Radio patio del Bosque

Honrando lo masculino.

Gracias por cuidarme, por tu protección, por tu alerta.

Gracias.

Gracias por hacer guardia en la puerta de la cueva para protegernos de los depredadores.

Gracias por arriesgar tu vida en cada cacería para que todos pudiéramos comer.

Gracias por defender nuestro territorio arriesgando tu propia vida.

Gracias por tu fuerza.  Gracias por tu coraje.  Gracias por tu arrojo.  Gracias por tu foco, por tu agudeza, por tu inteligencia.

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Más allá de la ciencia.

Vaya por delante que este artículo es de reflexión y que da para ríos de tinta, lo sé.  Sobre todo con las polémicas que últimamente han saltado a los medios de comunicación.  Lo suelto sin editar ni nada, tal y como me sale.  Porque llevo mucho tiempo reteniéndolo.

La ciencia es el dominio de la razón y de lo empírico.  Del hemisferio izquierdo.  De lo masculino.

Del patriarcado.  (Y no, no me vengas con lo “ya salió la feminazi”, que no van por ahí los tiros).

Surge como opción para zafarse del omnipresente poder de la Iglesia para meterse en todo.  Y tiene su función.  Y esa función f(x) es estupenda.

Peeeeeeero…  Al correr de los siglos hete aquí que la Iglesia va perdiendo fuelle y ¿quién ocupa ese espacio?  Sorprendentemente, la ciencia.

Si en la Edad Media todo aquello que contradijera las leyes de la Iglesia era motivo de hoguera, ahora sucede lo mismo con la ciencia.  Antes la ciencia era pecado.  Ahora lo es la espiritualidad o todo aquello que no sea tangible y demostrable y se salga del tiesto de la ciencia.

Si la ciencia no lo explica ni contempla, no existe.  Y si te crees que sí, deberías estar estar en la cárcel (lo de la hoguera no se lleva).

Amoavé, criaturicas.  Que la ciencia no lo pueda explicar solo significa eso: que la ciencia todavía no llega.  No que no exista ni que no sirva, ni que no funcione.  Solo que no sabemos cómo.  O que no sabemos por qué en unos casos sí o en otros no.  Nada más.

Más allá de la ciencia hay todo un mundo fenomenológico de cosas que suceden aunque no sepamos explicarlas todavía.

El arte.  El amor.  Otras medicinas…  La materia oscura, la energía oscura.  Un sinfín de campos en los que investigar con mente abierta.

Hay otras formas de aproximarse al mundo que no son racionales ni científicas sino intuitivas, desde el hemisferio derecho.  Y no son menos válidas simplemente porque no sepamos explicarlas.

Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha sabido utilizar las plantas para curar.  ¿Te ves tú a los indios del Amazonas haciendo baterías de pruebas en un laboratorio para saber para qué coño se usa cada planta y probando dosificaciones con cobayas?  Pues no.  Utilizaban otra vía.  Accedían a comunicarse con la planta desde otro lugar y la planta les “hablaba”.  Y la planta les decía para qué se podía utilizar y cómo.

Vía femenina.  Caótica.  Imprevisible.  Irreproducible en el laboratorio.  Pero no por ello menos válida.

Así han curado generaciones y generaciones de seres humanos a sus congéneres.  Así se ha sabido para qué funcionaba cada planta, cada cosa.  Por “intuición”.

Seguramente exista una explicacion perfectamente racional para ello.  Seguramente la información de la planta, del mineral, de todo, está ahí.  Y seguramente nuestro cerebro tiene los receptores adecuados para conectar con esa información y traducirla para utilizarla.  Lo llevamos haciendo desde siempre.  Aunque no sepamos explicar el mecanismo de manera científica (todavía).

Entonces ¿por qué excluir todo esto de nuestra vida simplemente porque todavía no sabemos explicar por qué o por qué no funciona?

El “patriarcado” (entendiendo como tal el poder absolutista de todo lo masculino en nuestra cultura y la ausencia total de valores femeninos en la misma) está instalado hasta en la medicina y en la propia raíz de nuestra forma de “pensar”.  Y de excluir todo lo que no sea “pensable” y sea más sutil que ese pensamiento y ese determinismo materialista.

Porfaplis…  “Give me hueco” para la energía femenina.  Dejad que la intuición se manifieste, para que se pueda investigar después aquello que nos diga.

La ciencia y la tecnología son cojonudas para muchas cosas, pero mirad cómo tenemos el planeta.  Hecho unos zorros.  Se me abren las carnes cada vez que veo un documental de astronomía y el espacio (que me encantan) y escucho a los científicos decir que la única esperanza de la raza humana es hacer habitable otros planetas.  ¡¡¡¡ Pedazo de cenutrios, cuidemos el que tenemos, que lo estamos destrozando !!!!

¿Ves?  La energía femenina cuidaría primero de su casa.  Y luego ya, si quieres ir a explorar a otros planetas, lo haces por gusto, pero no por necesidad.  Hombre por dios…

Pero todas las civilizaciones que tenían algo de femenino han sido borradas del planeta.

Chicos, por favor (digo “chicos” pero me dirijo al lado masculino de todos nosotros), abrid los corazones y las orejas.  Qué hay “vida” más allá de la ciencia…

Muchas veces la ciencia no explica determinados fenómenos porque no busca donde debería.  Si perdió el reloj en la espesura del bosque, lo está buscando debajo de la farola simplemente porque allí hay luz.  Es difícil que lo encuentre…

La efectividad de muchas terapias no está en la medicina sino en la persona que recibe el tratamiento.  Pero claro, allí no se mira…  La “magia” está en el medicamento, en la sustancia.  Pues no. La clave está en el paciente, señoras y señores.  No en la homeopatía ni en el Reiki ni en el omeprazol ni en su puta madre (con perdón, que me enciendo).  Está en la persona.  Persona que en ningún momento tenemos en cuenta y a la que tratamos como una rata más de laboratorio a la que sacarle los cuartos con los tratamientos.

Si a alguien le va bien la homeopatía, pues que la tome.  Si alguien prefiere los antibióticos a lo bestia (yo soy de esas, que conste), pues que los disfrute.  Si otros prefieren sanación reconectiva, Reiki o lo que sea, pues adelante con ello.  Mientras se curen… ¿qué más da?  Cualquier otra cosa es una dictadura.  Es un “te vas a curar con lo que yo te diga, y si no te curas por mis medios, te jodes y te mueres o te aguantas con los efectos secundarios”.

Dejad que nos curemos con lo que nos más resuene, por favor.  Que no estamos en la Edad Media.  Antes te curabas “si estaba de dos”.  Ahora te curas “si está de la ciencia”.

Cualquier medicina no científica tiene la obligacion de sanar al 100% de sus pacientes.  Como “se te muera uno” (que tenemos la mala costumbre de morirnos cuando menos conviene) vas a la cárcel de cabeza.  Porque le has engañado, no le curaste.  Como si la medicina tradicional occidental y científica curase al 100% de la gente…  Que no me cura nadie.  Me curo yo.  Déjame que lo haga como mejor sienta.

Que sí.  Que una apendicitis me la va a operar un cirujano mejor que nadie (benditos sean).  Que no reniego de los avances.  Pero tampoco reniego de otras medicinas.  De otros métodos de diagnóstico menos invasivos.  De otras formas de curar con menos secuelas.  Que para bajarte el colesterol te joden la vista.  Que para que no te duela algo te joden el hígado o los riñones… Que te pones a mirar los prospectos de las medicinas y no sabes si tomártelas o hacerte el hara kiri directamente.  Que te arreglan una cosa y te fastidian siete.

Si puedo encontrar una forma alternativa de curarme ¿me la vas a negar?

Francamente.  No me fío de una industria que gana dinero si la gente se enferma.  Permíteme que desconfíe de sus motivos.

De un acupuntor en la China antigua a quien cortaban la cabeza si alguien del pueblo enfermaba… Me fío.  De unos señores cuyos yates y cuentas en Suiza dependen de que la gente compre sus medicinas… Me cuesta.  Malpensada que es una.

 

El ego espiritual.

Aprovecho todo el mogollón del cogreso “Being One” para reflexionar un poco sobre las trampas del desarrollo personal.

Os dejo con Borja Vilaseca, que lo explica muy ricamente.  Lo hace con mucha gracia y desde el eneagrama, pero da igual que no sepas de qué va la vaina.  Seguro que te puedes sentir reflejado en más de una…  😉  A mí me ha pasado.

 

Excelencia, maestría y dinero.

Este relato sobre la excelencia, la maestría y el dinero está inspirado en una Lectura de Registros Akáshicos que hice el otro día.  Os lo comparto /con el permiso de mi clienta) porque la historia me emocionó profundamente.

Jonás, el Herrero.

“Jonás había nacido para ser herrero.  Como su padre antes que él, y su abuelo…  La familia de Jonás siempre se había hecho cargo de la herrería del pueblo.  Desde hacía tantas generaciones, que el oficio se había convertido en apellido.

Así, a Jonás se le conocía de pequeño como Jonasín el Herrero.  Incluso cuando no levantaba dos palmos del suelo.

En cuanto tuvo la fuerza suficiente para levantar el martillo, Jonás empezó a ayudar a su padre en la herrería, haciendo todo tipo de trabajos.

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Un día, que su padre estaba enfermo, encargaron a Jonás el arreglo de la empuñadura de la espada de un caballero. 

Era la hora de la comida, así que Jonás aceptó el encargo y dejó la espada sobre la mesa de trabajo.  Mientras comía no podía apartar la vista de la espada.  Algo en ella le llamaba, le atraía. ..

Dejando la comida a medias, Jonás se levanto y cogió la espada.  La sopesó, la blandió en el aire…  y empezó a trabajar en ella.  No había trabajado nunca con una espada, solo había visto a su padre hacerlo.  Pero, de alguna manera inexplicable, sabía perfectamente lo que tenía que hacer. 

Se dedició a esa espada de lleno, dejando de lado el resto de encargos. Sigue leyendo “Excelencia, maestría y dinero.”

Rituales cuánticos, rituales modernos.

Rituales cuánticos…   Sí, has leído bien.

Y sí, probablemente este sea otro de esos artículos que añaden el adjetivo “cuántico” a cualquier cosa, con el fin de dotarla de cierta credibilidad, modernidad y enjundia.

O tal vez no… Puede que sea un artículo de Schrödinger: no sabrás si es una chorrada o una genialidad hasta que lo termines de leer. 😉

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Lo tuyo es de Juzgado de Guardia.

Sí, has leído bien: lo tuyo es de Juzgado de Guardia.  Pero tampoco te lo tomes muy a la tremenda…  Lo mío también.  Y lo de todos.

La omnipresencia de los juicios en nuestras vidas.

Llevo meses devanándome los sesos con este tema.  Te comparto mis reflexiones por si te ayudan a ser consciente de tus juicios y sus consecuencias.  Que las hay.  Y “chungas”…  Detrás de todos ellos hay un regalito envenenado: el CASTIGO.

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Vivimos en un sistema penecéntrico

Anoche me di cuenta de algo muy curioso:

Nos sentimos muy orgullosos y muy científicos por haber reivindicado a Copérnico y Galileo y por defender “la verdad” del sistema heliocétrico.  Esto nos hace sentir muy superiores a los pobres, catetos y miserables hombres medievales, que se creían que la tierra era el centro del Universo.  Jajajaja.  Mindundis…  Qué lelos.  Pobrecitos ignorantes, bajo el yugo de la Iglesia Católica.

Pues hoy vengo a rebatir la teoría heliocéntrica, lo siento mucho.

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El karma volador

Tengo varios artículos en mente que os iré compartiendo según vaya estructurando.  Uno de ellos tiene que ver con el arquetipo de la diosa madre.  En él estaba pensando anoche cuando me retiré a mis aposentos.  Con consecuencias bastante surrealistas que os relato a continuación.

Justo antes de apagar el ordenador para irme a dormir, estuve trasteando por el FB.  Lo último que vi fue esta viñeta de Miss Borderlike.  (A veces el humor burráncano me arranca la carcajada).

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Mi subconsciente, que va a su bola y hace unas asociaciones muy curiosas, me lió una de las suyas.

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El hombre primitivo no era tan primitivo.

Últimamente pienso que, a lo mejor, el hombre primitivo no eran tan primitivo.

Tenemos la puñetera manía de considerar que los hombres primitivos prehistóricos (entendiendo por historia el período del cual tenemos referencia escrita) eran unos seres desarrapados, sucios y medio lelos, que se arrastraban por el mundo como podían.

No hablo de los neanderthales (no tenemos registro histórico de cómo eran ni de cómo era su cultura, sólo nos quedan algunos huesos y un poco de herencia genética).  No.  Hablo del homo sapiens sapiens, nuestra especie.  Una especie que, según la arqueología ortodoxa, lleva unos doscientos mil años dando tumbos por el planeta.

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Las 3 claves (y 1/2) del desarrollo personal

Hola, me llamo Mariluz Ortega y tengo un chiringuito orientado al desarrollo personal: El Bosque Mágico de Ávalon.

Así va (de momento) mi “elevator speech”, que es el que ha tirado de la manta para escribir este artículo.  “Elevator speech” es ese un mini discurso que, según los gurús del emprendimiento, debe resumir concisa y claramente a qué te dedicas.

Por ejemplo: “me llamo Darth Vader.  Soy un Lord Sith especializado en ayudar a los emperadores a dominar la galaxia mendiante el uso indiscriminado del lado oscuro de la fuerza”.

Bien claro y bien conciso.  (Cualquiera le lleva la contraria; te suelta lo de “su carencia de fe resulta molesta” y te deja la tráquea hecha un cromo.)

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