Honrando lo masculino.

Gracias por cuidarme, por tu protección, por tu alerta.

Gracias.

Gracias por hacer guardia en la puerta de la cueva para protegernos de los depredadores.

Gracias por arriesgar tu vida en cada cacería para que todos pudiéramos comer.

Gracias por defender nuestro territorio arriesgando tu propia vida.

Gracias por tu fuerza.  Gracias por tu coraje.  Gracias por tu arrojo.  Gracias por tu foco, por tu agudeza, por tu inteligencia.

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Vivimos en un sistema penecéntrico

Anoche me di cuenta de algo muy curioso:

Nos sentimos muy orgullosos y muy científicos por haber reivindicado a Copérnico y Galileo y por defender “la verdad” del sistema heliocétrico.  Esto nos hace sentir muy superiores a los pobres, catetos y miserables hombres medievales, que se creían que la tierra era el centro del Universo.  Jajajaja.  Mindundis…  Qué lelos.  Pobrecitos ignorantes, bajo el yugo de la Iglesia Católica.

Pues hoy vengo a rebatir la teoría heliocéntrica, lo siento mucho.

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El karma volador

Tengo varios artículos en mente que os iré compartiendo según vaya estructurando.  Uno de ellos tiene que ver con el arquetipo de la diosa madre.  En él estaba pensando anoche cuando me retiré a mis aposentos.  Con consecuencias bastante surrealistas que os relato a continuación.

Justo antes de apagar el ordenador para irme a dormir, estuve trasteando por el FB.  Lo último que vi fue esta viñeta de Miss Borderlike.  (A veces el humor burráncano me arranca la carcajada).

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Mi subconsciente, que va a su bola y hace unas asociaciones muy curiosas, me lió una de las suyas.

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Masculino sagrado, la esencia.

Os comparto este texto sobre el masculino sagrado que me acabo de encontrar.

“La esencia masculina sagrada

Todos los hombres tienen la esencia del verdadero masculino, una esencia tan profunda y poderosa, tan pura y protectora, que envuelve a toda la tierra en la seguridad de sus brazos. Es la cualidad sobre la que se ha escrito desde tiempos antiguos, en todos los mitos a través de las eras – es la esencia del héroe.

Este héroe es un hombre humano, sin superpoderes, excepto por su corazón puro, su integridad, su sabiduría y valentía, y el código de honor grabado en su propio ser.

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Enfrentamiento de género.

Esta semana me he puesto delante un montón de… ¿Cómo llamarlo? “Odio” es demasiado fuerte. “Enfrentamiento” es la palabra que más se acerca. Enfrentamiento de género. Desde el autobús naranja de marras que todos conocéis, hasta un video en el que una mujer culpaba a los hombres de la violencia de género y les exigía que, ya que ellos la generan, que lo arreglen entonces ellos.

Para mí todo esto es un síntoma. Un síntoma de un rechazo generalizado hacia lo femenino. No se le considera ni se le tiene en cuenta. Y esto se personaliza en la mujer, que es quien lo encarna en este momento.

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Receptividad versus exigencia.

Hoy, en “femenino revenío” hablaremos de “receptividad versus exigencia”.  (A veces me siento como Coco en Barrio Sésamo).

Una de las cualidades típicas de lo femenino es la receptividad.  Insisto “güanmortaim”: cuando hablo de “femenino” no estoy hablando sólo de las mujeres.  “Femenino” y receptivo tenemos todos.  Y, cuando esa cualidad se “reviene”, pasamos a su cara B: la exigencia.

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¡Y una leche, libres!

Reconozco que me engorilo mucho a veces.  Y que, cuando me toco las narices a través del prójimo, muchas veces me sale esta vena “Bruce Lee yendo al baño” porque me doy cuenta de que no soy nada libre.  Pero nada de nada.  ¿Libre?  ¡Y una, leche, libre!

(Mira que he visto veces este doblaje de Bruce Lee de “El Informal”, pero lo de “¡una leche corten!” siempre me hace reír).

Esta vez el detonante ha sido la vestimenta de hombres y mujeres, a raíz de las campanadas de Nochevieja y las posteriores críticas al vestido de “la Predroche”.

Si me fijo, en los programas de TV más “informales”, los hombres pueden salir con camiseta o camisa y unos vaqueros, con un look bastante natural: el maquillaje justo para no dar brillo en cámara y calculadamente despeinados, muy monos ellos.  Pero las mujeres tienen que salir con tacones imposibles y pintadas como puertas.  Y, si no pasan por ese aro…  ¿Qué pasa si no pasan por ese aro?  Que no salen.  Tan fácil como eso.

Eso no es igualitario, al menos desde mi punto de vista.

El día en que un hombre pueda salir a presentar las campanadas con un traje de lentejuelas y la mujer con traje chaqueta, a lo mejor seremos libres;  no ya iguales, sino libres.  Libres de ponernos lo que nos dé la santísima gana.  Libres de no tener que pasar dos horas por chapa y pintura porque si no, nos estamos presentables ni “arregladas”.  ¿Acaso estamos rotas que tenemos que “arreglarnos” para salir a escena?  Libres de no tener que sufrir la tortura de unos tacones ni la incomodidad de ciertas indumentarias.

El día que salgan “un Pedroche” y “una Chicote” a dar las campanadas, habremos superado un poco más la diferencia de género que todavía está grabada a fuego en nuestra cultura y en nuestra creencia.

No es lógico que un hombre tenga que ir a una boda en agosto con camisa, chaqueta y corbata, cuando están cayendo cuarenta grados a la sombra.  Ni tampoco que una mujer tenga que ir a una fiesta de cotillón en minifalda y tirantitos mientras cae una helada del quince.

¿Libres?  ¡Y una leche, libres!  Estamos tan condicionados que ni lo vemos.

Las serpientes del logo

Os quiero contar el porqué de las serpientes del logo de El Bosque Mágico.

De paso, os felicito el solsticio.

Y como colofón, voy practicando con la webcam que me acabo de instalar para poder atenderos por skype si es menester…  😉  La calidad es un poco cutre de momento, sorry, pero por algo hay que empezar.

Cuando creas un proyecto, tienes que darle un nombre.  Es como cuando nos dan nombre a nosotros: con ese nombre reconoces que el proyecto “ha nacido”.  En el caso de “empresas” y similares, además del nombre necesitas darle un logotipo; un logo (“letras que representan el nombre de una empresa” en su etimología) para utilizar como imagen de perfil en las redes sociales, en las tarjetas de visita, etc.

No se me ocurría nada.

Pero nada de nada.

Una noche, con los Registros abiertos, me vinieron las serpientes “a visitar”, empecé a buscar imágenes con serpientes en internet y me acabé decantando por el Auryn que ahora mismo aparece como distintivo del Bosque Mágico.

las serpientes del logo

Fue una elección por pura resonancia, sin lógica aparente.  Pero después ha ido tomando sentido.

Resueno muchísimo con las serpientes como símbolo, son muy avaloneras.  En el libro “Las Nieblas de Ávalon” los iniciados en la isla de cristal se reconocían por las serpientes tatuadas en las muñecas.

Crecimiento personal y relación femenino-masculino.

Representan para mí la energía (se mueven como la típica onda electromagnética, de forma sinusoidal) y el crecimiento (deben dejar su piel atrás para crecer).  Entre otras cosas.

Y, dentro de esos dos significados, en el Auryn tenemos dos serpientes: una dorada, a la derecha y otra plateada, a la izquierda.

Para mí, la serpiente dorada significa la energía masculina, solar, ascendente (y en la parte derecha); y la serpiente plateada significa la energía femenina, lunar, descendente (en la parte izquierda).

Ambas entrelazadas y surgiendo la una de la otra (o engulléndose la una a la otra).  Es algo parecido al famoso símbolo yin/yang pero en versión serpentil.  😉

Rematando la jugada, sus cuerpos esbozan el símbolo del infinito y, a la vez, todo parece contenido en un círculo.

¿Se puede pedir más?  Es perfecto para simbolizar una de las misiones de este Bosque Mágico, orientada a la sanación de la relación entre masculino y femenino.

 

El misterio y la aventura de las relaciones.

El otro día vi un par de documentales en La2 (concretamente en “La Noche Temática”) que me dejaron un poco en shock.  Uno iba sobre la minifalda y el otro sobre la aparentemente universal fascinación de las mujeres hacia los zapatos.

Los caminos de mi mente son inexcrutables (vamos, que no los entiende ni dios) y ambos dos documentales me llevaron a la reflexión que a acontinuación os comparto.

: (dos puntos)

Lo femenino es misterioso y lo masculino aventurero.  (Y tan ancha que me he quedado).

Y, como siempre, no estoy hablando exclusivamente de mujeres cuando hablo de “femenino” ni exclusivamente de hombres cuando hablo de “masculino”.  Sólo estoy describiendo facetas de ambas energías.

El misterio

Lo femenino es lo oculto, lo oscuro, la cueva.  La noche, la Luna.  Es una energía estática, magnética.

Biológicamente, llevamos nuestros componentes sexuales “por dentro”.  (Aparte de que no hay quien nos entienda).  Vamos, que sería “lo misterioso”.  En su versión “revenía” podríamos hablar también de “morbo”.  Y la tentación, por su puesto.  (Gracias, Eva).

Y ya, si nos ponemos un velo…  Rematamos la jugada del misterio.  Que se nos vean los ojos nada más.  Para eso nos pintamos los ojos como mapaches, para resaltarlos.  Un día de estos inventarán unas pestañas postizas que  obligarán a ir al gimnasio y levantar pesas con los párpados antes de ponérselas pero, una vez las domines… ¡Imagina la seducción y el misterio!   (Esguinces de párpado aparte).

Casi todas las grandes divas del cine clásico tenían algo de misterioso.

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Las vírgenes por lo general no se aparecen en mitad de la plaza del pueblo, o en el lineal de lácteos del Mercadona.  No ¿verdad?  Se aparecen el lugares recónditos.  Y muchas veces, cerca de cuevas.  (Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva).  Que la cueva es muy de femenino también.  Suelen aparecerse en plena naturaleza, en lugares poco transitados, en lugares Sagrados (quédate con la copla).  Lo Sagrado tiene que ver mucho con lo femenino también (por aquello del grial, que tiene forma de copa como muestro aparato reproductor).

Además, culturalmente no tenemos un buen concepto de lo femenino “ofrecío”. (De esto me he dado cuenta mientras escribía).

La cara oculta de este misterio o de tanto ocultamiento puede ser encierro la cárcel o incluso la locura (acabo de entender que la carta del tarot de La Luna indique cárcel).

Proteger algo puede derivar fácilmente (y si se te va la pinza), en encerrarlo para siempre, para que no le pase nada (una madre sobreprotectora puede tiener un efecto devastador).

La aventura.

Lo masculino por otra parte es lo luminoso, clarito, sencillo, se ve (genitales por fuera).  Es el día, el Sol, el rayo, el movimiento, el descubrimiento, el buscar nuevos territorios… Lo que viene siendo la aventura.  Es una energía dinámica, eléctrica.

Si lo femenino es la cueva (y los manantiales también, no me digas por qué, pero piensa mal y acertarás); lo masculino es la montaña.  Que lo femenino siempre piensa qué coño se le habrá perdido a nadie en la cima del Everest (¿que no tienen casa?); pero lo masculino, si no sube hasta la cima, revienta.

Ese afán tan masculino (repito, no es patrimonio exclusivo de los hombres) de explorar y de ir más allá, nos ha hecho llegar a América, aprender a hacer transplantes de corazón, encontrar la vacuna de la viruela e incluso ir a la Luna.  (Entre otras cosas).  Pero también nos ha llevado a crear armas nucleares y a dejar nuestro planeta hecho unos zorros.

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Las relaciones

Esta simplificación misterio-aventura nos permite entender algunas formas de relacionarnos.

Por ejemplo:  eso tan tópico de que al hombre le mola la consquista pero, cuando ha conquistado el territorio (a la dama en la versión relacional del tema), pierde el interés.  Y entonces tiene que conquistar a otra, y a otra, y a otra…  Y nunca es suficiente.  El síndrome de Don Juan.  Lo mismo se aplica a mujeres con un lado masculino muy activo.

Ese afán explorador se “reviene” cuando se convierte en “conquistador”.  A la fuerza, me refiero.  En cuestiones territoriales sería una conquista como la de Norteamérica: puliéndose a todo indio que estorbase, extinguiendo búfalos y sin respetar nada de lo que se encuentra.  En cuestión relacional, podría ser un coquistador (o conquistadora) compulsivo o un violador (o violadora).  El de la conquista a la depredación.

También esto de la exploración explicaría esa atracción de algunos por las chicas vírgenes, por aquello de poner los pies (bueno, no precisamente los pies) donde nadie más lo ha hecho.

El lado femenino “revenío” podría ser perfectamente lo que se conoce como “loca del coño”.  (Perdonadme, pero no conozco un término médico ni científico para denominarlo, así que recurro al chascarrillo popular).  Una de estas que te monta el pollo tomatero por cualquier cosa y, a la pregunta asustada del masculino (que no entiende nada) sobre la razón, suelta aquello de “pues tú sabrás”.

Y ¿qué hacemos con esto?

Llevamos ya demasiado tiempo con esto de la guerra de sexo.  ¿No es tiempo ya de firmar un armisticio?

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Tendemos a encasillarnos y a parapetarnos en nuestro género y en cómo es nuestro género.  Nos escudamos y excusamos en el “es que los hombres son así” o “es quelas mujeres son asao”.  Hacemos piña porque mola tener la razón (y porque entre nostros nos entendemos). Es una tendencia natural del ser humano: buscar a aquellos que te den la razón: si eres del atleti, buscas atléticos (salvo para armar bronca o meterte con otros).  Si eres de derechas, buscarás a los que piensen como tú.  Es algo que hacemos.

Las mujeres nos reunimos para ponerles a caldo a ellos y apoyarnos unas otras (porque “es lo que hay que hacer”) y, pobrecillos, ni les preguntamos cómo se sienten o qué coño les pasa.  Y a la mínima…. ¡¡ ZAS !!  Le castramos.  A mala leche.  Inconsciente muchas veces, pero a mala leche.  En lugar de honrar esa parte suya tan exploradora y buscadora de lo nuevo.

Otro tanto ellos (imagino), que simplemente aceptan que las mujeres “estamos como cabras” y que no hay quien nos entienda.  Se topan con frustraciones varias sin entender nada y bueno… No sé qué harán con ellas (las frustraciones) porque en esta vida no soy tío.

Y digo yo: ¿no será más fácil si lo hablamos?  ¿Y si nos escuchamos tranquilamente unos a otros y compartimos lo que sentimos?  Sólo conociéndonos mejor podremos honrarnos.  Tanto en nuestra parte femenina como masculina.  Lo mismo así dejamos de hacernos tanto la puñeta y empezamos a potenciarnos en lugar de boicotearnos.

Honrar las diferencias.

No somos iguales.  Nuestros cuerpos no son iguales.  Nuestras hormonas no son iguales.  Las energías masculina y femenina tampoco son iguales.  Muchos estamos en el tema de la integración, de la trascendencia… Creo que, para lograrlo, hay que hacer algo con estas dos enegías: hay que re-conocerlas para recolocarlas y honrarlas en nostros.  Sólo así podremos transcenderlas.  Al fin y al cabo, es una forma de trascender la dualidad.

Molaría, ¿verdad?  Pues estamos “trabajando en ello”.  Permanece atento.  Y, si no lo has hecho ya, aprovecha y suscríbete a nuestros eventos para que te enteres el primero (o la primera) de charlas y talleres que daremos sobre esto.  Sólo tienes que hacer clic aquí y dejarnos tus datos, te avisaremos por email de todo lo que organicemos.

 

 

 

 

 

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Príncipes azules y dónde encontrarlos.

Podría ser el título de la nueva peli inspirada en la saga de Harry Potter… Total, son casi tan esquivos como los animales fantásticos.  😉

Saber quién es tu príncipe azul con todo lujo de detalles, debería darte las pistas que necesitas para averiguar dónde encontrarle.  ¿Verdad?  Se supone…

Y aún así, casi todas somos conscientes de que, respecto a nuestro príncipe azul, lo más posible es que terminemos tal que así:

 

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