Cuestión de respeto.

Es todo lo que pedimos.

Es una cuestión de respeto.

No creo que sea tan difícil…

Es 8 de julio y estamos de sanfermines.  Y al igual que en primavera brotan las flores, con las fiestas multitudinarias brotan las agresiones sexuales.

Aretha, díselo tú, que lo dices con más ritmo.

Si te paras a pensarlo, querido “macho” revenío, no es tan complicado.

Intenta ponerte por un momento en nuestra piel.

Tú que vas por esos mundos de dios creyéndote con derecho a meterle mano a quien te apetezca.

Imagina por un momento que estás en tu gimnasio haciendo tus miles de repeticiones de tu ejercicio favorito para marcar musculazo.

Te miras al espejo.  Estás “to’güeno”.  Te lo has currado que te cagas y te crees con el derecho de arrasar por donde vayas.

Peeeeero.

Querido hermano, todos y todas tenemos hormonas.

Menos mal que la mayoría las dominamos en lugar de dejar que nos dominen.

Imagínate que una señora de las que van a hacer gimnasia de mantenimiento, con su bien de sobrepeso, su bien de varices, su bien de mal aliento, recoge esa onda que emites y se acerca a ti restregándose en tus bíceps y acariciándote el paquete de manera lasciva.

Ya.  Estás cachas.  Con una puedes.  Imagínate que son 7.   No sé de dónde sacan la fuerza esta señoras, pero con las 7 a la vez, te aseguro que no puedes.  Te inmovilizan, de drogan.   Te soban.

Quien dice una señora así dice el conserje, que es homosexual y “le pones”.

Y chico, te has venido en mallas al gimnasio…  marcando paquete.  Y te has quedado en camiseta. Eso es pedir guerra aquí y en Albacete.

No se puede resistir.  Se acerca ti fregona en ristre y te arrincona en los lavabos.  Y no es un alfeñique precisamente, es un armario romero 4×4 que se lleva curtiendo en los gimnasios desde que tú llevabas pañales.  Los dientes de oro que lleva se los saltaron en peleas callejeras, qué te piensas…  El aliento le apesta a cebolla pero es lo que se come en tu tierra.  Y quiere que le comas otra cosa que rima.

¿Qué?

¿Mola?

Pues eso mismo pasa cuando te encuentras a una moza con minifalda.  O con escote.

No te está invitando a que le metas mano.

Los sanfermines no son una barra libre de tetas.

Si una mujer te las enseña porque le apetece… disfruta de las vistas.

Celebra la vida con ella.  Grita, salta, canta.  Quitate la camiseta si también te apetece.

Pero no le metas mano si ella no quiere.  Y la forma más sencilla de saber si quiere o no, es preguntar primero, no des nada por sentado.

Si yo me puedo contener y no le meto mano a Hugh Jackman por muy bueno que esté si me lo encuentro por la calle, tú puedes hacer lo mismo.  Ambos tenemos hormonas pero somos humanos.  No animales.

Tú, hombre o mujer.  Sensato.  Que dominas tus instintos y tus hormonas.  Si ves a algún semejante que se pasa de la raya… Dale un toque.  O denuncia.

Pespeta tal y como te gustaría ser respetado.

Sin permiso, es agresión.

Think about it (piénsatelo un poquito, majo).

 

 

No toques ¿por qué tocas?

Pues eso.  Que he leído este artículo y no me he posido resistir.

No seremos libres hasta que las mujeres no podamos quitarnos la camiseta tranquilamente igual que los hombres.  Sin miedo a ser violadas en el intento.

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