Enfrentamiento de género.

Esta semana me he puesto delante un montón de… ¿Cómo llamarlo? “Odio” es demasiado fuerte. “Enfrentamiento” es la palabra que más se acerca. Enfrentamiento de género. Desde el autobús naranja de marras que todos conocéis, hasta un video en el que una mujer culpaba a los hombres de la violencia de género y les exigía que, ya que ellos la generan, que lo arreglen entonces ellos.

Para mí todo esto es un síntoma. Un síntoma de un rechazo generalizado hacia lo femenino. No se le considera ni se le tiene en cuenta. Y esto se personaliza en la mujer, que es quien lo encarna en este momento.

Los valores femeninos se consideran negativos o se han borrado del mapa. Sólo se mantienen ahí por lo que se puede “sacar” de ellos (placer sexual, cría de la especie, fuerza de trabajo, etc.) Como consecuencia, a las mujeres se las maltrata, oprime, mutila, vende y viola. Como si no pertenecieran al único género: el género HUMANO. Igual (o peor) que se trata a los animales.

Al menos ellos tienen quien les defienda (los animalistas).  Pero ¿quien “defiende” lo femenino?

Pandemia.

Este “problema” está ya reconocido como una pandemia, a nivel mundial.

Insisto. Para mí es un síntoma. Síntoma de un masculino totalmente desbocado y sin contención. Precisamente porque la contención es femenina y ésta ha sido borrada del mapa sistemáticamente durante siglos.

Es un “problema” que viene de muy lejos. Llevamos milenios así. Solo que ahora, con las redes sociales, internet y la globalización, se está haciendo más evidente. Tal vez porque está llegando el momento de solucionarlo y trascenderlo.

Más allá del tema individual, nos va en ello la continuidad como especie. Porque nuestro planeta, Gaia, nuestra Madre Tierra, es también femenino. Y nos lo estamos cargando. Lo estamos violando y maltratando también.

Todo es holográfico, fractal. Así como es abajo, es arriba. Y así como es arriba, es abajo. Así como es a nuestro nivel, también es a un nivel más amplio. Lo que estamos haciendo con las mujeres, se lo estamos haciendo al planeta.

Nos estamos cagando en nuestra madre. Literalmente. Maltratándola, exprimiéndola. Hasta matarla.

Parece que se nos ha olvidado que dependemos de ella para vivir.

¿Qué hacemos? ¿Luchamos?

Si tu vía es la lucha, adelante. Luchando se consiguió el voto. Imagino que “luchando” es posible que algún día logremos que se nos pague lo mismo que a un hombre por el mismo trabajo.

Pero mi labor (si es que tengo alguna) no va por ahí. Siempre que me pongo delante esta situación, conecto con la necesidad de recuperar el Sagrado Femenino. De devolver los valores femeninos al mundo. De reconocerlos, de aceptarlos, de darles su espacio. Sin menospreciarlos.

TODOS (no puedo encontrar mayúsculas suficientemente grandes) hemos aterrizado en esta vida por el mismo canal: UNA MUJER. Una MADRE. Que te llevó dentro de sí durante 9 meses. Te dio su materia. Literalmente.

Te formaste a partir de los nutrientes que ella ingirió y digirió para ti. Te protegió durante ese tiempo, llevándote consigo. Después de parirte te alimentó, te cuidó, te protegió, y te amó con todo su ser, todo el tiempo que pudo. Sin pedirte nada a cambio.

Y ahora tú la violas. La pegas. La maltratas. La escupes. La vendes. Te lucras con ella. La tratas como escoria…

¿Qué dice eso de ti? ¿Le harías eso a tu madre? ¿Consentirías que alguien se lo hiciera? Cuando haces eso a una mujer, se lo estás haciendo a una madre, o real o en potencia. Estás escupiendo en ese papel sagrado de ser CANAL DE VIDA en este mundo.

Estás atacando a esa parte de ti, que juzgas como débil y estúpida y que no soportas en ti mismo cuando la ves reflejada en otro.  Seguramente porque eso te enseñaron.  O tal vez atacas aquello que crees que no pueden tener.  Causas puedes haber miles.  Sea como sea…

Nos toca hacer algo.

¡Mujeres! O recuperamos entre todas el carácter SAGRADO de la energía que encarnamos, o nos vamos a la mierda todos.

Primero, entendiéndolo y encarnándolo en nosotras mismas. Sintiéndolo y respetándolo. Para poderlo compartir y hacer entender después a nuestros compañeros.

No nos queda otra. Y lo escribo llorando, aunque no sepa bien por qué. Imagino que, al escribir, no soy yo, desde mi ego, sino que estoy siendo canal de algo.

Empezaré por mí, aunque no sepa muy bien el cómo.  El camino se hace andando.

Desde Ávalon,
Mayrlean (Mariluz Ortega en este plano).

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One thought on “Enfrentamiento de género.

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