causado suficiente sufrimiento en el mundo.

Hitler, Musolini, Mao, Stalin…  Estoy segura de que todos ellos estaban absolutamente convencidos de que tenían razón y soluciones.

Algunas líneas son tan finas…  Las traspasas sin darte ni cuenta.  Y la línea que separa la sensación de tener la razón de la tentacion de imponerla es una de las más finas de todas.

Y yo me veo encima de la línea cada dos por tres en los últimos días.  Es tan fácil entrar al trapo…

¿Y tú?  ¿Cómo llevas todo lo que está pasando?

Guardar

Los chicos también lloran.

El movimiento feminista se queja (y con razón) de la tremenda opresión a la que se han visto sometidas las mujeres a lo largo de la historia, como resultado del patriarcado imperante.  Pero lo que pocas veces nos paramos a pensar es en si los hombres han sufrido también por culpa de este sistema patriarcal.

Y la respuesta es que sí.  Y mucho.  Incluso de maneras más sibilinas, porque se supone que “ellos” han tenido el poder, el dinero, los privilegios…  Pero todo disco tiene su cara B y el patriarcado no puede ser menos, por muy rayado que esté.

En realidad, ese poder y esos privilegios, por lo general, estaban (y siguen estando) en manos de un círculo muy reducido de personas.

La herida masculina.

Desde la perspectiva femenina, esto que os voy a contar puede resultar bastante difícil de entender.  Desde el punto de vista de las mujeres, los hombres han tenido siempre toda la libertad, los privilegios, el poder, han hecho lo que les ha dado la gana.  ¿De qué puñetas se pueden quejar?

Continuar leyendo “Los chicos también lloran.”