Vivimos en un sistema penecéntrico

Anoche me di cuenta de algo muy curioso:

Nos sentimos muy orgullosos y muy científicos por haber reivindicado a Copérnico y Galileo y por defender “la verdad” del sistema heliocétrico.  Esto nos hace sentir muy superiores a los pobres, catetos y miserables hombres medievales, que se creían que la tierra era el centro del Universo.  Jajajaja.  Mindundis…  Qué lelos.  Pobrecitos ignorantes, bajo el yugo de la Iglesia Católica.

Pues hoy vengo a rebatir la teoría heliocéntrica, lo siento mucho.

El sistema penecéntrico

El centro de nuestro Universo, si miras bien nuestro día a día y nuestras expresiones, no es el Sol, no.  Ni la Tierra  Ni Fraggle Rock… Es otro.  Nuestro sistema en realidad se parece más a esto:

sistema penecéntrico

Sí.  Vivimos en un sistema penecéntrico en el que los atributos sexuales masculinos son el centro del Universo.  (Como puede comprobarse fácilmente en los servicios de cualquier establecimiento público).

Un sistema machista con un lenguaje que describe lo estupendo como “cojonudo” o “es la polla”.  Y lo cansino o incómodo como “un coñazo”.

El poder de las pollas.

En la mayoría de las sociedades humanas actuales, a cual más machista, sólo con nacer con polla, ya tienes poder.  Por lo menos, sobre los seres humanos (mujeres) que nacen sin ella.

La competición queda reducida a ver “quién la tiene más grande”, pero ya te has quitado a media humanidad como competencia.  Lo que parece que se nos ha olvidado a todos es que “un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”.

Así que aprovecho para hacer un llamamiento a todos los hombres, no por raro menos necesario:

Por favor, querido ser humano masculino, responsabilízate de tu polla.

Porque en este sistema penecéntrico en el que parece que las pollas dominan el mundo, a veces creo que os dominan hasta a vosotros.

Vamos a ver.  ¿Quién manda aquí?  ¿Tú o tu polla?

No me hagas responsable de tu polla.

En casi todas las religiones, la mujer es la que tiene la culpa de todo.  Ella es la mala, la perturbadora, la seductora, “la tentación”.

En alguna incluso se tapa a la mujer de la cabeza a los pies para no tener que verla.  Todo por que el hombre no se responsabilice de su propio deseo y de su propia polla.  Como si la polla en sí tuviese vida propia y el hombre no tuviese ni voz ni voto en el asunto.

Vamos, que el hombre se comporta como un animal, esclavo de sus instintos, y encima la culpa es de la mujer porque lo provoca.

Déjame que describa la situación utilizando una expresión del sistema penecéntrico:  “¡manda cojones!”

Hacerse mujer no es divertido

En cuanto creces y tienes tu primera regla y te haces mujer… Ya “la hemos cagado”.  Ya no te puedes relacionar con los chicos de la misma manera, no les vayas a provocar y al final terminas con un embarazo no deseado.

O que te violen si “te pasas”.  Las pollas tienen vida propia y, al parecer, funcionan como un tren de mercancías: una vez se ponen en marcha, ya no las puedes parar y tienes que apechugar con lo que venga, así que mejor, no te muestres.  No insinúes.  Ni provoques.  Cuidadín.

No puedes ser una “calienta pollas”.  Pero tampoco te puedes escudar en ser un callo malayo, que esto tampoco está bien visto.  En este sistema tan penecéntrico, si no eres capaz de despertar el interés de las pollas, no eres nadie.  Pero tampoco despiertes demasiado…

¡¡ Qué esquizofrenia, por dios !!

Armas de humillación masiva.

En el sistema penecéntrico existen expresiones muy comunes y de utilización tan extendida como estas:

“Cómeme el rabo”.  “Chúpamela”.  Generalmente acompañadas de profuso lenguaje gestual, para que el significado quede bien claro y no haya lugar a dudas de lo que se quiere decir con la frase.

Ambas (y otras similares) de lo más amoroso y respetuoso con el género femenino, naturalmente.  Por lo general, la mujer que lo escucha se siente muy honrada y bendecida ante semejante oportunidad.

¿Verdad, chicas?

(Nótese la profunda ironía y el asco que a veces nos hacéis sentir con vuestras expresiones, queridos).

Este tipo de expresiones ya en sí mismas denotan violencia.  El hombre ofendido (y naturalmente irresponsable) dirá “huy, solo es verbal, hay que ver cómo te pones”.

Ya.  Cómo me pongo.  El problema es que no es solo una expresión, es una amenaza.  Que se puede convertir en violación en el momento que menos te lo esperas.

Armas sin licencia

Lo peor es que ese arma que cada hombre lleva entre las piernas, no necesita licencia.  Y cada uno la utiliza “como le sale de los cojones” (o “como le sale de la punta de la polla”).  Naturalmente.  Para eso Dios les ha dado ambos atributos.  De verdad, es que las mujeres pensamos cada cosa…  Menos pensar y más fregar, que es para lo que valemos.

Si ya tenía más o menos claro el carácter penecéntrico de nuestra sociedad (porque es más que evidente), la polémica generada con el artículo de Lucía Etxebarría en el que defendía que el sexo no es una necesidad (en plan “primera necesidad”, comparable con el agua o la comida) me lo ha terminado de dejar claro.  De hecho, ha sido el detonante para escribir este artículo.

Todas las pollas de internet (y algunos coños) se echaron encima de Lucía.  Con unos argumentos de peso y bien concienzudos.

Como imagino que más o menos a mí me caerán los mismos comentarios, os los voy a ahorrar, queridas pollas (y algunos coños), para que no tengáis que escribir ni nada.

Os ahorro trabajo.

Los sesudos comentarios al respecto se pueden resumir en dos:

  1.  Gorda de mierda, dices eso porque eres una malfollada y no me extraña, yo no te tocaría ni con un palo.
    Respuesta genérica: “no sabes el disgusto que tengo porque no me desees.  No sé si podré vivir con ello.  Luego me suicido, cuando tenga un rato.
  2. Cómeme el rabo.
    Respuesta genérica: “mira, mejor cómetelo tú, que yo prefiero las patatas“.
    Comentario en respuesta a la respueta genérica: normal que te tires a la comida jajaja porque nadie te quiere follar, sigue comiendo, gorda de mierda, es lo único que te queda: comer.
    Lo cual nos lleva de vuelta al punto 1.  Fin de los argumentos.
CTA:  Por favor, hombre, responsabilízate de tu polla.

Aplicando mis recientemente adquiridos conocimientos de marketing, voy a aprovechar para hacer una CTA (Call To Action o llamada a la acción):

Por favor, hombre, responsabilízate de tu polla y ayuda a otros hombres a que se responsabilicen de las suyas (sobre todo si eres padre y tienes hijas, porque acabas de leer a lo que se enfrentan o se van a tener que enfrentar).

Querida mamá, enseña a tu hijo a responsabilizarse de su polla.  (Qué te voy a contar que tú no sepas ya).

No hace falta licencia ni carnet para tener polla.  No hay sistema de puntos como con el carnet de conducir (algunos no deberían tener carnet de “tenencia de polla”, de verdad).  Sólo nos queda la EDUCACIÓN.  Hagamos uso de ella.  Enseñemos responsabilidad a nuestros retoños.

Si eres un hombre respetuoso, amoroso y totalmente responsable con tu polla, te pido disculpas por ser tan burráncana.  Tienes que saber que no todos los hombres somo como tú (por desgracia).  Ni mucho menos.  Y es necesario que nos demos cuenta.

Este artículo sólo busca “despertar conciencia” del uso que hacemos de nuestras pollas.  (Imagino que en otras vidas habré sido hombre, habré tenido una y, es más que dudoso que haya hecho buen uso de ella, por eso digo “nuestras”).

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