Rituales cuánticos, rituales modernos.

Rituales cuánticos…   Sí, has leído bien.

Y sí, probablemente este sea otro de esos artículos que añaden el adjetivo “cuántico” a cualquier cosa, con el fin de dotarla de cierta credibilidad, modernidad y enjundia.

O tal vez no… Puede que sea un artículo de Schrödinger: no sabrás si es una chorrada o una genialidad hasta que lo termines de leer. 😉

rituales cuánticos

He cotilleado la wikipedia y la definición de la RAE y no me han aclarado gran cosa. Me ha parecido más interesante la etimología:

La palabra “rito” viene del latín “ritus”, el cual se refería a las ceremonias religiosas. La idea del rito es que se tiene que realizar en cierto orden. La palabra “ritus” se asocia con la raíz indoeuropea *ar- (mover, ajustar, hacer, actuar) que estaría presente en palabras como “aritmética”, “arte” y “orden”.  (En algunos otros sitios, añadían “ritmo” a este conjunto).

Diferentes tipos de rituales.

Aparte de los rituales religiosos, hay otras cosas que también consideramos rituales pero que yo no considero como rituales cuánticos, que son los que me interesan.

Por ejemplo los rituales “en segundo plano” o de automatización: aquellos que te ayudan a aprender tareas o a automatizarlas.

Este tipo de rituales te permiten hacer cosas tediosas en piloto automático mientras tu cerebro consciente se dedica a tareas más “interesantes”. Son rituales que te permiten aprender por repetición.  Como los rituales de ducha diarios.

Estos rituales hacen “camino neuronal”. Pero no tienen trasfondo ni significado por sí mismos. No estás adorando a nadie con ellos y, si te saltas un paso, no te condenas en el infierno. Puede que pierdas las llaves si los alteras (es fácil perder algo cuando, por distracción, no lo dejas en el sitio acostumbrado en tu ritual diario). Pero nada más.

¿Ritual o costumbre?

Llega un momento en que, de tanto repetir un ritual (que en su momento pudo incluso ser “cuántico”), este deja de tener significado y pasa a ser más costumbre que otra cosa.

Ya no sabemos qué significa el árbol de Navidad, pero lo seguimos poniendo. Por costumbre.  A lo mejor eres ateo como el que más, pero sigues celebrando la festividad de los Reyes Magos, por aquello de los regalos.

De hecho, incluso el tema se te puede ir de la mano y entrar en lo patológico.  Es lo que sucede cuando crees que la supervivencia de la humanidad depende de que compruebes 3 veces seguidas si has cerrado el gas o la puerta de casa.

Seguro que los psicólogos podrían contarnos muchas cosas acerca de los rituales y los pacientes de TOC y similares, (por ejemplo).

No he podido dejar de acordarme del Dr. Cooper (“The Big Bang Theory”).

Cuando el ritual se convierte en costumbre y pierde su significado (su “chicha”), para mí ha perdido su valor “cuántico”.  Ha pasado de ritual a rutina.

Mala fama

Los rituales en general tienen muy mal predicamento hoy en día. De manera automática los asociamos con “yuyu”, o con ignorancia o superchería.

Creo que todo esto tiene que ver bastante con la herencia de la Iglesia y su Santa Inquisición. En la Edad Media, los rituales eran considerados pura brujería y, quienes los practicaban, solían terminar en la hoguera.

Bueno, a ver… Todos los que practicaban rituales, no. Sólo los que practicaban rituales no aceptados por la Iglesia.   En misa podías decir “el cuerpo de cristo” y “la sangre de cristo” y todos comían y bebían y no pasaba nada (a pesar de lo caníbal y macabro del asunto).  Eso sí, como se te viera en un claro del bosque en reconocimiento de lo masculino en forma de astado (bicho con cuernos)…  Ya podías ir haciendo acopio de amianto.

Perdonad el inciso.  Es que a veces se me hincha la vena kármica.  Y…

chuache

Pero luego pienso que lo mismo tendría que matarme a mí misma…  y se me pasa.

Menos mal que son otros tiempos.

Ya no ardemos en hogueras de verdad, para eso están las piras del twitter.

Hoy en día (al menos en occidente) la religión ha pasado el testigo inquisitorial a la ciencia.  Ya no te queman por hereje, te fríen a tweets por magufo.

Ahora todo lo que “huela” a ritual ya no es temido sino simplemente digno de burla, mofa, escarnio y befa.

Es curioso, porque:

Los rituales nos rodean.

Criticamos la romería de nuestro pueblo como un ritual absurdo y sin embargo nos sentimos orgullosos de acudir en masa a la Cibeles cada vez que el madrid gana algo. No nos damos cuenta de que ambas celebraciones son rituales. De distinto culto, pero ritos al fin y al cabo.

Aunque no sea fácil detectar los rituales, haberlos haylos.  Y están por todas partes.

Algunos rituales son muy sutiles, como ponerte una música que te motive.  Es un pequeño “ritual cuántico” porque busca un efecto. Y,  si está bien diseñado, incluso lo consigue.

Echar arroz a los novios en las bodas, las tartas de cumpleaños con sus velas y regalos, decir “salud” o “jesús” cuando alguien estornuda…  El confetti de las fiestas, los disfraces de Carnaval, las calabazas de Halloween con una vela dentro…

Muchas de estas costumbres son restos de antiguos rituales llenos de significado (fueron “cuánticos”) que hoy seguimos reproduciendo aunque no sepamos muy bien por qué.

Somos animales rituales.

Porque somos animales simbólicos.

Somos racionales, sí.  Pero esa racionalidad supone (siendo muy optimistas) tan solo el 5% de nuestra psique.  El 95% restante es puro subconsciente: esa parte de la psique que “no sabe/no contesta”.  O mejor dicho: que “contesta raro”.  (Sí, justo esa parte puñetera que tantas veces boicotea lo que el consciente “desea”).

A esa inmensa y desconocida parte de nuestra mente inconsciente es a la que se dirigen los “rituales cuánticos“.  Y lo hacen en el mismo lenguaje que ella utiliza: el lenguaje simbólico.

Hay que tener en cuenta que:

  1. El subonsciente no tiene sentido del humor
  2. Es totalmente literal y totalmente inocente.
  3. No entiende los “noes”.
  4. Se lo traga y se lo cree TODO, porque…
  5. Está diseñado para registrarlo todo.  (Como está de moda decir ahora: SIN FILTROS).

La información tiene un valor incalculable.  Y no lo digo porque estemos en “la era de la información”, sino porque es el néctar de la experiencia, lo que hemos venido a recolectar al encarnar como humanos.

Cuando hablo de información, me acuerdo de nuestras abuelas.  ¿Conoces el famoso lema de economía doméstica “aquí no se tira nada“?  Pues eso es lo que hace el subconsciente con la información.  Colecta todo tipo de datos.  “Por si acaso”.  Sin ningún tipo de filtro.  Nunca se sabe cuándo te pueden hacer falta…

Su misión es tu supervivencia.  Defenderte.  Tanto le da un león de las cavernas, que un jefe cabreado, un polen, un ácaro o una suegra cansina.  Si el subconsciente lo considera una amenaza, lo tratará como tal, por absurdo que parezca.

No tengo ni idea de en qué formato se guarda toda esa información.  Sólo sé que la interfaz de comunicación con el subconsciente suele ser bastante simbólica.  Como el lenguaje de los sueños.

El de los símbolos es un lenguaje muy poderoso.

¿Dudas del poder de los símbolos?  Vete al Bernabeu con una camiseta del Atleti… ¿No? ¡Si solo son rayas blancas y rojas!

Podemos dar un enorme poder a un simple par de palitos cruzados (llámalo cruz cristiana) y organizar guerras por ellos.  Durante siglos.  Así de potentes son los símbolos para los seres humanos.

¿Te pongo otro ejemplo?  Uno sencillito, muy gráfico y relativamente reciente en nuestra historia:

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No hace falta mucha explicación ¿verdad?

El significado subliminal de la estética nazi está tan arraigado en nuesto subconsciente colectivo que se sigue utilizando en series de invasiones alienígenas como “V” o “Colony”.  Banderas rojas con símbolos en blanco y negro.  Ondeando en mástiles o colgando de los balcones.  El sentido general se sobreentiende, aunque el símbolo central sea otro y no esté presente la esvástica.

Es algo muy sutil pero tremendamente efectivo.  Todos lo entendemos.

Así de poderosa es la simbología.

De hecho, cuando no conoces un idioma, te comunicas por símbolos.  Y, más o menos, te entienden.

En la Edad Media, cuando solo los monjes y algunos señores acaudalados sabían leer y escribir, las historias sagradas se contaban con esculturas y pinturas en las iglesias.  Al más puro estilo de los modernos cómics.  Y todo el mundo lo entendía.

El poder de los símbolos

Los símbolos muy poderosos.  Los publicistas lo saben muy bien y se aprovechan de ello.

Pongamos un ejemplo muy típico y muy claro: un anuncio de colonia para hombre.

Nadie te vende una colonia diciéndote su fórmula o enviándote una muestra.  No.  Te la venden mostrándote a un señor de prestigio (normalmente algún actor “buenorro”) vestido con un traje caro, al lado de una súper hembra y un súper cochazo.

La chica, el carro y el traje son símbolos de estatus.  De superioridad incluso (el actor se toca los gemelos ¡¿quién lleva camisas con gemelos hoy en día?!)

Lo de menos es la colonia.  De hecho, ni siquiera  puedes olerla.  Pero deseas el estatus: la chica y el cochazo.  Deseas el poder adquisitivo de ese tipo.  Subconscientemente, asocias todo a la colonia y, como el subconsciente no tiene filtros y es inocente, das por sentado que ligarás más si te la echas.

No puedes negar que funciona.  Si se gastan millones en hacer este tipo de anuncios es porque funciona.

Y si sirve para vender…  ¿Por qué no utilizarlo para otras cosas?

Comunicándonos con el subconsciente.

¿Por qué desperdiciar este tremendo potencial?

Como los rituales están tan mal vistos, hoy en día está bien visto utilizar la comunicación simbólica con el subconsciente para vender, pero no para sanar, por ejemplo.

Ensalzamos al publicista como “creativo” y premiamos su creatividad.  Y al pobre chamán que intenta usar las mismas armas para ayudar a sanar a sus pacientes, le metemos en la cárcel por estafador y por aprovecharse de la “credulidad” de la gente más ignorante.

Díselo tú, Rossie, que a mí me da la risa.

Perdón.  Otra vez la vena Kármica…

Chamanes de muy diferentes etnias han usado este lenguaje para comunicarse con el subconsciente de sus pacientes y ayudarles a sanar durante milenios.

Colores, plumas, objetos, canciones, sonidos…  Rituales diseñados y pensados con un fin muy concreto.  ¡Y nosotros estamos desperdiciando todo eso!

A ver.  No digo que volvamos a la caverna o que pongamos de ministro de Sanidad y Salud Pública al brujo de la tribu, que ya me veo “de vení” a los nazientíficos.

Solo digo que aprovechemos esta vía de comunicación con el subconsciente.  Es una herramienta muy poderosa.

Aquí ya sí que entramos en harina…  😉  Nos vamos acercando a lo de “rituales cuánticos”.

Que entiendo por rituales cuánticos.

Creo que ya es hora de definirlos…

rituales cuánticos
“El Ermitaño” del Tarot de las Hadas de Mara Aglem.

Son aquellos que están diseñados para conseguir algo.  Están cargados de intención y simbolismo y tienen un objetivo claro.

Se aprovechan de una visión “cuántica” del mundo según la cual, manifestamos aquello en lo que enfocamos nuestra atención.  Tiran del “efecto observador” (que yo rebautizo en este caso como “efecto absorbedor”).

Para mí, el ejemplo más conocido sería el de las famosas “psicomagias” de A. Jodorowsky.

Estos rituales pueden ser genéricos o personalizados.

Un ejemplo típico de ritual genérico serían las típicas “recetas” de magia blanca.  (Rituales de limpieza de espacios, para atraer el dinero, para atraer pareja…)  No voy a entrar a juzgar su eficacia. Tengo claro que NO son lo mío.

Para ayudar a una persona en concreto, soy más partidaria de la personalización, de “customizar” el ritual para esa persona en concreto y para el objetivo en concreto que quiera lograr.

Cada uno tenemos una peculiar visión del mundo.  Teñida por la cultura y la sociedad, por supuesto, pero también por la familia y las propias experiencias personales.  Tener todo eso en cuenta te ayuda a ser más específico.

Los efectos que buscan estos rituales pueden ser muy diferentes: propiciar la suerte, la sanación, la protección, conseguir una meta u objetivo, cambiar una programación o un comportamiento, manifestar algo, reforzar la atención…  Incluso simplemente “tirar de la manta” para ir sacando algo del subconsciente al consciente.

El arte de crear un ritual.

No es para nada una ciencia; entraría más en la categoría de “arte”.

“Quicir”.  Imagínate que te duele algo y quieres que te deje de doler.  Te tomas un paracetamol, y el dolor se te pasa.  Y si no se te pasa, te tomas otro calmante, cada vez más fuerte, hasta que consigues el efecto deseado.  La ciencia se mueve en ese 5% de lo conocido y trillado.  Los medicamentos tienen su dosificación, sus indicaciones (y sus efectos secundarios).

Con los rituales no es así.  Estamos entrando en ese otro 95%, que está lleno de trastos y de cosas que no conocemos, pero que influyen en el experimento.

No hay garantías.  Ni es matemático, ni reproducible en el laboratorio.  No puede ser sistematizado ni organizado.

No sirve el “tómate 3 gotas de esto cada ocho horas”.  Lo que con una persona funciona, a lo mejor a otra no le sirve para nada.

La clave no está en el ritual ni en quien lo crea, sino en en la persona que lo lleva a cabo.  Tiene que estar ajustado a ella y a su peculiar lenguaje simbólico.  No es como ajustar la dosis de un medicamento a un paciente según su peso.

Es pura intuición, prueba y error.  Si es necesario, hay que ir ajustando.

Nasssía pa’l ritual.

rituales cuánticos

Te cuento todo esto porque he terminado aceptando (aunque me ha costado lo mío) que el ritual es mi medio natural.  Y he decidido compartirlo contigo (si te apetece probarlo).

Se me ocurren “rituales cuánticos” desde siempre, que yo recuerde.

Mis meditaciones, mis lecturas de Registros Akáshicos, mis lecturas de Tarot, mis consejos… ¡¡ Hasta mis chascarrillos !!  Todo está teñido de simbolismo y metáforas.

Con un toque de humor y frikismo, eso sí.  (Es lo que me enamora, que además es divertido).

Recuerdo que un día estaba haciendo una meditación/visualización para un problema de debilidad.  Mi naturaleza simbólica/ritual (mi imaginación, mis guías o como quieras llamarlo) me presentó la solución en forma de adamantium (el causante de la fortaleza indestructible de Lobezno, el de los X-men).

Así es mi cabeza (o mis musas, mis guías o como quieras llamarlo): ritual y simbólica, sí, pero también divertida, friki y siempre sorprendente.

¿Te apetece probarlo?  Estoy empezando, así que estarías ayudándome a desarrollar una “versión beta” de este servicio y, por lo tanto, tendrías muchas ventajas económicas respecto a los que vengan después (si la cosa avanza).

Para quién y para qué estarían indicados los rituales cuánticos.

Bonito jardín de subtítulo, este en el que me acabo de meter…

¿Cómo sabes si esto de los rituales cuánticos es para ti?

Bueno, que hayas llegado hasta aquí, ya es algo… (Los que son totalmente racionales, lógicos, mecanicistas y matemáticos, probablemente habrán cerrado la pestaña correspondiente a este artículo hace rato).

Un ritual cuántico puede ser para ti si te identificas con alguno (o varios) de estos supuestos:

  • Estás en ese punto en el que has probado de todo y nada funciona.
  • Te sientes bloqueado y atascado.
  • Sientes que hay una resistencia interior al cambio tan fuerte, que casi puedes oir el raspar de las uñas en la pizarra de tu autoboicot.
  • Solo de imaginar ese raspar, te ha dado una dentera que te mueres.
  • Ya no sabes qué hacer, estás dispuesto a meterte a tope en tu subconsciente si hace falta.
  • Te sientes como pez en el agua en los juegos de rol y te mola eso de la simbología y de jugar a “creerte cosas”.  (Lo que yo llamo el “efecto valía que”…)
  • Eres un poquito (o un muchazo) friki.
  • Te identificabas tanto con tus personajes favoritos que te hubiera gustado vivir en su mundo.  (A mí me pasó con “Galáctica”, entre otras).
  • AMAS las metáforas.
  • Porque sí, porque te mola, porque se te ha encendido por dentro una lucecita de “¡yo quiero!

Sea como sea, se necesita cierto grado de vocación aventurera, porque estarás metiéndote en terreno desconocido, sin saber qué te puedes encontrar.  Tienes que estar dispuesto “a jugar”.  Aunque no sepas muy bien hacia dónde te llevará el juego.

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