.st0{fill:#FFFFFF;}

Anatomía del encuentro. 

 octubre 28, 2020

By  Mariluz Ortega

Anatomía del encuentro.

R44. Día 1.  Estoy participando en un reto y la primera parte del mismo consiste en escribir de tirón y publicar (sin revisar y sin anestesia) un artículo diario durante un mes.  Es un auténtico suplicio, pero allá voy.  Que dios nos pille confesados…  Y disculpa si la calidad de lo que publico es un horror.  Se trata de mejorarla.  Espero que merezca la pena.

Últimamente aprovecho los trayectos en bus hacia el trabajo para abrirme los Registros y a veces conecto con conceptos que me sorprenden, pero normalmente decido no compartirlos por pudor o porque creo que son paranoias mía que a nadie van a interesar.

He decido que voy a compartir algunas de ellas, por si acaso sí que hay alguien a quien esto le pueda servir. Todo desde mi filtro avalonero.

En esta tónica, el otro día conecté con algo muy curioso y que podría denominar como “la anatomía del encuentro”. Curiosamente es algo que me encaja con una figura geométrica que seguro que te suena porque la habrás visto mil veces: la vessica piscis. Muy avalonera.

El encuentro con el otro es algo a lo que generalmente no damos importancia. Nos encontramos con un otro (en plan pareja, sobre todo), como el que va a comprar cualquier cosa: llegas a la tienda, coges tu artículo, pagas y te vas. Y luego nos quejamos de que nos tenemos relaciones duraderas o satisfactorias…

Pero en otros niveles o en otras escuelas (no sé si la tántrica dice algo parecido), el encuentro se cuida antes de que se produzca, porque uno se prepara para él.

FASE 1. Preparando el encuentro.

El encuentro empieza por uno mismo. No es lo mismo prepararse que planificar. Prepararse significa limpiarse, predisponerse, abrirse… pero no controlar ni preparar un guión.

Si vas a encontrarte con el otro y estás pensando en el último problema del trabajo o en cualquier otra cosa, tu cuerpo estará allí, pero tú, no. Ahí no hay encuentro posible y no sacarás nada jugoso de él.

Conecté con este concepto justo cuando recordaba la emoción que me producía la posibilidad de encontrarme con mi crush. Me hacía ilusión. No sabía si el encuentro se iba a dar o no, ni tampoco sabía cómo, cuándo ni de qué manera se daría. Pero estaba dispuesta. El solo hecho de la posiblidad me hacía sonreír.

Recordé hace mucho años, la emoción que sentía cuando me iba a encontrar con mi amado o con mi amante. Esas “mariposas en el estómago”, ese no saber qué iba a pasar pero esperarlo con ganas. Saber que el encuentro iba a suceder, te hace sonreír también a lo largo del día.

Podrías pensar que esto te saca del presente. Pero en realidad estás simplemente preparando el encuentro. Igual que preparas las maletas para irte de viaje. Un viaje en elque no sabes qué va a pasar, ni si utilizarás o no toda la ropa o todo lo que te llevas, pero procuras prepararla con anticipación ¿verdad? Pues esto es un poco lo mismo.

Insisto en algo: prepararte no es preparar el encuentro. Uno de los mayores errores que podemos cometer es acudir a un encuentro con un esquema muy fijo en nuestra cabeza de lo que queremos que suceda. Si acudimos al encuentro así, este no se produce realmente. No nos estamos encontrando de verad con un otro sino que le estamos imponiendo nuestro guión y, como mucho, le tenemos como actor en nuestra película.

Si te fijas en tu experiencia vital, la mayoría de nuestros encuentros suelen darse así. Por mucho que nos digamos fans de la espontaneidad ¿cuántas veces no hemos acudido al encuentro con un guión mental muy claro en nuestras cabezas? Lo curioso es que seguramente “la otra parte” está haciendo exactamente lo mismo y no siempre estáis rodando la misma peli. A lo mejor tú has preparado un guión de una peli romática mientras que el otro lleva un guión de una porno o de una comedia. O de un drama tal vez. O de una peli de cine mudo. O de una blanco y negro cuando tú buscabas una en tecnicolor.

¿Qué encuentro puede haber ahí?

En esta fase previa de preparación, cada uno está consigo mismo, intentando acudir al encuentro lo más libre y abierto posible. Y sin guión. Dejando fuera del encuentro las movidas que no tienen nada que ver con este.

Los dos círculos de las vessica piscis estarían aún separados.

FASE 2. Tangencial.

En la segunda fase, estamos uno en presencia del otro. Aquí es donde tenemos la oportunidad de un encuentro real. Los dos círculos se acercan y se tocan en un punto. Lo que ocurre a continuación depende mucho de si llevamos o no guión y de lo flexibles que podamos ser con respecto a este.

Lo “ideal” es ser permeables y estar presentes, para fluir con lo que hay en cada momento.

Se necesita un tiempo para que las energías se mezclen y se armonicen.

Cada uno viene al encuentro con un color, con una vibración, con una melodía. Es necesario dejar un tiempo y un espacio para que esos colores se mezclen, las vibraciones se armonicen y se creen el color y el tono del encuentro.

Para que esto suceda, se aplica una consigna que utilizamos en la RA-activación y que me parece fundamental en este caso y que sucede todo el rato de manea cíclica:

escucha – siente – expresa

Es una forma de actuar muy diferente a la que conlleva la existencia de un guión previo. Es una manera de estar en el encuentro, de sentir lo que se está moviendo, de “escuchar”, de “leer” la situación y, luego expresarte y moverte en consecuencia.

FASE 3. Intersección.

Esta fase llega con la expresión y el contacto y es un diálogo. Pero solemos llevarlo como un monólogo.

Requiere una apertura al otro, a lo desconocido, a lo no planificado. Solo así puede haber una intersección entre los dos círculos sin que uno se imponga al otro, abollándolo.

Más que círculos como tales, en plan hula hop, yo los veo en plan esferas de luz.

Cuando entramos en esa presencia, en ese estar aquí y ahora desde el “escucha-siente-expresa”, empieza a haber un intercambio energético entre los participantes en el encuentro que puede ser muy enriquecedor. Al abrir la puerta “al otro”, realmente estás abriéndote la puerta ati mismo, estás abriendo un portal que da acceso a partes de ti mismo que tal vez ni siquiera sabías que existía. Te puedes asomar a dimensiones a las que de otra manera no tienes acceso.

FASE 4. Separación.

Cuando el tiempo disponible termina o cuando ambos lo van sintiendo, empieza a haber una separación. Los círculos se alejan y se separan.

Para que esta separación no produzca dolor ni enganche, ha de hacerse con consciencia y, sobre todo, con amor, presencia y agradecimiento, honrando al otro y a uno mismo por todo lo compartido.

Entonces, te “repliegas” y vuelves a ti, a tu círculo. Y tienes la oportunidad de “digerir” todo lo que has vivido.

No voy a entrar en técnicas energéticas de nutrición porque las desconozco, pero haberlas, haylas. Aunque las hemos olvidado y por eso salimos de los encuentros agotados en lugar de plenos y vivificados.

En un encuentro consciente de este tipo, hay intercambio de nutrientes. A veces de elementos que creemos que nosotros no somos capaces de sintetizar por nosotros mismos.

Una mujer (o quien represente el papel femenino) nos puede dar nuestra dosis de vitamina T (ternura) que, como hombres acostumbrados a ser “duros machos”, puede que hayamos olvidado. Ella nos puede recordar cómo se sintetiza, cómo se siente o a qué sabe.

También nuestro compañero en el encuentro nos puede recordar la fuerza, la presencia, la claridad, la acción… dependerá del caso.

Sea como sea, es importante recordar que no dependemos del otro para sintetizar ninguna de esas cosas. El otro simplemente nos recuerda cómo, a qué sabe, cómo se siente. Pero no caigamos en dependiencias. Agradezcamos y volvamos a nosotros mismos enriquecidos, pero no dependientes.

Programar los encuentros.

Esto, por supuesto, se puede programar. Creo que vivimos en una sociedad en el que prestamos demasiado culto a la improvisación, a lo “espontáneo”, al “aquí te pillo, aquí te mato”. Vivimos también en el “fast food” de las relaciones.

Cuando te planteas el encuentro como algo programado, es como darte el tiempo de cocinar algo rico que te gusta, un poco en plan “slow food”. Normalmente no abres tu nevera y encuentras todo lo que necesitas, tienes que planificarlo, ir a la compra, dejarte el espacio y cocinarlo dándole el tiempo que necesita ¿verdad? Pues lo mismo pasa con los encuentros.

No quiere decir que todos tengan que ser así. Si alguien quiere vivir toda su vida en el “fast food”, por supuesto que puede hacerlo. Pero si alguien quiere disfrutar del “slow food” en las relaciones, también está en su derecho. Que esto es algo que parece que se esté perdiendo. Un poco como la dieta mediterránea, pero de las relaciones.

 

Cuéntame: ¿cómo lo ves tú?

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

{"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}
A %d blogueros les gusta esto: