Dejando espacio a lo femenino.

Se habla mucho de femenino y masculino sagrados.  Pero llevo mucho tiempo con la cantinela de que algo me falla en el tema “círculos de mujeres”, “empoderamiento femenino”, “despertar de la diosa” y demás.  No he sabido concretarlo hasta hace un momento y por eso me he sentado a escribir.

No es que esté denostando este trabajo ni mucho menos; es hermoso y tiene su función.  Es sólo que tal vez no esté en mi camino o que lo que me toca o me nace o apetece hacer es otra cosa.

Muchas veces me he puesto frente a la pantalla del ordenador aporreando el teclado y desbarrando sobre cómo la energía masculina (que va más allá de los hombres) domina nuestro mundo.  La mayoría de las veces he borrado lo escrito y lo he desechado porque me seguía faltando algo.

Lo escriba o no, todo esto es un run-run que últimamente me acompaña siempre en mis reflexiones y sobre ello gira mi pensamiento, como si me estuviera resituando o algo así.

Un mundo masculino

Nuestro mundo es esencialmente masculino, está tremenamente polarizado hacia esa parte de la energía.  Históricamente, en occidente (y en oriente también, al menos en oriente próximo), se ha eliminado concienzudamente del primer plano todo lo que pudiera sonar a femenino.

Todos los valores esencialmente yin (femeninos) han pasado a tener connotaciones negativas, mientras que lo yang (masculino) ha quedado como lo positivo: el sol, el calor, el éxito, el movimiento, el deporte, la competición, el triunfo, la ciencia, lo racional, lo lógico, el orden…  Ya lo intuía pero lo he visto claro clarísimo en las clases de Tarot, donde la Luna suele representar lo femenino y el Sol lo masculino.  ¿A que las ilustraciones de ambas cartas dan un “rollito” muy distinto?  😉

Insisto en recordar que, cuando hablo de “masculino”, no me refiero sólo a los hombres; al igual que, cuando hablo de “femenino”, no me refiero sólo a las mujeres.

luna_sol
Lógicamente esto se traduce, se refleja o se origina (tanto monta monta tanto) en una sociedad fundamentalmente regida por hombres, donde ellos han mandado y siguen mandando (en el poder, en el ejército, en la política, en la ciencia, en la religión, etc.).  Y donde las mujeres han quedado relegadas a un segundo plano permaneciendo en la sombra y prácticamente ausentes de la Historia salvo contadísimas excepciones.

Es verdad que hay un movimiento en occidente desde hace décadas que reclama un espacio para las mujeres.  Pero por desgracia, conquistar ese espacio para las mujeres no es lo mismo que dejar espacio a lo femenino.

Las mujeres se están abriendo hueco en la sociedad, en la política, en el trabajo, incluso en el ejército.  Se han terminado “infiltrado” en el mundo masculino a base de luchar, reivindicar y demostrar ser “más hombres que los hombres”.  Hacerse un sitio en ese mundo “masculino” creado por los hombres y para los hombres ha supuesto un alto grado de masculinizacion.

¿Dónde ha quedado lo femenino?

¿Quién lo encarna ahora?  Si comparamos el equilibrio femenino-masculino con una balanza es como si nos hubiéramos ido casi todas al platillo masculino de un brinco y tuviéramos la balanza totalmente desequilibrada.

balanza

Ese movimiento de las mujeres hacia terrenos masculinos genera una especie de “vacío” en lo femenino.  Un “vacío” que ahora veo como un maravilloso potencial “succionador”.  Podemos utilizar ese potencial para traer a este plano un femenino renovado y acorde con estos tiempos.

No el femenino de los indios americanos ni el de las sacerdotisas paganas sino el nuestro, el que “necesitamos” aquí y ahora.  Para mí ese es el verdadero “despertar de la diosa”.

No se trata sólo de que las mujeres nos empoderemos y movamos la cadera y llevemos faldas y flores.  Se trata de que TODOS (hombres y mujeres juntos) conectemos de nuevo con lo “femenino”, con lo yin.  De jarle a esta energía un espacio para que se manifieste y pueda equilibrar tanto yang desbocado.

Si lo personalizas (como hemos hecho durante milenios) se trataría de “dejar hablar a la Diosa” para que se manifieste de nuevo en este tiempo después de tanto y tanto tiempo ausente.

Renovación

Desde ese yin nuevo y actualizado podremos actualizar también el yang y lo masculino (que también necesita renovación; en esta visión de onda renovadora, el masculino antiguo está caduco, agotado, cansado y quemado).

Desde ese “vacío” podemos generar una ola de energía renovadora a todos los niveles.   Y es algo que NO debemos ni podemos hacer solas, chicas; llevo tiempo conectando con ello y siempre es desde la participación:

¡¡  Chicos, os queremos presentes y participando en ello !!

abrazo

Desde la risa, desde la complicidad, desde la cooperación, desde el descubrimiento…  Jugando.  Con nuestro lenguaje y con nuestras referencias.

Por eso no resueno con círculos de mujeres ni con círculos de hombres.  Si acaso círculos de seres humanos.  Para explorar juntos ese nuevo potencial que, irá atrayendo hasta nuestra realidad una nueva forma de ser y de estar.  Más beneficiosa para todos nosotros y para el planeta en general.  Explorando ambos nuestro femenino y masculino.  Para vivirlos desde nuestra experiencia.  Para integrarlos y jugarlos en la proporción adecuada para cada uno.

Y no es tiempo de adorar a una diosa en una figurita de barro en un templo.  Toca vivir el femenino “divino” en nosotros, reconociendo su espacio y su función.  Y lo mismo sucede con el masculino.

Seamos padres y madres de este femenino nuevo y de este masculino nuevo y descubrámoslo y démosle forma juntos.  ¿Te apuntas?

2 thoughts on “Dejando espacio a lo femenino.

  1. Totalmente de acuerdo querida.. un Ser no está completo sin esas dos energías muy equilibradas. Da igual que hayas encarnado como mujer hombre o viceversa. Ya no hay lugar para separaciones ni guetos porque nos complementamos. Gracias hermanita avalonera!

Si tienes algo que decir, aprovecha y cuéntanos.