El karma volador

Tengo varios artículos en mente que os iré compartiendo según vaya estructurando.  Uno de ellos tiene que ver con el arquetipo de la diosa madre.  En él estaba pensando anoche cuando me retiré a mis aposentos.  Con consecuencias bastante surrealistas que os relato a continuación.

Justo antes de apagar el ordenador para irme a dormir, estuve trasteando por el FB.  Lo último que vi fue esta viñeta de Miss Borderlike.  (A veces el humor burráncano me arranca la carcajada).

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Mi subconsciente, que va a su bola y hace unas asociaciones muy curiosas, me lió una de las suyas.

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En mi manía de “modernizar” los arquetipos, creo que me pasé un pelín y acabé pensando (no me preguntéis cómo) en un aspecto de la diosa bastante humanizado.  Al más puro estilo de los dioses griegos y romanos o incluso los vikingos (que eran bastante “de andar por casa”).

Estamos acostumbrados a pensar en una diosa madre muy de portada de revista femenina.

Estamos acostumbrados a pensar en una Diosa Madre muy de portada de revista femenina.  Muy moderno todo.  Un poco en plan Beyocé en su última “aparición mariana”.  Embarazada y hermosísisma.

Pero digo yo que en algún momento dará a luz.  Y en algún momento las criaturas empezarán a andar, a enredar y a hacer de las suyas.  Muy buenecitos (como Humanidad) creo que no somos…

Y pensé en la “cara B” de la maternidad: “el lado oscuro”.  ¿Qué hara la Diosa Madre a la hora de poner orden y límites para que la Humanidad no se le suba a la chepa?

Acabé pensando en si la Diosa madre gozaría de un atributo tan tradicionalmente maternal de nuestra cultura latina como este:

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En efecto.  Me fui a la cama pensando en si existiría por ahí una especie de “zapatilla cósmica” que la diosa madre utilizaría para enderezarnos.

De esta, me echan.

Hay que tener bemoles para preguntarse si la Diosa Madre tira de zapatilla.  No sé qué pensarán de mí en Ávalon.  Un día de estos me quitan el carnet de sacerdotisa.

Ya en la cama y bien arropadita,  caí en la cuenta de que este concepto tan novedoso de “zapatilla cósmica” encajaría perfectamente con el concepto del Karma.  Ese “pescozón” que la vida nos da a veces por “atontaos”.

Para rematar la jugada, lo primero que me he encontrado esta mañana al buscar una imagen ilustrativa de zapatilla maternal, ha sido esta en forma de boomerang que podéis ver arriba.

No puede ser más gráfico.  Me quedo con la metáfora.

El karma es la zapatilla voladora cósmica de la Diosa Madre.
Padre y Madre.

Dios Padre tiene fama de estar en todas partes.  Si se parece mínimamente a los padres que conozco, seguro que lo va perdiendo todo.  ¿A quién le preguntará luego dónde ha dejado las cosas?

En efecto, a Ella.  La Diosa Madre es la que siempre sabe dónde está todo.  “En su sitio”.  Como es una mujer moderna (y sigue siendo Gaia, Madre Tierra), seguro que te da hasta las coordenadas GPS.

Lo malo es cuando le da por reorganizar los muebles y sacudir las alfombras, que te monta cada terremoto…

No quedó ahí la cosa.

Ya sabes que, en estado de duermevela, se te va la pinza cosa mala.  Si a mí ya se me va sola…

Lo último que recuerdo antes de dormirme es al típico devoto invocando al Dios Padre rezando un padre nuestro.  Pero en la metáfora latina, el Padre está en el bar, jugando al mus.

Y los cansinos de los hijos nos ponemos en plan “padre nuestro que estás en los cielos…”

La Diosa Madre, desesperada (y muy práctica ella), seguro que tiraría de zapatilla cósmica en plan: 

“¡¡ ni cielos ni cielas !!  déjate ya de tanto rezo, limpia tu cuarto y saca la basura”.

Con toda la carga de “cúrrate tu sombra y déjate de tontunas” que la metáfora conlleva.

Y en eso me dormí.  Menos mal.

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