¿Jugamos?

Dice mi familia que, cuando era pequeña, me sentaba en la puerta de la casa de mis abuelos, en el pueblo, y no me cortaba un pelo en decirle a cualquier niño o niña que pasara por allí: “hola ¿quieres jugar conmigo?” Imagino que a ti te habrá pasado lo mismo.

jugando

No tienes más que salir a cualquier parque y observar a los niños pequeños para ver que son así: les importa un pimiento la raza, la edad, el estatus o cualquier otra puñeta de esas que tanto nos importan a los adultos; sólo quieren jugar. Con otros niños, con mascotas, con muñecos, con mayores, con una caja de cartón… Involucrados al 100% en lo que estén haciendo, sea lo que sea (sí, en llorar y patalear también).

Los niños aprenden jugando. Configuran sus cuerpos y sus cerebros jugando. Pueden llenar y vaciar un cubo de arena diecisiete veces y volver a llenarlo y vaciarlo otra vez como si fuera la primera (hasta que lo dominan y lo dejan de lado). Pueden ver treinta veces la misma película sin cansarse. Pueden sacarte de tus casillas pidiéndote que les leas el mismo cuento todas las noches durante un año entero (y no te saltes una coma…)

Se dejan llevar por su curiosidad y su intuición, por lo que les llama la atención. Ellos mismos eligen a qué quieren jugar y cómo. Aprenden a su ritmo.  Afortunadamente hay ya muchos métodos de enseñanza alternativos al tradicional que tienen esto muy en cuenta.

curiosidad

Hablo de los peques muy peques, claro. De los años de nuestra más tierna infancia. Porque en algún momento, de manera paulatina y sin darnos cuenta, pasamos de un inocente e infantil “hola ¿juegas conmigo?” a un adulto y cargado de connotaciones “por favor, no juegues conmigo”. ¿Cuándo pasó el juego a ser algo tan negativo?

En algún momento de la infancia pasamos del aprender jugando a “la letra con sangre entra”, a aprender sufriendo, a golpe de disciplina, tesón y sacrificio. Jugar pasa a ser cosa de niños, no de adultos serios y responsables (vale, Pokémon Go aparte). Hay que madurar, ganarse la vida, ser respetable, fuerte, racional, lógico…

pensador

Pasamos por el rodillo del sistema educativo tradicional y se nos queda impreso a fuego lo de “estudio-examen-titulación”. Tanto que, incluso cuando nos pica el gusanillo “espiritual” o iluminatorio, seguimos en la misma dinámica y nos creemos que hay que pasar una determinada formación para que te puedan dar el título de “iluminado” (compulsado y todo, y firmado por Su Majestad El Rey, el subconsciente es así de chulo). Y así, nos dedicamos a hacer millones de cursos, viajes y activaciones: meditación, Reiki, chakras, Registros akáshicos, India, Machu Pichu, Egipto… Porque claro, no hay enseñanza reglada para esto, te tienes que buscar la vida. Lees todos los libros y vas a cuanta conferencia se pone a tiro. Venga ayunos, venga cantos de mantras, venga retiros, venga sanaciones.

Y después de muchos años… NADA. No ocurre NADA. Ni iluminación, ni Nirvana, ni leches. Sigues igual de ceporra y cayendo en lo mismo de siempre. Y te desesperas. Pero algo te sigue impulsando y te das cuenta de que, en realidad, en tiempos de Buda todos estos cursos no existían.  ¿A ver si va a ser que tampoco hacen falta?  Además ¿para qué puñetas buscar tanta iluminacion ni tanta gaita si sigo siendo igual de desgraciada en mi vida “normal”?

Y un día, así como por casualidad, te encuentras con que hay gente que dice que no hace falta que le metas más conocimientos a tu mente, que ya estás iluminado, que sólo tienes que darte cuenta de que lo estás, que eso sólo es posible en el aquí y ahora, y que a lo mejor lo que te toca es: “desaprender”.

O sea: ¿Peeeeeeerdona?

Oiga, que todo el tinglado de educación que tenemos montado es para “aprender”, que de “desaprender” no hay nada en ninguna parte… ¿Cómo coñññññio se hace eso? (Perdón por el taco, es fruto de la intensidad del momento).

Entras en el típico blucle-barrena mental: “¿Y entonces? ¿Las meditaciones, las sanaciones, la energía? ¿Los diplomas? ¿Mi gurú? ¿Mi maestro? ¿A dónde voy? ¿Cómo que dentro? ¿Que aquí y ahora ni qué ocho cuartos? ¿Eso dónde está? ¿Cómo se llega? ¿Cómo sé lo que tengo que desaprender? ¿Cómo? ¿Cómo? ¿Cómo? ¿Pero no era el llegar a la iluminación la que lo iba a solucionar todo?”  Hala… A cambiar el destino en el GPS otra vez.

Porque claro, si lo de “aprender” en lo espiritual tiene ya su tela de por sí (que Maestros hay muchos, pero discípulos que “lleguen” no hay tantos, ahí hay algo que no cuadra), lo de “desaprender”, ya ni te cuento. Tú te apuntas a una academia de idiomas para aprender inglés, y te enseñan inglés.  Puedes ser más o menos hábil con los idiomas, pero te lo enseñan. Te apuntas a una academia de baile para aprender ritmos latinos, y te enseñan salsa. ¿A qué “desacademia” te apuntas para “desaprender” si ni siquiera sabes qué es lo que tienes que desaprender?

Que OJO, desaprender y olvidar no son lo mismo ni mucho menos.

A todo esto, el nivel de respuesta mental suele ser más o menos el que sigue:

Vamos, que ni repajolera idea ni del qué ni del cómo.

Cuando te metes un poco más en profundidad en el asunto del “desaprendimiento” te das cuenta de que se trata de dar con creencias limitantes y cosas así que te están jodiendo la vida sin que te estés dando ni cuenta.

Que a veces no tienes prosperidad porque algún ancestro tuyo se fundía la paga en putas, por ejemplo, y por alguna parte del inconsciente familiar se ha quedado grabada a fuego la creencia de que “mejor no ganar dinero, que mira tú la que se lía”.  Por ejemplo.  O que de pequeña te decían tanto “ay, quita, si es que no vales para nada, ya lo hago yo” que se te quitaron las ganas de intentar hacer nada nuevo por los siglos de los siglos.  Por ejemplo.  Y que son estas cositas tan lindas las que tienes que desaprender.

Aaaah, vale.  Así, en lo que te decides a darte cuenta de que ya estás iluminado, te vas entreteniendo para quitarle un poco de peso a tu vida (por ti, por todos tus compañeros de clan y por ti el primero).

Pero también te das cuenta de que algo que has aprendido y que tienes incrustado y grabado a fuego en tus caminos neuronales, a lo mejor no se desactiva así como así. Que tuviste que llenar de arena tu tarrito cuarenta veces cuando tenías dos años para aprender…  De hecho, a veces parece más fácil desactivar una bomba de un millón de cables en el último minuto antes de que reviente el mundo, que desactivar una creencia o cambiarla por otra.  Es como intentar borrar un video de internet: una vez subido a la nube y compartido por doquier en vaya usted a saber qué servidores, es difícil de erradicar.  Te crees que lo has borrado de Youtube pero resulta que alguien lo subió a Facebook y que diez personas se lo descargaron y que lo subieron a otra plataforma y lo enviaron por whatsapp y… Buf.

Algunas creencias además son realmente capullas (de nuevo, perdón por la expresión) y no veas cómo se esconden… Sobre todo si forman parte del “patrimonio” familiar, esas suelen ser las peores. O si están tan aceptadas en tu cultura y tu sociedad que para ti son tan naturales como el respirar y ni te planteas su existencia; están tan bien camufladas que en la vida dirías que son creencias también.

camaleon

Pues vale.  ¿Y cómo le metemos mano a esto?  Porque no es ni mucho menos una ciencia.  De hecho, el título del libro de Corbera “El Arte de Desaprender” no puede estar mejor puesto…  Es todo un arte.

Oye ¿y si jugamos?  Ya que aprendemos jugando… A lo mejor podemos desaprender jugando también.

Ya, claro, ya no tenemos tres años, no podemos jugar igual.

Vale, saquemos partido a tanto curso y tanta historia que hemos incorporado en todos estos años y hagamos de ello un Juego Consciente.  Hipotéticamente, en ese Juego Consciente hay un tú (llámale ego, personaje o llámale X) que es el que se pone a jugar en automático, mediante un teatrillo, un ritual, una meditación, una acción…  Algo que te haga “ponerte en situación” (para eso son los “rituales, por ejemplo).   Y mientras, hay otro tú “de guardia” y vigilante (llamale observador, conciencia o llámale X’), que va a tomar nota de todo lo que esa acción lleva detrás.  Este, el que está “de guardia” y siempre atento y vigilante es el que marcará la diferencia y nos ayudará a “pillarnos” (si nos dejamos) en programas, creencias, comportamientos aprendidos, emociones guardadas, etc.

Sí, pesado, te lo puedes imaginar así, mira que eres friki…  (Se lo digo a mi subconsciente).

Mi subconsciente es la hostia, de verdad.  Jajajaja.  No te pierdas la letra de la cancioncilla de marras, por lo menos el principio.  ¡¡ Te juro que no tenía ni idea hasta que no me he metido en el Youtube a buscar el video !!

“Some people stand in the darkness
afraid to step into the light”

(Alguna gente se queda en la oscuridad, con miedo de dar un paso hacia la luz).

 

Me parto.

Pues eso.  Que si te vienes a jugar.  Tenemos todo un Bosque Mágico para nosotros, podemos jugar a cualquier cosa.  😉

¿Are you ready?  “Don’t you worry, it’s gonna be alright…”

 

 

 

 

 

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