Taller de sanación de lo masculino.

¿Por qué un taller de “sanación de lo masculino”?  ¿Acaso lo masculino está enfermo?  Hombre, pues un poco sí, la verdad.  Me explico.

Nuestra “civilización” es masculina.

La energía “masculina” lo rige todo en nuestra civilización: religión, política, economía, sociedad y hasta la ciencia.

Con esto no me estoy refiriendo a los hombres, me refiero a un tipo de energía. De hecho, cada vez hay más mujeres ocupando puestos relevantes en la sociedad. Y eso es estupendo. Pero casi todos esos puestos son masculinos. Y, para ocuparlos, las mujeres nos hemos tenido que masculinizar. Y mucho.  O bien adaptarnos a los estándares de los gustos masculinos del momento y a lo que los hombres les guste “consumir”.

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Pero todos (hombres y mujeres) tenemos ambas energías: masculina y femenina. En oriente llaman yang a la masculina y yin a la femenina, así hay menos confusión. Pero, como yo misma tiendo a confundirme con los términos chinos, voy a seguir usando los nuestros.

Energía masculina

La energía masculina es eléctrica, de acción y movimiento. Es caliente, luminosa, fogosa. Necesita espacio, moverse, expandirse. Aire y fuego. Razón y acción. El éxito, el Sol. Casi todo ello, en nuestra sociedad, representa valores que se consideran “positivos” y deseables; lo que todo el mundo querría para sí.

Pero… ¿Qué ocurre cuando pasas demasiado tiempo al sol? Te quemas.

Energía femenina

La energía femenina, en la otra polaridad, es magnética; contiene, limita. Es lo “no racional”, la intuición. La nutrición, el soporte, las emociones. Tierra y agua. Oscuridad. Misterio. La Luna… Todo ello considerado “negativo” por nuestra sociedad.

Tradicionalmente, en nuestra cultura, la energía femenina se ha considerado como negativa e insidiosa; una amenaza. Algo incomprensible para el intelecto racional y solar (masculino), algo a temer y, por tanto, a eliminar.

Taller de sanación de lo masculino

Y así se hizo durante siglos: se eliminó lo femenino. De todas partes. Simplemente borrando a las mujeres de la historia. Eliminando a las mujeres y su energía, quitándoles todo el valor, vetándoles el acceso a puestos de influencia, relegándolas únicamente a meras funciones biológicas.

Por eso tenemos a un Jesús pero se nos ha hurtado la presencia equilibradora de una María Magdalena.

Y la puntilla final la tenemos en nuestros tiempos: el triunfo final de este desequilibrio es que somos más hombres que los hombres. La última ironía…

Más hombres que los hombres

Porque hay que reconocerlo aunque escueza: es cierto (y justo) que cada vez hay más mujeres en puestos de relevancia: en la política, en la ciencia, en la empresa, en el deporte, en el arte y en casi todos los ámbitos, salvo tal vez la religión (que no puede ser más patriarcal, ciertamente).

Pero todos esos ámbitos están construidos desde los hombres, para los hombres y con ladrillos de energía masculina. Y, para poder meternos en ese mundo, hemos tenido que competir con hombres y, para lograr llegar a lo más alto, ser “más hombres” que ellos.

Renunciando a la cooperación, a la compasión y a otros valores tan poco en auge y tan femeninos.

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Un mundo “masculino”

No podemos negar la masculinidad del mundo en el que vivimos, al menos nosotros, los occidentales. Estamos rodeados de prisa y competitividad. De movimiento muchas veces sin un objetivo consciente, sólo “porque sí”, por hacer algo.

Hacer, hacer y hacer… Incluso nos identificamos con lo que hacemos y no con lo que somos (“soy ingeniero”, “soy escritor”, “soy periodista”…)

Esta “falta de contención” por la ausencia de energía femenina degenera en movimiento sin control. De esta forma, el consumo desmedido se convierte fácilmente en depredación.

Todo ello nos está llevando a una catástrofe ecológica y social sin precedentes en nuestra historia.

Vuelvo a insistir en que no me estoy refiriendo a los hombres como género, sino a todo lo que hemos construido desde esa energía masculina, que es la que domina el mundo en que vivimos desde hace milenios. Es algo más bien simbólico, arquetípico.

Es lo que hay. Al menos en esta línea de tiempo en particular en la que nos hallamos.  La energía femenina hace falta como el comer.  Pero la tenemos tan olvidada…  Que no sabemos ni cómo es ni cómo se utiliza.

Desde la aceptación a la transformación.

No es momento de “luchar contra” la deforestación o la masculinización o contra lo que sea. Eso sería utilizar de nuevo la energía masculina.  Como intentar apagar un fuego con otro fuego.

Si queremos utilizar la femenina, entonces se trata de aceptarlo, envolverlo, abrazarlo. Amarlo. Integrarlo. Sólo desde ahí podremos transformarlo y trascenderlo.

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De eso se trata en realidad este taller.

De ponernos delante la energía masculina para re-conocerla, para darle su lugar, para integrarla, para amarla (si nos lo permitimos).

Desde ahí, y sólo desde ahí, será posible ejercer la función femenina de contenerla (sin asfixiarla).

Así, empezaremos a ver (en plena acción) cómo funciona la energía femenina.  Nuestra energía, al fin y al cabo, pues, como mujeres, venimos con una equipación fisiológico-hormonal que nos predispone a esto.  Aunque los hombres pueden hacerlo también perfectísimamente.

No es posible tener un femenino “sano” (seas hombre o mujer) desde el odio, la necesidad, el rencor, la negación, el rechazo o la necesidad de venganza hacia lo masculino.

Este “reposicionamiento” de nuestro femenino es automático cuando se reposiciona lo masculino, pues son dos polaridades opuestas pero también compelementarias.

Desde ese femenino se no puede abrir la puerta para algo que acabo de ver hace poco: la libertad de poder de ELEGIR. O más bien de darnos el permiso para ser “canales de elección”.

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La biología es un espejo perfecto para los conceptos de energía masculina y femenina.  De hecho, creo que de esa observación es de donde nacen todos estos conceptos. La utilizaremos como referencia.

¿Cómo será el taller?

Vivencial sobre todo.  Esto es: no te voy a dar la chapa durante horas ni tienes que tomar apuntes. No hay conocimientos que tengas que asimilar.

Se trata más bien de ponerte en situaciones que te permitan “darte cuenta”.  Situaciones reales (en modo “teatro”) o virtuales (en modo “visualización”).  Ese “darte cuenta” tiene un potencial transformador brutal.

Es un “darte cuenta” de lo crees, de cómo funcionas, de por qué te pasa lo que te pasa… En pricipio, con los hombres.  Pero va más allá: a todo lo que tiene que ver con los masculino según he comentado antes: la dirección, el movimiento, la “materializacion” en general.  Y, por “oposición”, eso nos permitirá también reposicionarnos como mujeres.

Vamos a aprender un poco como hacen los niños: jugando. Y, jugando también, nos vamos a dar la oportunidad de desaprender.

No os puedo dar “prueba social” ni os puedo dejar testimonios de otras asistentes a este taller porque ¡¡ vais a ser las primeras !!  Y yo, con vosotras, que el taller también es para mí; lo que estoy haciendo es compartir con vosotras algo que también quiero hacer yo.

Horarios, precios y localización.

Dedicaremos a este taller toda la mañana del día 8 de diciembre (jueves).
Empezamos a las 10:00h hasta las 14:00h o las 15:00h como muy tarde.

El precio para las valientes pioneras que se animen es una oferta especialísima de 25€ nada más, en lugar de los 50€ (mínimo) que costaría normalmente.  (Abrir camino a otros, tiene que tener su ventaja).

El taller será en El Bosque Mágico de Ávalon, en la calle Gallegos, 10 (Vicálvaro, 28032 Madrid).

“Por ti, por todas tus compañeras y por ti, la primera”.  😉

Si te llama y quieres beneficiarte de este taller y de esta oferta, reserva tu plaza antes del martes 6 de diciembre.

Envíame un correo a elbosquemagicodeavalon@gmail.com o bien llámame al 912991011.

¡Gracias!  🙂

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